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Marlena: «Un artista no puede vivir de lo que se va a hacer viral; nuestra libertad está en mantener la esencia»

Ana Legazpi y Carolina Moyano, Marlena, atienden a Forbes Women justo antes de su último concierto. Con ellas charlamos de cómo romper techos, empoderamiento femenino… y ¡hasta de música!

Carolina Moyano, guitarra, y Ana Legazpi, voz, integrantes de Marlena, actúan durante el Vibra Mahou Fest de León
Carolina Moyano, guitarra, y Ana Legazpi, voz, integrantes de Marlena, actúan durante el Vibra Mahou Fest de León

El pasado 26 de abril, la ciudad de León vibró con el Vibra Mahou Fest, un evento que colgó el anhelado cartel de Sold Out y congregó a 2.500 personas dispuestas a disfrutar de la música en directo. Entre un cartel que brilló con talento local y nacional —con nombres como Naked Eva, Carencias Afectivas, Barry B, Sanguijuelas del Guadiana o Alcalá Norte—, destacó la energía arrolladora de Marlena.

Ana Legazpi y Carolina Moyano, las almas detrás del dúo, nos reciben en el backstage para hablar, en exclusiva para Forbes Women, sobre liderazgo femenino, la responsabilidad de ser un altavoz para su generación, cómo enfrentarse a la industria musical y las decisiones más arriesgadas que las han llevado a acumular discos de platino.

Ana Legazpi, se bajó del escenario del Vibra Mahou Fest, para cantar con sus fans

En Forbes Women hablamos mucho del mundo del liderazgo. ¿En qué momento dejasteis de sentiros “dos artistas que hacen su propia música” para empezar a sentiros como auténticas CEOs y empoderadas de vuestro propio proyecto?

Es una muy buena pregunta. Creemos que ese momento está siendo mucho este año y el anterior, cuando hemos formado oficialmente nuestra empresa, Marlena Down The Road, de la que somos socias. Te vas dando cuenta, año a año y gira a gira, de que vas incorporando más equipo, haciendo más piña y teniendo a más gente a tu cargo peleando por el proyecto. También nos peleamos nosotras mucho para que nuestro proyecto brille, porque sabemos que hay muchísima cantidad de artistas y de contenido ahí fuera; hay que pelearse. Ese carácter lo hemos ido sacando poco a poco y la verdad es que nos va empoderando.

Este mundo es una auténtica montaña rusa. ¿Cuál ha sido la decisión más arriesgada que habéis tomado y que al final ha resultado ser una gran victoria?

Sin duda, cambiar el nombre en 2020 de Wika a Marlena. Y también empezar a componer sobre experiencias propias y súper personales, tratándolo casi como un diario. Fue tirarnos a la piscina a ver qué pasaba, un poco con los ojos cerrados. Algo salió bien, tuvimos un buen equipo y fuimos hacia adelante siempre bien rodeadas. Arriesgarte en equipo es una maravilla.

En la fase de artista hay varias partes: composición, escenario, encuentros con los fans… ¿Cuál es la que más os apasiona o saca otra personalidad de vosotras?

El escenario. Seguramente todo el mundo te diga lo mismo, pero componiendo somos muy tímidas. En el escenario es como que nos sacamos una capa, nos convertimos y se nos va un poco la olla. El hecho de que te escuchen y que canten tus canciones es algo que te hace venirte muchísimo más arriba, lo flipas.

Ana Legazpi, frontwoman de Marlena, al comienzo del concierto en el Vibra Mahou Fest

¿Qué lección le daríais a las Ana y Carol de hace años, de cuando empezasteis en los talent shows?

Que no escuchen a nadie que las quiera herir. Que tengan paciencia y que no se comparen con los de alrededor, porque psicológicamente vas a salir perdiendo para nada. Cada uno tiene su proyecto, somos distintos y aquí cabemos todos.

Esa ‘Victoria’ suena un poco a liberación. Al escribir de forma tan personal, ¿qué cadenas os habéis quitado al componer? ¿Y alguna vez os habéis sentido demasiado expuestas por esa honestidad?

A la hora de desfogar las emociones componiendo, sentimos una libertad alucinante, aunque también conlleva una responsabilidad sobre cómo expresas las cosas. Es muy liberador saber mantener nuestra esencia, ser naturales y saber decir que no cuando no estamos convencidas. En cuanto a la exposición, cuando estás en casa escribiendo no te das cuenta de lo que estás diciendo, pero el día antes de que salga la canción, nos rayamos muchísimo, no te lo puedes ni imaginar. Esa exposición es un arma de doble filo: si se usa bien es estupendo, pero si se usa mal, te hunde.

Hablando del sonido y de mantener la esencia … Con la presión de la industria de buscar sonidos específicos, ¿cómo lográis evolucionar sin perder el toque orgánico de la banda?

Lo hacemos intentando cuadrar siempre entre las dos para buscar un sonido con el que estemos a gusto. En algún momento nos hemos dejado llevar mucho por las modas, por lo que nos decían de que «esto tiene que entrar en radio» o «tiene que tener sonido de TikTok». Pero llega un punto en que eso no eres tú. Un artista no puede vivir de lo que se va a hacer viral en algún lado. Cuando cerramos el capítulo de intentar hacer cosas para redes sociales, nos quedamos muy tranquilas. No puedes hacer solo los 15 segundos perfectos para TikTok y no pararte a pensar en la letra, porque luego escuchas la canción entera en las plataformas y dices: «qué canción de mierda».

Ana Legazpi y Carolina Moyano, Marlena, demostrando su fuerza y calidad musical en el Vibra Mahou Fest

Tenéis una conexión brutal con vuestro público. Vuestros temas son un refugio para muchas mujeres jóvenes; viendo las redes, parece que no es solo fenómeno fan, sino casi militancia. ¿Cómo se gestiona esa responsabilidad?

Cada vez combinamos más tipos de público: tenemos a gente muy militante, muy fan, y a gente a la que simplemente le encanta la música, se para a escuchar las letras y se da cuenta de que también le han pasado esas mismas cosas. A eso es a lo que aspira cualquier artista, a que las canciones formen parte de la vida de su público. Creemos que cantar desde la naturalidad a las mujeres, o cantar las historias de la vida de Ana, es lo que hace que el público conecte en el minuto uno.

Voy con una pregunta un poco más polémica: el techo de cristal para las mujeres en festivales y en la industria musical.

Nosotras tenemos la suerte de estar dentro del circuito de festivales, donde hay determinados momentos en los que no hay absolutamente ni una mujer en el cartel. Solo tenemos compañeros hombres, que son estupendos y maravillosos. Pero estar ahí dentro nos da el poder de hablar por las mujeres y decir que hace falta más presencia femenina. Hay muchísimo talento muy desconocido. A nosotras, desde que se nos dio la oportunidad, nos ha ido para bien y a la gente le gusta, así que, ¿por qué no se dan más oportunidades y se rompe ese techito de cristal?. Hace falta que tanto promotores como las propias bandas de mujeres le cojan menos miedo a subirse al escenario.

Para terminar, contadnos algo que no sepamos de Marlena. Alguna habilidad secreta, anécdota o curiosidad que nunca os hayan preguntado y os molaría compartir.

Te contaríamos la curiosidad de Me sabe mal. Fue una canción compuesta entre cuatro paredes durante el confinamiento de 2020 y, sinceramente, era la canción que más odiábamos. Cuando tuvimos la prueba con la oficina para ver si nos fichaban, la canción ni siquiera estaba acabada, pero fue la que más gustó. Nosotras insistíamos en salir primero con Gitana, pero la oficina apostó por Me sabe mal. Hoy tiene cuatro discos de platino y nos callaron un poco la boca. Antes te decíamos que no escuches a nadie, ¡pero a veces sí hay que escuchar!.

Terminada la entrevista, en un aparte, y ya cuando casi las están coreando para saltar al escenario del Vibra Mahou Fest nos desvelan, siempre con una sonrisa, dos curiosidades para los muy cafeteros de Marlena: una es un absoluto desastre cocinando, se le quema hasta la ensalada, pero se le da muy bien jugar al pádel, porque se lo inculcaron de pequeñita, y la otra es una completa adicta al ASMR. ¿Sabrías reconocer de quién -Ana o Carolina- es cada una de estas facetas?

Toda la banda de Marlena se despide del Vibra Mahou Fest

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