Hay proyectos que no se limitan a presentarse: irrumpen. Glass Handel es uno de ellos. No es exactamente una ópera, ni tampoco una performance al uso. Es, más bien, una conversación entre siglos, disciplinas y sensibilidades que encuentra en Madrid un nuevo escenario para desplegarse.
El Teatro Real ha acogido esta semana la presentación de esta pieza concebida por Visionaire, el influyente laboratorio creativo fundado por Cecilia Dean y James Kaliardos, junto al contratenor Anthony Roth Costanzo, una de las voces más singulares de la escena lírica actual. El resultado es una obra que tensiona los límites de la ópera tradicional para abrirla hacia un territorio híbrido donde la música, el movimiento y la imagen dialogan en igualdad de condiciones.

En el centro del proyecto está la propia partitura: un tejido sonoro que entrelaza las composiciones minimalistas de Philip Glass con la intensidad barroca de George Frideric Handel. Dos universos aparentemente opuestos que aquí se funden con naturalidad, generando una experiencia que oscila entre lo hipnótico y lo emocional.
Pero Glass Handel no se escucha únicamente: se ve, se siente y se interpreta físicamente. La coreógrafa Pam Tanowitz construye un lenguaje corporal que acompaña –y a veces contradice– la música, mientras que la producción de Cath Brittan articula un espacio escénico donde todo está pensado para provocar una percepción expandida del espectáculo.
Y luego está la moda. Porque en este proyecto, el vestuario no es un complemento, sino un elemento narrativo en sí mismo. Diseñado por Raf Simons, aporta una dimensión estética contemporánea que conecta la tradición operística con el lenguaje visual actual, reforzando esa idea de ópera como territorio en constante transformación.

La llegada de Glass Handel a Madrid no es casual. Tras su paso por ciudades como Nueva York, Filadelfia o Londres –y su presentación en la Ópera Garnier de París–, el proyecto se consolida como una de las propuestas más relevantes dentro de la nueva escena lírica internacional.
En esta ocasión, la obra se ha presentado en el marco de Bloomberg CityLab, en un pase único por invitación que ha reunido a representantes institucionales, líderes en innovación urbana y figuras clave de los sectores cultural y creativo. Un contexto que subraya el carácter transversal del proyecto: no solo como pieza artística, sino como reflexión sobre cómo se construyen hoy las experiencias culturales.
Porque eso es, en el fondo, Glass Handel: una pregunta abierta sobre el futuro de la ópera. Una propuesta que no busca reemplazar lo clásico, sino expandirlo. Y que demuestra que, incluso en un género con siglos de historia, todavía hay espacio para lo inesperado.

