La casa volvió a la costa donde empezó todo, a Biarritz. Allí donde Gabrielle Chanel abrió su casa de costura y cambió para siempre la manera de vestir a las mujeres, Matthieu Blazy firmó su primer desfile Crucero para la maison con una propuesta que mezcla historia, libertad y un nuevo folclore contemporáneo.
El salón se desliza hacia la playa
El escenario —entre arquitectura Art Déco y brisa atlántica— marcó el tono desde el primer look: el vestido negro de 1926 reapareció como apertura del desfile, reinterpretado con precisión casi arqueológica y convertido en símbolo de continuidad. No era nostalgia, sino una forma de recordar que la revolución de Chanel siempre nació de lo cotidiano.
La colección se movió con la naturalidad de unas vacaciones largas: prendas pensadas para vestirse y desvestirse con facilidad, tejidos que acompañan el movimiento y siluetas que respiran. El jersey, la lona lavada, las sedas fluidas y los tweeds elásticos dibujaron un armario en perpetuo tránsito entre el mar y el salón.
Un nuevo folclore Chanel
Blazy imaginó la costa vasca como un territorio donde desaparecen las jerarquías del vestir. Uniformes de marinero, marinières, bleu de travail y vestidos de noche convivieron sin fricciones. El resultado fue un equilibrio seductor entre rigor y fantasía: lo práctico se volvió sofisticado y lo elegante, sorprendentemente relajado.
Las rayas marineras recorrieron la colección como hilo conductor, mientras las lentejuelas en forma de escamas, las rafias crujientes y los puntos bordados evocaron la vida marina con un guiño casi mítico: la sirena como metáfora de libertad.






Accesorios para viajar sin destino
Los complementos reforzaron la narrativa del viaje: desde pequeños bolsos tipo valise hasta grandes bolsas de playa a rayas, pasando por flap bags impermeables y joyería inspirada en conchas y perlas. El calzado osciló entre tacones Art Déco y soluciones casi descalzas, como si cada look pudiera terminar en la arena.
Más que un desfile, la propuesta fue una declaración de principios: moda pensada para moverse, vivir y respirar. En Biarritz, Chanel recordó que su mayor legado sigue siendo el mismo: no hay belleza sin libertad del cuerpo. Y esta colección, ligera y precisa, pareció diseñada exactamente para eso.







