La forma de vestir comunica y deja huella. A través de ella se forman opiniones sobre las diferentes personas y se puede llegar a intuir parte de la personalidad de cada uno. Sin embargo, la moda está directamente ligada a las tendencias que, si se siguen sin tener en cuenta el estilo propio, pueden llevar a una pérdida de esencia. Por eso, resulta pertinente que cada persona se entienda a sí misma para ser capaz de mostrar esa visión tan propia en su forma de vestir, adaptando las tendencias, nuevos patrones e ideas a su identidad.
A pesar de los cambios en la sociedad y en la forma de vestir, resulta impresionante observar cómo muchos iconos de la moda han trascendido el tiempo y han conseguido mantener su estatus con el paso de los años. Al igual que la vestimenta forma parte de la identidad individual, en el cine y en las series su valor es fundamental, ya que contribuye a construir personajes que permanecen en la memoria colectiva. Además, hay figuras que han sido recordadas a lo largo del tiempo precisamente por ello, como, por ejemplo, Miranda Priestly o Carrie Bradshaw.
Son personajes icónicos que han marcado a varias generaciones por su forma de vestir. Con el paso del tiempo, no han quedado atrás, sino que han sido adoptados por las nuevas generaciones como referentes de moda. El Diablo viste de Prada se estrenó en 2006 y, casi dos décadas después, continúa siendo una de las películas más influyentes en el ámbito de la moda. Por eso, se estrena hoy la secuela de dicha película. Por su parte, Sexo en Nueva York comenzó a emitirse en 1998 y sigue siendo objeto de conversación en la actualidad; tanto es así que su última película se estrenó en 2010.
Debido a su trascendencia, no pasa desapercibido fijarse y aprender sobre la estilista que ha estado detrás de todo esto. La diseñadora de vestuario Patricia Field (Nueva York, 1941) ha sido la encargada de los looks de estas producciones tan icónicas en el mundo de la moda.
Por eso, se ha consolidado como un icono de la moda. Siempre se ha definido a sí misma como estilista y como parte activa de la escena cultural y LGBTIQ+ de su ciudad, Nueva York, donde ha desarrollado gran parte de su trayectoria.
Los inicios de Patricia Field
Sus inicios se remontan a 1966, cuando, con tan solo 24 años, abrió una pequeña tienda impulsada por la ilusión de hacerse un hueco en el sector. Desde el principio, su objetivo no fue únicamente vender ropa, sino crear un espacio con identidad propia, apostando por rodearse de personas capaces de generar un ambiente creativo y diverso.
A lo largo de su carrera, Field se ha nutrido de todo lo que Nueva York podía ofrecer, no solo en términos de moda, sino también a nivel humano. Entre sus círculos más cercanos se encontraban figuras como Deborah Harry o Jean-Michel Basquiat. Habitual de la escena nocturna durante las décadas de los 70 y 80, su tienda terminó convirtiéndose, casi sin pretenderlo, en un espacio seguro para la comunidad trans y drag de la ciudad.
Una tienda que continuó abierta hasta febrero de 2016. Después, la estilista empezó un nuevo espacio, Patricia Field ART Fashion Gallery, concebido como una galería desde la que continúa vendiendo y promoviendo la moda que le interesa, apostando tanto por diseñadores emergentes como consolidados que trabajan con producciones limitadas.
El interés que despierta su figura ha llevado a que muchos se acerquen a conocer su trayectoria. Fruto de ello, publicó sus memorias bajo el título Pat in the City: My Life of Fashion, Style and Breaking All the Rules, donde repasa su vida y su manera de entender la moda.
El Diablo viste de Prada y Sexo en Nueva York
En cuanto a su trabajo en Sexo en Nueva York, Field nunca imaginó la repercusión que tendría en su vida. Su incorporación al proyecto se produjo gracias a Sarah Jessica Parker, protagonista de la serie.
Años después, en 2007, logró una nominación al Oscar por su trabajo en El Diablo viste de Prada. Detrás de los estilismos de la película se encuentra una figura tan reconocible como su propio trabajo. Su estilo personal, a menudo comparado con el de Vivienne Westwood, se caracteriza por una estética llamativa e inquebrantable: melena roja, gafas de carey, guantes de cuero sin dedos, estampados animales, cadenas y sombreros tipo pescador, acompañados casi siempre de un cigarro entre los dedos.
Original, transgresora e incombustible, Field continúa al frente de su galería en Nueva York, donde sigue siendo una figura clave no solo en la moda y el cine, sino también en la vida cultural y social de la ciudad.
Su trayectoria y personalidad quedan reflejadas en el documental Happy Clothes: A Film About Patricia Field, dirigido por Michael Selditch. La película, presentada en el Festival de Cine de Tribeca y proyectada en el festival Moritz Feed Dog de Barcelona, muestra tanto su proceso creativo como su día a día junto a su equipo. En ella se destaca su rechazo a las normas establecidas de la moda y su manera intuitiva de trabajar.
A pesar de su reconocimiento, incluido un Emmy por Sexo en Nueva York y nominaciones al Oscar y al BAFTA, Field nunca se sintió cómoda siendo considerada un icono. Según relata el propio Selditch, en un primer momento rechazó participar en el documental por no querer estar en el centro de atención. Sin embargo, tras un tiempo, accedió al proyecto.
Hija de padre armenio y madre griega, criada en Queens y formada en filosofía, decidió no continuar con el negocio familiar de tintorería para emprender su propio camino en la moda.
Su filosofía estética se basa en el uso del color y en la combinación de elementos inesperados, como ha hecho de manera más reciente en la serie ‘Emily en París’. Frente a lo que considera una moda actual “deprimente”, defiende una “ropa feliz” que refleje su propia actitud. Para ella, la clave está en mezclar piezas de alta costura con otras más accesibles, guiándose por la armonía cromática más que por las normas establecidas.
Tal y como ella misma señala, no cree en reglas fijas: su forma de trabajar parte de lo que le hace sentir bien, tanto a ella como a quien viste sus diseños. Esa libertad creativa es, precisamente, una de las claves que explican su impacto en la industria.
Además, su método creativo pone el foco en la relación entre el personaje y el actor. Según el propio Selditch, Field considera que el vestuario cambia en función de quién interpreta el papel, lo que añade una dimensión única a su trabajo. No en vano, una de sus máximas resume su visión de la moda: el mejor accesorio para cualquier ‘look’ es la confianza.

