La joven editorial Almayer vuelve a la carga con un título diferente: Cartas a un joven navegante, de Pierre Mathiote. Pese a su título, este relato se acerca más a la visión del mar como forma de vida que al del manual de navegación al uso. No hay cartografías, derroteros ni instrucciones de a bordo, sino una acumulación de experiencias y elecciones personales que seguro que ayudan a otros navegantes a definir su camino.
Mathiote escribe desde una mirada humanista, con un tono cercano y reposado. Su interés no reside en dar un curso de maniobras, sino que el tono es mucho más filosófico: aceptar la incomodidad intrínseca que tiene el navegar, la soledad elegida y la necesidad de decidir por uno mismo. En ese planteamiento reside buena parte de la fuerza del libro, que plantea preguntas tan sencillas como decisivas: ¿zarpar solo o acompañado?, ¿qué buscamos realmente cuando soltamos amarras?
Uno de los méritos de la obra es precisamente su capacidad para combinar una prosa accesible con una densidad de ideas muy de agradecer en la literatura náutica. La lectura es fluida, pero las reflexiones son constantes: sobre la libertad, la autenticidad, el aprendizaje continuo… No es un libro para leer deprisa ni para devorar como un texto técnico; es un libro para subrayar, detenerse y releer cuando sea menester.

