De este modo, la aplicación del IoT a la educación permite la recopilación y el análisis de datos en tiempo real, facilitando una mayor personalización de los itinerarios de aprendizaje.
Mediante el análisis de las interacciones con contenidos y herramientas digitales, los sistemas pueden adaptar los materiales y el ritmo de aprendizaje a las necesidades de cada estudiante, con un impacto medible en los resultados, especialmente en asignaturas científicas, según han apuntado desde 1NCE.
Asimismo, la proliferación de dispositivos conectados permite a las instituciones educativas mejorar significativamente la gestión de recursos.
El monitoreo continuo de la asistencia, el uso del espacio y el equipamiento permite una planificación optimizada y decisiones más informadas, reduciendo las ineficiencias operativas y la carga administrativa.
Gracias a los sensores que ajustan automáticamente la iluminación, la calefacción y el aire acondicionado en función del uso real del espacio, los edificios escolares pueden reducir el consumo energético hasta en un 25% o 30%, contribuyendo a los objetivos de sostenibilidad y al control de costes, han añadido desde 1NCE.

