La frontera entre los grandes veleros y los megayates a motor es cada vez más difusa. El nuevo Proyecto A100, desarrollado por Van Geest Design junto a Rob Doyle Design, lleva esa idea hasta un territorio inexplorado: un velero de 100 metros concebido para ofrecer el espacio, el confort y la vida a bordo de un superyate de motor sin renunciar a la navegación a vela. El resultado es un concepto radical, de líneas limpias y futuristas, que sitúa el volumen interior en el centro del proyecto.
Un velero concebido desde dentro hacia fuera
A primera vista, el A100 llama la atención por su silueta baja, sus superficies acristaladas y la pureza de unas líneas que apenas recuerdan a las de un velero convencional. Sin embargo, el rasgo más innovador del proyecto no está en su estética, sino en la forma en que se organiza el barco.
Van Geest Design y Rob Doyle Design han planteado una cubierta principal de manga completa, prácticamente cerrada, con pasillos laterales muy estrechos. Esta configuración libera una enorme cantidad de espacio útil en el interior y permite crear una cubierta principal con dimensiones comparables a las de un megayate a motor de tamaño similar.
La suite del armador ocupa toda la manga del barco y se sitúa en una posición privilegiada, con vistas panorámicas y una conexión visual permanente con el mar. A su alrededor se organiza un gran salón central con comedor formal, áreas de descanso y una estancia adicional concebida como biblioteca privada, sala de cine o espacio de trabajo.
Lejos de generar una sensación de encierro, la arquitectura del A100 busca precisamente lo contrario. Los amplios paneles curvos de vidrio recorren la superestructura y permiten que la luz natural invada todos los espacios, reforzando la continuidad entre interior y exterior.
La respuesta a una vieja limitación de los grandes veleros
En los grandes yates de vela existe desde hace años un problema recurrente: cuanto mayor es la eslora, más difícil resulta ofrecer un interior amplio sin comprometer la elegancia de la silueta ni las prestaciones navegando a vela. El Proyecto A100 intenta resolver esa ecuación.
El concepto se apoya en una manga generosa y en una superestructura desarrollada a toda anchura, pero evita la imagen pesada que suelen transmitir algunos grandes veleros de gran volumen. La cubierta corrida, el uso extensivo del cristal y las formas muy depuradas ayudan a mantener una imagen ligera y aerodinámica.
Según sus diseñadores, el objetivo era crear un barco capaz de competir en habitabilidad con un gran yate a motor, aunque conservando la experiencia sensorial y el atractivo de la navegación a vela. En ese sentido, el A100 representa una evolución lógica dentro de la trayectoria compartida por ambos estudios, responsables en los últimos años de proyectos como Ripple, Fury o Domus, todos ellos orientados a maximizar el espacio interior sin renunciar a un lenguaje estético muy reconocible.
Dos mástiles DynaRig para un velero de nueva generación
La propulsión del A100 se basa en un sistema de dos mástiles autoportantes con aparejo DynaRig. Se trata de la misma filosofía empleada en referentes como ‘Maltese Falcon’ o ‘Black Pearl’, aunque reinterpretada aquí para adaptarse a un casco de 100 metros y a una arquitectura mucho más centrada en el volumen.
El sistema DynaRig permite desplegar o recoger las velas mediante mecanismos automatizados integrados en los brazos rotativos del aparejo. Esto simplifica la maniobra, reduce la necesidad de una tripulación numerosa y facilita la operación de un velero de gran tamaño.
Además de mejorar la eficiencia, los dos mástiles contribuyen decisivamente a la imagen del barco. La ausencia de obenques tradicionales deja despejada la cubierta y permite mantener una estética limpia, casi escultórica, en la que los mástiles parecen emerger directamente de la superestructura.

Una cubierta superior pensada para vivir el mar
Mientras la cubierta principal concentra la vida interior, la cubierta superior se reserva para la navegación y el ocio exterior. En ella se sitúan el puente, los puestos de gobierno y varias zonas de descanso configurables.
A popa aparece uno de los espacios más atractivos del proyecto: un beach club de manga completa con acceso directo al agua. Esta zona se integra visualmente con la plataforma de baño y con las terrazas exteriores, creando una relación mucho más abierta con el entorno marino.
En proa, el A100 reserva un área específica para embarcaciones auxiliares y juguetes náuticos, que quedan discretamente integrados en la cubierta. El proyecto también prevé un amplio espacio para equipos de buceo, e-foils, motos de agua y otros elementos orientados a una navegación de larga estancia.

Un concepto que busca armador
Por el momento, el Proyecto A100 no es un barco en construcción, sino un ejercicio de diseño listo para ser desarrollado para un futuro cliente. Con 100 metros de eslora, se situaría entre los mayores veleros privados del mundo y, al mismo tiempo, entre los más ambiciosos desde el punto de vista conceptual.
Más allá de si finalmente encuentra un armador dispuesto a hacerlo realidad, el A100 confirma una tendencia cada vez más evidente en el segmento de la gran vela: los estudios ya no buscan únicamente barcos más rápidos o más espectaculares, sino yates capaces de ofrecer una experiencia de vida a bordo equiparable a la de un gran megayate, aunque conservando el silencio, la eficiencia y la emoción de navegar impulsado por el viento.

