Las mágicas noches italianas cantadas por Gianna Nannini, que se hicieron famosas en todo el mundo, ya no existen. Uno de los países con más títulos mundiales (4) ya no logra liberarse de una maldición autoimpuesta. El fútbol italiano ya no genera ingresos, ha dejado de apostar por los jóvenes y no invierte en infraestructuras de vanguardia como el resto de Europa. Y el resultado se refleja en la tristeza de millones de niños y niñas italianos, que ya no soñarán con un ídolo con el número 10 en la espalda capaz de llevar a su selección a la victoria.
La eliminación de Italia del Mundial 2026 no es solo un golpe para los aficionados y para la selección: también representa un severo impacto económico. Según estimaciones preliminares, la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) deja de ingresar alrededor de 30 millones de euros, un monto que incluye tanto los bonus de participación como los ingresos por merchandising y patrocinadores que habrían acompañado el viaje a Canadá, México y Estados Unidos.
Tres eliminaciones consecutivas, un costo creciente
La derrota ante Bosnia en los penales marca la tercera eliminación consecutiva de Italia en las fases clasificatorias del Mundial, un dato histórico y preocupante tanto en lo deportivo como en lo financiero. Para dimensionar la pérdida: el déficit previsto por la FIGC en el presupuesto 2026 era de 6,6 millones de euros, que se esperaba compensar parcialmente con los ingresos derivados de la participación en el Mundial. Ahora, ese colchón desaparece.
El impacto directo incluye los 10,5 millones de dólares (aproximadamente 9 millones de euros) que la FIFA garantiza a cada equipo participante, sumando los costos de preparación. A esto se podrían haber añadido bonificaciones por avanzar en la competición: unos 11 millones de euros por pasar a octavos y hasta 45 millones si se alcanzaban las etapas finales.
La ausencia en el Mundial también genera un efecto negativo en los patrocinadores. Adidas, que desde 2023 reemplazó a Puma como proveedor oficial, tenía un contrato por 30 millones de euros por el suministro de equipaciones. Tras la eliminación, se prevé una reducción de 9,5 millones de euros en ese contrato. Además, los ingresos por la venta de camisetas y merchandising podrían descender en torno a 10 millones de euros adicionales, sumando una pérdida significativa para la FIGC.
El efecto dominó en medios y otras actividades comerciales
La merma económica no afecta únicamente a la federación. La televisión pública italiana, Rai, había adquirido derechos por 100 millones de euros para transmitir 35 partidos, con una cláusula que permitía un descuento en caso de no clasificar Italia. DAZN, por su parte, había invertido entre 30 y 40 millones para el torneo completo. La ausencia de la selección nacional reduce el interés y, por lo tanto, los ingresos asociados a publicidad y suscripciones, impactando a toda la cadena comercial vinculada al Mundial.
La eliminación de Italia del Mundial 2026 representa un golpe económico y deportivo de gran magnitud. Entre los ingresos directos perdidos, los contratos de patrocinio afectados y la caída en el merchandising, el país deja de percibir al menos 30 millones de euros, una cifra que equivale al 22% del presupuesto anual de la FIGC. Más allá de las estadísticas, el verdadero costo se siente en la pérdida de visibilidad global, en la desmotivación de los jóvenes talentos y en la decepción de millones de aficionados.

