El sector aeronáutico español sigue reordenándose al calor del crecimiento de la inversión en defensa y la necesidad de ganar escala. En este contexto, Boost Air -el nuevo grupo surgido de la integración de Gestair, Brok-air y ATS Aviation- ha dado un paso estratégico al incorporar a Daniel García Guelbenzu como director general de su área de Defensa.
No se trata de un nombramiento más. La llegada de García Guelbenzu apunta directamente al corazón de la ambición del grupo: consolidarse como un actor relevante en un segmento donde la exigencia tecnológica, la fiabilidad operativa y las relaciones institucionales marcan la diferencia.
La compañía, impulsada por el fondo Hyperion -especializado en defensa- junto a Corporación Financiera Azuaga, nace con vocación de convertirse en el primer gran grupo aeronáutico independiente en España. Y lo hace en un momento especialmente propicio: el aumento sostenido del gasto militar en Europa y la necesidad de reforzar la autonomía estratégica están reconfigurando todo el ecosistema industrial.
En ese tablero, el perfil de García Guelbenzu encaja con precisión quirúrgica. Con más de 25 años de experiencia en el sector aeroespacial y de defensa, su trayectoria combina conocimiento técnico, capacidad de gestión y visión internacional. Durante más de una década lideró MBDA España, donde pilotó el crecimiento de la filial desde sus primeras etapas hasta consolidarla como un actor relevante en sistemas de defensa. Antes, había desarrollado su carrera en gigantes como Boeing, Airbus o GE Aviation, construyendo un perfil profundamente industrial y global.
Su incorporación llega en un momento clave para Boost Air. El grupo no solo busca ganar peso en defensa -un negocio que ya representa en torno al 20% de su actividad-, sino también posicionarse como socio industrial de referencia para las Fuerzas Armadas españolas. Para ello, necesita algo más que infraestructura: requiere credibilidad, relaciones y conocimiento del ecosistema. Justo los activos que aporta el nuevo responsable.
Desde la compañía subrayan que el objetivo pasa por reforzar capacidades en seguridad, disponibilidad operativa y autonomía estratégica, tres vectores que están marcando la agenda del sector en Europa. Pero detrás de ese discurso hay una realidad más amplia: la defensa se ha convertido en un terreno de competencia industrial donde solo sobrevivirán los grupos capaces de integrar talento, escala y especialización.
Boost Air parte con una base sólida. Opera ya en varios mercados europeos, cuenta con cerca de 900 profesionales y dispone de una red de instalaciones relevantes en puntos clave como Madrid, Málaga o Castellón. Además, mantiene una apuesta clara por la formación, con una academia propia orientada a cubrir la creciente demanda de técnicos cualificados.
El reto ahora es dar el salto cualitativo. Y ahí es donde el fichaje de García Guelbenzu cobra sentido. No solo para gestionar un área, sino para ayudar a definir el posicionamiento del grupo en un sector que está entrando en una nueva fase de consolidación y crecimiento.
Porque si algo está claro es que la defensa ya no es un negocio periférico dentro de la aviación. Es, cada vez más, uno de sus motores principales. Y Boost Air quiere estar en primera línea.

