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La cámara que vale su peso en oro

Más de 280 toneladas de lingotes dorados se custodian dentro de esta cámara inexpugnable, construida por el Banco de España hace más de 90 años.

La firma estadounidense Coffres-Forts York se encargó de realizar estas puertas acorazadas de 14 toneladas de peso. FOTOGRAFÍA CORTESÍA DEL BANCO DE ESPAÑA

Seguramente, una de las razones del éxito de la serie La Casa de Papel, aparte de su excelente guion, fue el hecho de que el espectador podía atisbar el fascinante –y algo morboso– proceso de fabricar billetes en serie. Un interés por el dinero y la riqueza que el común de los mortales también puede sentir allí donde se conservan gran parte de las reservas de oro de nuestro país, una localización que pisan cada día –sin saberlo seguramente– miles y miles de madrileños, ya que la Cámara del Oro del Banco de España se encuentra situada bajo la diosa Cibeles, a 35 metros de profundidad concretamente.

Este portento de la ingeniería y la arquitectura se construyó entre 1932 y 1936 (de hecho, se inauguró unos meses antes del comienzo de la Guerra Civil). Por entonces, el Banco de España se propuso dos nuevas ampliaciones: el Patio de Operaciones, que alberga uno de los conjuntos decorativos más destacados del art déco en Europa, y la emblemática Cámara de Oro, concebida para custodiar las reservas de oro y plata del Estado. El encargo recayó en el arquitecto de origen navarro José Yárnoz Larrosa, quien propuso dos opciones para la Cámara del Oro, saliendo ganadora la más costosa (y por extensión, la más segura). Firmó el proyecto para el gobierno republicano de Azaña y en principio se planteó que la cámara estuviese a 28 metros de profundidad (al final se situó a 35). Uno de los elementos distintivos de la Cámara son las puertas acorazadas, algunas con un peso superior a 14 toneladas, que fueron fabricadas por la firma Coffres-Forts York, empresa norteamericana que había elaborado puertas similares para la Reserva Federal, el Banco de Tokio y el Royal Bank de Canadá (a día de hoy, 90 años después, todas siguen cumpliendo su función en perfectas condiciones).

Oro puro entre aguas subterráneas

Se establecieron tres turnos de trabajo para la construcción en aquel verano de 1932 y las obras no estuvieron exentas de múltiples complicaciones. En la ubicación se encontraron aguas subterráneas, que dificultaban el aislamiento de la cámara, un metro de agua que hubo que achicar para poder trabajar y –más tarde– aislar perfectamente, con elementos que evitasen posibles filtraciones. Para conseguirlo se emplearon los materiales más avanzados de la época. Yárnoz utilizó hormigón armado con cemento fundido y soluciones técnicas de doble capa de hormigón, aplicación de productos hidrófugos y drenajes en el techo y suelo que –al parecer y hasta donde sabemos– han conseguido mantener la Cámara libre de filtraciones a lo largo de estas nueve décadas. Una de las medidas de seguridad establecidas por el arquitecto fue la creación de un sistema (un poco al estilo Indiana Jones) que permite la inundación del pozo exterior por encima del marco de la puerta de acceso. Y es que cada elemento (las puertas acorazadas, los sistemas de blindaje, el mobiliario metálico…) responde, como es de imaginar, a una lógica de protección absoluta.

El emplazamiento tiene hasta un puente corredizo que, en caso de emergencia, se recoge accionando una palanca (lo hizo también la compañía Coffres-Forts y se denomina ‘pasarela de barco’ por su similitud con el de los navíos: su estrechez solo permite el acceso de una persona cada vez, lo que supone una medida adicional de seguridad en el ingreso a la antecámara).

Yárnoz hizo un atento seguimiento de los trabajos acometidos en la Cámara del Oro: todas las dependencias, sistemas y mobiliario fueron supervisados cuidadosamente por él, incluyendo la renovación del aire, los sistemas eléctricos, las dependencias del personal de seguridad o incluso el diseño del mobiliario metálico para evitar los incendios. En total, la cámara tiene una superficie de 2.500 m2, de los cuales alrededor de mil están ocupados por los muros de hormigón. El espacio se organiza en las galerías dedicadas al acceso, las dependencias de seguridad y la cámara propiamente dicha. Curiosamente, y aunque el emplazamiento no fue pensado para ser visto, Yárnoz Larrosa no renunció a embellecer sus estancias principales con elementos decorativos similares a los empleados en el resto de la ampliación que se acometió entonces.

Su precio en oro

Inicialmente presupuestada en algo más de cinco millones de las desaparecidas pesetas, el coste ascendió a la finalización de la obra a 9.387.639 pesetas. Y esto no gustó mucho al Consejo del Banco de España, que emitió una queja por el sobrecoste. El arquitecto les contestó con un largo informe que justificaba cada desviación del presupuesto y ponía de manifiesto la intensa y arriesgada implicación del personal en la ejecución de la obra. Aunque la cámara no se puede visitar, por razones obvias, la institución ha realizado en alguna ocasión paseos privados para pequeños grupos de prensa.

Situada a 35 metros de profundidad (justo debajo de la Plaza de Cibeles), su construcción entre 1932 y 1936 (foto de abajo) supuso todo un desafío para las técnicas de la época.

El periodista económico Carlos Salas es uno de esos pocos afortunados en poder entrar: “Lo que más nos sorprendió fue que tenían un lingote de oro sobre una mesa y el guía nos dijo: ‘Quien pueda levantarlo con una sola mano, se lo lleva’. Varios lo intentaron pero era imposible porque tenía forma trapezoidal, era grande y muy pesado. Ninguna mano humana podía asirlo. Otra cosa sorprendente es que mantienen las joyas y anillos que la gente de Madrid dio durante la guerra para la causa republicana, y luego, después de la guerra, para la causa nacional. Supongo que los donantes nunca los recuperaron”, explica.

Recientemente, el Banco de España ha permitido conocer algo más de este emplazamiento único a través de una exposición en la que se mostraban dibujos a tinta china que recreaban el proceso constructivo de la cámara subterránea, así como una maqueta arquitectónica de su sección transversal, un plano de su planta general de distribución, algunas de las lámparas y piezas mobiliarias de inspiración art déco que alberga o un conjunto de fotografías de la obra ya terminada. A su vez se incluían dos dibujos técnicos, de gran escala, cedidos por el archivo de Yárnoz Larrosa, que representaban con gran detalle puertas acorazadas y trampillas de seguridad fabricadas por la firma holandesa LIPS.

Y la pregunta que todo el mundo se suele hacer: ¿cuánto oro alberga hoy esta cámara? En este terreno nos metemos en un apartado más de rumores que de datos exactos. Se dice que la cámara contiene 281 toneladas de oro; de hecho, la institución reconoció en un informe de 2020 que disponía de una reserva de 9 millones de onzas troy de oro (que vienen a ser como 283 toneladas). Con una onza de oro desatada que cotiza a más de 4.400 euros (en algunos mercados de futuros ha superado los 5.000), hagan ustedes sus propias cuentas.

Fotografía cortesía del Banco de España

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