Opinión Jesús Mardomingo

700+: Iberoamérica, ahora o nunca

De 500+ a 700+: Por qué la mayor red de ciudades históricas del mundo puede convertirse en una de las ventajas competitivas decisivas del siglo XXI.

NASA/ Reid Wiseman. El astronauta de la NASA y comandante de la misión Artemis II, Reid Wiseman, tomó esta fotografía de la Tierra desde la ventanilla de la nave espacial Orión tras completar la maniobra de inyección translunar. Se observan dos auroras (arriba a la derecha y abajo a la izquierda) y la luz zodiacal (abajo a la derecha) mientras la Tierra eclipsa al Sol. También se observa el Océano Atlántico y la Península Ibérica.

Banda sonora para la lectura: Gustavo Santaolalla — Iguazú

Vivimos una semana que resume el tiempo que nos toca vivir. La exploración espacial recuerda que la cooperación acelera lo que parecía imposible. Celebraremos los 100 días de cómo “extraer” con sobornos a un dictador y dejar instalada bajo su mando a la misma dictadura. Los conflictos armados y determinadas decisiones judiciales se ocuparán de reordenar prioridades. Y los foros económicos regionales como la CEPAL constatarán una verdad incómoda: el mundo avanza hacia 2030 sin haber cumplido las promesas que se hizo a sí mismo.

No es una crisis puntual. Es un cambio de fase, y como en todo cambio de fase, quienes leen antes el entorno ganan ventaja. Quienes leen antes, o como el Presidente Xi está a los suyo y no interrumpe cuando su enemigo está cometiendo errores o…, dicho de otro modo, no conviene distraerse con lo que no nos aporta…

Así, en este contexto de aceleración e incertidumbre, conviene mirar más a menudo un activo que rara vez se observa en conjunto: Iberoamérica como red urbana histórica y creativa. No como ejercicio de nostalgia, sino como estrategia económica y cultural en un mundo que se reorganiza por flujos, ciudades y talento, mientras las máquinas no nos dominen.

Una Iberoamérica amplia. Estados Unidos es también cada vez más Iberoamérica. Aunque como nación apenas supera los 250 años, muchas de sus ciudades se acercan al 500+, y hoy su influencia se articula más por redes urbanas y flujos culturales que por historia estatal.

En efecto, muchas ciudades iberoamericanas han cumplido ya 500 años de existencia urbana. Otras están a punto de hacerlo. Algunas fueron fundadas en el siglo XVI; muchas fueron refundadas sobre ciudades precolombinas, integrando capas culturales que han resistido imperios, independencias, crisis económicas y transformaciones tecnológicas.

Pero el dato relevante a resaltar hoy es que son más de 700 ciudades las que han alcanzado —o están alcanzando— ese umbral simbólico del 500+. No existe nada comparable a esta masa urbana continua, viva y conectada, en el mundo contemporáneo. Una masa urbana, no conviene olvidar, gracias a una movilidad realmente sostenible por tierra, y por mar, y muy respetuosa de derechos.

Los “500 años” han servido, y servirán, para conmemorar, revisar el pasado y ordenar el relato histórico. Pero que sean 700, nos confirma la existencia de una infraestructura cultural y urbana única que, bien articulada, puede convertirse en una ventaja competitiva real. Una realidad alineada con el desarrollo de un planeta que comienza a considerar la necesidad de que todos los esfuerzos no se  concentren exclusivamente en recursos físicos, o ventajas energéticas e industriales tradicionales, sino también en talento, creatividad, diseño, audiovisual, arquitectura, gastronomía, deporte, tecnología creativa y narrativas globales. Y estas industrias no prosperan por países aislados, sino por redes de ciudades conectadas.

Lenguas de alcance global, mercados culturales interconectados y una capacidad de producción simbólica que viaja sin traducción cultural. Cuando Madrid, Ciudad de México, Lisboa, Buenos Aires, Santo Domingo, Puebla, Santa Fé y San Agustín en EEUU, Cuzco, Porto, Lima, Quito, Bogotá, São Paulo, Cartagena de Indias, Oaxaca, Guayaquil, Popayán, Barcelona, o Manila! cooperan, no compiten: se amplifican.

Además, y no menos importante, se trata de un puente global con el centro ampliado en América. Durante siglos, Iberia desempeñó un papel de articulación entre continentes. Hoy, sin embargo, el centro de gravedad operativo, demográfico y creativo de la red se sitúa cada vez más en América. Allí se concentra la mayor parte de la población urbana, del talento joven, de la producción cultural y de la expansión de las industrias creativas.

Este desplazamiento no debilita la red iberoamericana. Todo lo contrario, la moderniza. La península Ibérica solo actúa como plataforma de conexión y proyección, mientras América se consolida como motor central. El puente ya no es una línea entre dos orillas, sino una estructura reticular, con múltiples nodos que dialogan también con Asia.

En la actual economía de flujos, donde el poder ya no reside en los recursos acumulados, por mucho que se empeñen algunos llamados líderes en convencernos, la red vale más que el nodo.

Es un recordatorio de que, en la economía contemporánea, la “influencia blanda”, también llamada soft power gracias al recientemente fallecido Joseph Nye y la coherencia cultural pueden ser tan decisivas como la dimensión o el capital, una lógica que resulta especialmente relevante para redes amplias y diversas como la iberoamericana.

En efecto, Iberoamérica no carece de activos. Más bien podría decirse, si nos atenemos a la historia, que carece, en ocasiones, de conciencia estratégica compartida. Las civilizaciones no suelen perder por ataque externo, sino por renuncia interna: por no reconocerse, por no coordinarse, por no actuar a tiempo.

Las señales actuales son favorables. El reordenamiento global abre espacio a bloques cooperativos, a ciudades protagonistas y a economías creativas bien gobernadas. Lo que falta no es potencial, sino articulación consciente.

700+ no es una cifra conmemorativa. Es un punto de inflexión. Si esta red urbana y creativa se articula con visión y cooperación, Iberoamérica no solo ganará relevancia económica, sino que pasará a ser uno de los espacios con mayor capacidad de influencia “soft power” en el reequilibrio global que nos desborda. Iberoamérica, ahora o nunca.

Película recomendada

“Babel” de Alejandro G. Iñárritu. 2006

Una metáfora eficaz sobre interconexión, lengua y efectos globales de decisiones locales, clave para entender Iberoamérica como red y no como fragmento.

*Jesús Mardomingo, es abogado de largo recorrido. Defensor de la economía naranja, el color del cacao maduro, como modelo de desarrollo en el que la diversidad cultural y la creatividad son punto clave para abordar con éxito la actual transformación social y económica que el planeta demanda.

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