La estadística confirma así la posición de España en el tramo medio-bajo del bloque comunitario, todavía alejada de las grandes economías del norte y centro de Europa, en un contexto de incremento generalizado de los costes laborales.
En el conjunto de la UE, las diferencias entre países siguen siendo acusadas: los costes por hora oscilaron entre los 12 euros de Bulgaria y los 56,8 euros de Luxemburgo. Tras este último, los niveles más elevados se registraron en Dinamarca (51,7 euros) y Países Bajos (47,9 euros), mientras que en la parte baja de la tabla se situaron también Rumanía (13,6 euros) y Hungría (15,2 euros).
Más allá de estas divergencias, los datos apuntan a una tendencia común al alza. En 2025, el coste laboral por hora aumentó un 4,1% en el conjunto de la UE y un 3,8% en la zona euro respecto al año anterior.
España se situó en línea con esta evolución, con un incremento del 3,5%, similar al de Chipre y Luxemburgo, aunque por debajo de las subidas más intensas registradas en varias economías del este, como Bulgaria (+13,1%), Croacia (+11,6%) o Eslovenia (+9,3%).
Dentro de la eurozona, los costes laborales crecieron en todos los países salvo en Malta, que registró una ligera caída del 0,5%, mientras que los aumentos más contenidos correspondieron a Francia (+2%) e Italia (+3,2%).
Por su parte, los costes no salariales –que incluyen, entre otros elementos, las cotizaciones sociales a cargo del empleador– representaron el 24,8% del total en la UE y el 25,6% en la zona euro.
Su peso fue especialmente elevado en Francia (32,3%), Suecia (31,7%) y Eslovaquia (28,6%), en contraste con niveles significativamente más reducidos en Rumanía (4,8%), Lituania (5,5%) y Malta (5,8%).

