Según la última evaluación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), esto representa «una pérdida asombrosa» de entre 120.000 y 194.000 millones de dólares (104.490 y 168.927 millones de euros) que supera el crecimiento acumulado del PIB regional durante 2025.
Además, los responsables de estudio estiman un aumento del desempleo de hasta 4 puntos porcentuales, equivalente a la pérdida de 3,6 millones de empleos, más que el total de empleos creados en la región en 2025, por lo que todos estos retrocesos «empujarán a la pobreza a hasta 4 millones de personas».
Los resultados de la evaluación destacan que los impactos del conflicto no son uniformes, sino que varían significativamente en toda la región debido a las características estructurales de sus principales subregiones.
De este modo, las estimaciones sugieren que las mayores pérdidas macroeconómicas se concentran en las subregiones del Consejo de Cooperación del Golfo y el Levante (costa oriental del Mediterráneo), donde la fuerte exposición a las perturbaciones comerciales y la volatilidad del mercado energético provocan importantes descensos en la producción, la inversión y el comercio.
En concreto, los países del golfo Pérsico perderían entre un 5,2% y un 8,5% del PIB agregado, equivalente a un impacto adverso de entre 103.000 y 168.000 millones de dólares (89.688 y 146.287 millones de euros); mientras que el Levante perdería entre un 5,2% y un 8,7% del PIB o entre 17.300 o 28.900 millones de dólares (15.064 y 25.165 millones de euros).
«Esta crisis hace sonar las alarmas para que los países de la región reevalúen fundamentalmente sus decisiones estratégicas en materia de políticas fiscales, sectoriales y sociales, lo que representa un punto de inflexión importante en la trayectoria de desarrollo de la región», declaró Abdallah AlDardari, subsecretario general adjunto de la ONU y director de la Oficina Regional para los Estados Árabes del PNUD.
«Nuestros hallazgos subrayan la imperiosa necesidad de fortalecer la colaboración regional para diversificar las economías -más allá de la dependencia del crecimiento impulsado por los hidrocarburos- y para ampliar las bases de producción, asegurar los sistemas comerciales y logísticos, y ampliar las alianzas económicas, a fin de reducir la exposición a crisis y conflictos», añadió.

