Convertir una experiencia personal en una visión empresarial rara vez resulta sencillo. Menos aún si esa experiencia está marcada por el deseo de volver a sentirse bien frente al espejo. En el caso de Isabeli Marichal, fundadora y CEO de Clínicas NAAC, todo comenzó con la necesidad de entender y dar respuesta a sus propios problemas. De esa búsqueda íntima, que con el tiempo evolucionó hacia un modelo centrado en la naturalidad, la prevención y el respeto por la identidad, nació su método Well & Slowaging®, con el que plantea —frente a las promesas rápidas de la industria estética— una forma distinta de acompañar el paso de los años desde el largo plazo.
Ha afirmado que convirtió sus inseguridades en conocimiento y ese conocimiento en empresa. ¿Cómo nace esa visión?
Convertí mis puntos débiles en una oportunidad para investigar y crear mis propios protocolos. Tras convivir con acné severo y cambios físicos derivados de la maternidad, comprendí el impacto emocional que tienen los problemas estéticos en la vida de una persona. Ese proceso me llevó a formarme, viajar y analizar centros internacionales desde la experiencia real del paciente, visitando clínicas de referencia y probando tratamientos en primera persona para entender qué funcionaba y qué no. Así entendí que la estética debía abordarse desde la empatía y la honestidad, acompañando a cada persona a sentirse bien sin renunciar a su identidad.
En un sector donde abundan las promesas rápidas, usted ha defendido la prudencia y el largo plazo. ¿Qué decisiones han definido esa filosofía?
Desde el inicio entendimos que no queríamos luchar contra el tiempo, sino acompañarlo con inteligencia y respeto. Hemos renunciado conscientemente a tratamientos de moda que prometen resultados rápidos pero comprometen la naturalidad, y también hemos dicho “no” a pacientes cuando sus expectativas no eran realistas. Nuestra reputación no se construye sobre tendencias, sino sobre criterio. Preferimos educar antes que persuadir y apostar por una comunicación honesta que no genere inseguridades para vender soluciones.
El método Well & Slowaging® propone otra forma de relacionarse con el paso del tiempo. ¿Qué cambia realmente para el paciente?
Toda la experiencia. Pasamos de una estética reactiva a una estrategia de longevidad estética basada en la prevención, la armonización y la ultrapersonalización. No buscamos transformar ni imponer estándares artificiales, sino acompañar el envejecimiento con naturalidad y equilibrio, respetando siempre la identidad del paciente y priorizando tratamientos que estimulan los propios mecanismos biológicos de la piel con resultados sutiles y sostenibles en el tiempo.
Su marido, Juan Christian Ribas Nijkerk, es socio y cofundador del proyecto y Director Médico. ¿Cómo se equilibran la visión empresarial y el criterio clínico?
Compartimos propósito, pero no funciones. Él protege el criterio médico y yo lidero la visión estratégica. Establecimos desde el inicio que ninguna decisión de negocio puede comprometer el criterio clínico y ninguna decisión médica puede ignorar la sostenibilidad del proyecto. Esa estructura clara permite que la visión estratégica y el rigor clínico dialoguen sin perder su independencia, preservando tanto la coherencia del proyecto como el equilibrio personal.
En un sector altamente competitivo y en constante innovación, ¿cómo decide qué incorporar y qué descartar para mantener el equilibrio entre rigor médico y tendencia?
En nuestro sector la innovación es constante, pero la verdadera diferenciación está en saber discernir qué merece formar parte de un proyecto médico serio. Antes de incorporar una técnica o tecnología analizamos la evidencia científica, la experiencia internacional y su perfil de seguridad a medio y largo plazo. Nuestros cuatro pilares —honradez, naturalidad, eficacia y seguridad— actúan como filtro estratégico y marcan el ritmo de crecimiento, incluso cuando eso implica llegar más tarde que otros al mercado o renunciar a tratamientos muy demandados.
Ha hablado abiertamente de acné, maternidad y cambios corporales. ¿Compartir esa vulnerabilidad ha fortalecido su liderazgo o ha supuesto una exposición incómoda?
Sin duda lo ha fortalecido. Durante años el liderazgo se construyó desde la distancia y la perfección aparente, pero yo decidí hacerlo desde la verdad. Hablar de acné, melasma, maternidad y cambios corporales no fue una estrategia, sino una necesidad personal que me permitió comprender mejor a otras mujeres. Compartir esa vulnerabilidad no me ha expuesto, me ha humanizado, y cuando humanizas el liderazgo generas confianza y credibilidad.
En su opinión, ¿qué cree que necesitan hoy las mujeres empresarias para liderar sin renunciar a su identidad ni asumir modelos de éxito que no les pertenecen?
La honestidad y la coherencia interna son clave. Cuando una empresaria tiene claro quién es y qué defiende, no necesita asumir modelos que no le pertenecen. El liderazgo femenino no debería construirse por imitación, sino por autenticidad, definiendo un propio estándar de éxito sin sobreactuar ni sobredimensionarse.
