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Alemán y fotógrafo oficial del emperador de México: así era Guillermo Kahlo, el padre artista de Frida Kahlo

Guillermo Kahlo fue el padre de Frida Kahlo, que antes de llegar a eso, fue un gran fotógrafo, muy reconocido en el mundo del arte.

A la izquierda Frida Kahlo y a la derecha, su padre, Guillermo Kahlo. Foto: Getty Images.

Este jueves, 19 de marzo, España celebra el Día del Padre, una fecha dedicada a la figura de San José que, más allá de los regalos, invita a reflexionar en el vínculo que cada uno tiene con su padre. La historia también está llena de padres cuya huella ha quedado perdida con el tiempo. Uno de ellos es el de Frida Kahlo.

Personaje referente de la cultura mexicana y mundial, la figura de Frida Kahlo se ha convertido en un icono. Exposiciones, películas, debates… Su nombre y su obra son universales. Netflix no vive ajena al fenómeno y está preparando una serie centrada su vida junto a la de su marido, Diego Rivera, dos de los nombres más reconocidos del arte mexicano.

Antes de que el nombre de Frida Kahlo se convirtiera en símbolo universal del arte, su padre, el fotógrafo Guillermo Kahlo, fue un referente en su país. Hoy, sin embargo, su recuerdo aparece desdibujado, casi eclipsado por la fuerza del mito de su hija. Sin embargo, es una vida que merece ser recordada por la influencia que tuvo en el mundo y sobre Frida, a la hora de apoyarla hasta ser una reconocida artista.

Nacido como Carl Wilhelm Kahlo en 1871 en una ciudad al sur de Alemania, Pforzheim, Guillermo Kahlo provenía de una familia luterana de clase media. Sus raíces alemanas se han reconocido remontar al siglo XVI. Fue hijo único de una familia de comerciantes, que más tarde, decidió, abanadonar su hogar, por irse a México. Los motivos se desconocen pero se cree que fue por problemas familiares, así lo confirmó Frida Kahlo, por malas relaciones con su madrastra. Sin embargo, él defendió que lo hizo por motivos económicos, en busca de negocios. Fue en 1890 cuando emprendió el viaje a México desde Hamburgo para empezar una nueva vida. Al llegar adoptó el nombre de Guillermo y solicitó la nacionalidad mexicana pocos años después.

Sus primeros pasos en el país estuvieron lejos del arte. Trabajó en comercios vinculados a comunidades alemanas, primero en la venta de libros y después en tareas contables. Pero su destino cambió casi por azar, por influencia de su suegro se acercó al mundo de la fotografía, un oficio que terminó definiendo su vida. Lo que comenzó como una posibilidad inesperada se convirtió en una carrera sólida hasta el punto de ser considerado uno de los fotógrafos más relevantes de su tiempo.

Guillermo Kahlo se especializó en documentar la arquitectura mexicana en un momento de transformación, vinculado a los procesos de modernización que acompañaron al país durante el cambio de siglo y la Revolución Mexicana. Fue el encargado de registrar edificios, iglesias, monumentos y procesos industriales, llegando a convertirse en fotógrafo oficial de obras promovidas durante el mandato de Porfirio Díaz. Gracias a su trabajo, se conservan imágenes fundamentales de construcciones como el Monumento a la Revolución, que inicialmente iba a ser el Palacio Legislativo.

Ese reconocimiento profesional le permitió alcanzar una estabilidad económica que se materializó en un espacio que terminaría siendo icónico: la Casa Azul, en Coyoacán. Aquel hogar, construido con el fruto de su trabajo, fue primero la residencia familiar y después el lugar donde su hija Frida viviría gran parte de su vida con su marido, Diego Rivera, que hoy se ha convertido en un museo.

En lo personal, su vida estuvo marcada por pérdidas y reconstrucciones. Se casó en un primer momento con María Cardeña, quien falleció tras dar a luz. Más tarde contrajo matrimonio con Matilde Calderón, con quien tuvo cinco hijos, entre ellos Frida, nacida en 1907. En total, tuvo ocho hijos. Tuvo una familia que tuvo el arte siempre presente, como un pilar en su vida.

Si algo dejó Guillermo Kahlo fue una herencia creativa. Antes de que Frida convirtiera el autorretrato en una de sus señas de identidad, él ya había explorado esa forma de expresión. Se autorretrato a sí mismo en distintas etapas de su vida, desde la juventud hasta la vejez, en composiciones que iban más allá del simple registro.

Su influencia en Frida fue profunda. Le ofreció un entorno donde el arte era posible, y se convirtió en un apoyo constante en momentos difíciles, especialmente durante las enfermedades que marcaron la vida de la pintora. Entre ambos existió un vínculo estrecho que alimentó la sensibilidad, la disciplina y la curiosidad que definirían a la artista.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la figura de Guillermo quedó relegada. Frida Kahlo, con su capacidad para construir su propia historia, incluso reinventando aspectos de su origen, terminó ocupando todo el espacio simbólico. Él, que había sido un nombre reconocido en el mundo de la fotografía, pasó a un segundo plano.

Murió el 4 de abril de 1941, en la misma casa que había construido años atrás. Allí terminó su historia, en silencio, mientras la de su hija apenas comenzaba a convertirse en leyenda.

Hoy, en el Día del Padre, su figura invita a mirar hacia atrás y a recuperar esos nombres que sostuvieron otras vidas, otras historias. Guillermo Kahlo no solo fue el padre de Frida: fue un creador, un pionero de la imagen en México y el origen de una mirada que, aunque transformada, terminaría dando la vuelta al mundo.

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