Puig inicia una nueva fase en su historia con un movimiento que marca un punto de inflexión en su modelo de gobernanza. La compañía catalana ha nombrado a José Manuel Albesa como consejero delegado, culminando así un proceso de transición que separa por primera vez en años las funciones ejecutivas del control familiar directo.
Hasta ahora adjunto al CEO y responsable del negocio de fragancias —uno de los pilares del grupo—, Albesa asume el liderazgo operativo en un momento clave: a las puertas de la presentación del nuevo plan estratégico a 2030. Su nombramiento no solo responde a una evolución interna, sino a una necesidad de mercado: reforzar la gestión ejecutiva en un contexto de mayor exigencia competitiva y presión bursátil.
El relevo viene acompañado del paso atrás de Marc Puig, que abandona la doble función de presidente y consejero delegado tras más de dos décadas al frente de la gestión. Mantendrá, eso sí, un papel relevante como presidente ejecutivo, centrado especialmente en operaciones estratégicas como fusiones y adquisiciones, así como en los grandes nombramientos de la compañía.
La decisión no es menor. Supone abrir una nueva etapa en una empresa históricamente vinculada a la familia fundadora, que opta ahora por profesionalizar aún más su estructura en un momento de transformación del sector. No es la primera vez que Puig recurre a un primer ejecutivo externo, pero sí lo hace en un contexto mucho más exigente: el de una compañía cotizada que busca consolidar su posicionamiento global.
Albesa conoce bien la casa. Se incorporó en 1998 y ha desarrollado su carrera en áreas clave como marketing, marcas y operaciones, hasta convertirse en una de las figuras más influyentes en el desarrollo del negocio de fragancias. Su perfil combina conocimiento interno con visión estratégica, dos elementos que el consejo ha considerado determinantes tras un proceso de selección que se ha prolongado durante más de un año.
El nuevo CEO tendrá como primer gran reto liderar el plan estratégico que se presentará en abril, con el objetivo declarado de crecer por encima del mercado. La hoja de ruta pasa por reforzar la creatividad, el posicionamiento de marca y el carácter emprendedor que ha definido históricamente al grupo, en un entorno donde el lujo accesible y la perfumería viven una creciente competencia global.
El contexto no es sencillo. Puig encara esta nueva etapa con el desafío de revertir la evolución bursátil desde su salida a Bolsa, donde acumula caídas relevantes. La figura de Albesa será clave para recuperar la confianza del mercado y demostrar que el cambio en la cúpula responde a una estrategia de largo plazo.
Junto al relevo en la dirección ejecutiva, la compañía ha acometido también cambios en el área financiera. Miquel Ángel Serra asumirá el cargo de director financiero en sustitución de Joan Albiol, histórico en la casa desde 2009, que pasará a desempeñar funciones como secretario del consejo, manteniendo además responsabilidades vinculadas al ámbito legal y de operaciones corporativas.
Con este movimiento, Puig redefine su equilibrio entre familia y gestión profesional. Marc Puig seguirá marcando el rumbo desde la presidencia, pero será José Manuel Albesa quien tenga ahora la responsabilidad de ejecutar la estrategia y pilotar el crecimiento en una de las etapas más decisivas para el grupo.
