El sindicato ha advertido en un comunicado de que el encarecimiento de la energía derivada del conflicto en Oriente Próximo puede generar «dos efectos indeseados».
Por un lado, señala, puede presionar al alza el precio de los alimentos, dado el peso de la energía en la producción agrícola y en la fabricación de fertilizantes. Por otro, el aumento de los precios energéticos incrementaría una parte relevante de los costes empresariales, «lo que podría derivar en presiones inflacionistas generalizadas si estos aumentos se trasladan a los precios finales», como ya ocurrió tras la guerra en Ucrania.
Asimismo, UGT avisa de que el nuevo escenario inflacionista también supondrá una merma en términos de crecimiento y empleo, aunque precisa que la magnitud de las consecuencias «es difícil de predecir en un contexto tan volátil». No obstante, ve posible una retracción del consumo y la inversión, mermando las previsiones de crecimiento económico.
En términos de empleo, la organización que dirige Pepe Álvarez apunta que el impacto sería mayor en industrias intensivas en energía, además de en la agricultura.
En el caso de que el Banco Central Europeo (BCE) decida una eventual subida de tipos para controlar la inflación, UGT avisa de que esto llevaría a un incremento de la cuota en las hipotecas variables, ya que la mayoría están vinculadas al Euríbor.
Por ello, ve necesario recuperar o articular nuevas medidas que protejan a las familias con hipotecas variables frente a un «repentino y excesivo» encarecimiento de las cuotas mensuales, un problema que se vería agravado aún más en caso de que se materialice la subida de tipos.
En materia de negociación colectiva, y ante un aumento de los precios que supere las estimaciones iniciales, el sindicato considera «más importante que nunca» incorporar cláusulas de garantía salarial en los convenios colectivos. «Solo así será posible proteger el poder adquisitivo de las personas trabajadoras frente a un nuevo repunte inflacionista», concluye.

