Según cifras estimadas, desde su lanza miento en 1959, se han vendido más de mil millones de muñecas Barbie en todo el mundo. Una auténtica locura y un negocio formidable. Si en el Génesis bíblico leemos aquello de que “no es bueno que el hombre esté solo”, los responsables de Mattel debieron pensar algo parecido, solo que en esta versión de la historia, fue ella –y no Adán– la primera en aparecer por el Paraíso de los juguetes (y además no queda claro si alguien le preguntó si se sentía sola). Tan solo dos años después de su lanzamiento al mercado, Barbie se echaba novio.
La presentación en sociedad tuvo lugar el 11 de marzo de 1961 –hace ahora justo 65 años– y se anunció comercialmente en prensa y televisión como si se tratara de un romance entre celebrities. El afortunado se llamaba Ken –abreviatura de Kenneth Sean Carson, su nombre completo (al parecer un guiño al hijo de los fundadores de Mattel, Ruth y Elliot Handler, que también se llamaba Kenneth)– y representaba al genuino chico pijo americano: alto, bien parecido, blanco, de buena familia y con pectorales de plástico macizo.

El primer Ken tenía los ojos azules, era rubio –un poco al estilo california no– y venía vestido con un bañador rojo algo ceñido, chancletas a juego y una toalla amarilla. Costaba tres dólares y cincuenta centavos
A pesar del esfuerzo invertido en marketing y promoción, Ken nunca llegaría a ser excesivamente popular. Las niñas preferían el original –la Barbie de sus sueños– y los niños nunca entendieron muy bien el concepto (tampoco los padres de la época, que –dentro de un ambiente evidentemente machista– preferían ver a sus hijos varones jugar con camiones, soldaditos o cowboys).
Ni siquiera los coleccionistas del universo Barbie han sentido nunca demasiado apego por el pobre Ken. Durante décadas, desde 1970 a 1990, Mattel intentó encontrarle su nicho de mercado mediante todo tipo de versiones, pegadas al estilo estético del momento, pero lo único que logra ron fue alimentar las bromas populares sobre su dudosa masculinidad, debido a su ‘sospechoso’ gusto por la ropa bonita y su pusilánime relación con Barbie (que era claramente quien llevaba los pantalones en la pareja).

En 1993, sin embargo, apareció el Earring Magic Ken, una nueva versión, en la que vestía una camisa de malla que resaltaba sus poderosos abdominales, chaleco color lavanda, colgante del cue llo y un pendiente en su oreja izquierda. Lo que Mattel probablemente no anticipó es que este nuevo Ken iba a convertirse en un icono reivindicativo del movimiento LGBTQ+. El éxito planetario de la película Barbie (2023) y las ácidas reflexiones sobre las ideas de género que planteaba el personaje interpretado por Ryan Gosling en la cinta han acabado por dotar hoy de un nuevo sentido al viejo Ken.
