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Chanel, en Paris Fashion Week: entre la oruga y la mariposa

En el marco de Paris Fashion Week, Chanel presenta su colección femenina para el próximo invierno con su fundadora en el centro de la inspiración.

Chanel

“La moda es a la vez oruga y mariposa. Sé oruga de día y mariposa de noche”, con estas palabras de Gabrielle Chanel comienza la historia de la última colección presentada por Chanel en París. Una reflexión que resume, quizá mejor que cualquier tendencia, el espíritu contradictorio y fascinante de la Maison: funcional y fantástica, sensata y seductora, cotidiana y transformadora.

La propuesta del director artístico de la firma, Matthieu Blazy, se construye precisamente sobre esa dualidad. Chanel es una paradoja permanente: es la libertad de elegir quién ser en cada momento. Oruga de día, mariposa de noche. La colección se plantea como un lienzo sobre el que cada mujer puede proyectar su identidad sin complejos, reafirmando la idea de la moda como un territorio de autoexpresión.

El desfile traza un recorrido que va de lo terrenal a lo etéreo. La inspiración parte del legado revolucionario de Gabrielle Chanel, quien elevó lo funcional al terreno de la alta costura al introducir en el armario femenino elementos procedentes del vestuario masculino y del mundo del trabajo. Aquella decisión cambió para siempre la manera de vestir de las mujeres. Sin embargo, la diseñadora nunca renunció al poder transformador de la moda: ese instante en el que la realidad se vuelve ficción.

Blazy retoma ese diálogo histórico y lo reinterpreta para el presente. La colección atraviesa distintas épocas mediante una superposición de siluetas que evoca los años veinte y treinta, pasa por los cincuenta y sesenta y vuelve, finalmente, al espíritu contemporáneo. Ligereza, movimiento y una actitud desenfadada recorren cada salida.

En el centro de todo permanece el arquetipo del traje Chanel, reinterpretado como un auténtico laboratorio textil. El clásico conjunto se reinventa en punto acanalado, tweed tradicional o tejidos experimentales donde conviven fibras artificiales, lúrex, silicona y gasa natural. La icónica ‘camisa de trabajo’ en tweed bouclé y una blusa masculina de tweed prensado se integran ahora en un nuevo lenguaje de sastrería.

La colección explora también una fluidez casi líquida. Aparecen jerséis de seda inspirados en los años veinte, entretejidos con tweed, y trajes de punto bordados con cuentas que aportan una sorprendente ligereza y movilidad. Poco a poco, la paleta y las texturas adquieren un brillo iridiscente que anuncia la transición del día a la noche.

Es entonces cuando surge la metáfora final: el papillon de nuit, la mariposa nocturna. Vestidos y abrigos estilizados, a veces austeros, otras ricamente ornamentados, caen en cascada o se estructuran en cortes precisos, siempre pensados para acompañar el movimiento. Las prendas parecen diseñadas para impulsar a quien las lleva hacia la noche, hacia ese instante en el que la moda se convierte en vuelo.

El diálogo entre lo real y lo artificial culmina en los accesorios. Joyas de esmalte y resina saturadas de color evocan reflejos opalescentes, mientras piezas de nácar teñido intensifican el efecto iridiscente. Las botas de puntera fina, en piel flexible de tonos pastel, se ajustan como una segunda piel, reforzando la sensación de irrealidad.

Los bolsos completan la narrativa con un equilibrio entre pragmatismo y fantasía: desde el ya icónico bolso con solapa de ante en beige, inspirado en el sofá matelassé del apartamento de Gabrielle Chanel, hasta nuevas propuestas como el bolso de cierre cinético o una exuberante minaudière color granada con brillo esmaltado.

La colección reafirma una idea esencial de la casa: la moda como metamorfosis. En Chanel, cada prenda ofrece la posibilidad de elegir entre la comodidad de la oruga y el vuelo de la mariposa. Y quizá ese sea, desde siempre, el verdadero lujo.

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