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La Heineken Regatta: una fiesta caribeña con alisios de 30 nudos

El histórico evento de Sint Marteen cierra su 46ª edición con la segunda posición del Aegir de Diego Fructuoso y Carlos Manera.

@Laurens Morel
por Nacho Gómez9 marzo 20269 marzo 2026Tiempo de lectura 4 minutos

El escenario deportivo que acompaña a la Heineken Regatta es todo lo contrario a lo que podemos tener en mente cuando pensamos en el Caribe. El subconsciente siempre nos lleva a asociar las islas caribeñas con sol, aguas cristalinas y piratas. Algo de viento a lo mejor, pero lo justo para no despeinarte mucho. Con ese maravilloso prejuicio cruzamos el charco hasta Sint Marteen y nos dimos de bruces con una realidad totalmente diferente. La influencia de los alisios genera a barlovento de la isla un potentísimo campo de regatas, en el que soplan entre 25 y 30 nudos todos los días con una perenne ola de fondo que convierte las ceñidas en una batidora y las empopadas en fantásticas cabalgadas.

En la primera jornada de regatas nos embarcamos a bordo del Aegir, en el que navegan los dos únicos regatistas españoles de la flota, Diego Fructuoso y Carlos Manera. Es una constante en todas las regatas de alto nivel mundial: aunque tengamos muy poquitos armadores españoles, los regatistas nacionales han adquirido un prestigio de tal nivel que en todos los campos de regatas hay alguno compitiendo. En el Aegir, un espectacular maxi de 82 pies, Diego trima la mayor (sin tocar escotas, con un joystick y varios botones ya que el mecanismo es hidráulico) y Carlos trima las velas de proa, con lo que la aportación de ambos en el rendimiento del barco es clave.

Nada más comenzar la manga nos engancha un chubasco que llega con rachas de más de 30 nudos y se monta un carajal en el mar que recuerda más al Canal de La Mancha que al onírico Caribe. Tras culminar una ceñida de más de dos horas, en la que para cambiar de bordo en cada virada casi hay que recurrir al piolet, Manera despliega el gennaker y la lavadora se convierte en un majestuoso avión planeador. Superamos los 20 nudos de velocidad de barco en varias ocasiones, algo enormemente complicado de vivir en un velero prevolador, y el Aegir cruza primero la meta con holgura. Sin embargo, el intrincado sistema de rating del Caribe, llamado CSA, penaliza de forma enorme las características de nuestro 82 pies, con lo que acaban segundos tras el Privateer, un 50 pies estadounidense que parece diseñado especialmente para este rating. Los americanos acabarían ganando el título final, con el Aegir en segunda posición.

Los más de 100 veleros que navegan en la Heineken Regatta están repartidos en un sinfín de categorías. Las seis divisiones de CSA albergan desde un Wally 94, el Vantanera, hasta algunos cruceritos de 33 o 34 pies, ofreciendo una heterogeneidad maravillosa. Hay dos clases de catamaranes, donde compiten varias leyendas. En el Bellatrix hay navegan dos campeones olímpicos, los brasileños Marco Soares  y Edoardo Penido, que ganaron el oro en 470 en Moscú 1980. También sorprende la presencia del astro de la vela oceánica francesa Marc Guillemot, que patronea un prototipo concebido por él mismo, el MG 5.

También le dan un enorme color a la regata varias flotas eminentemente locales: hay barcos de charter sin spi, Melges 24, Sunfast 20 y unos Diam 24 muy atractivos. Con estos Diam, la organización programa varias regatas pegadas a la playa, al más puro estilo Extreme Sailing Series o SailGP, donde se puede seguir la acción desde una tumbona en la playa con una Heineken en la mano y una speaker contándote la acción en directo. 

Lo más potente del evento es la combinación entre las regatas y un festival en tierra muy potente. Durante cuatro días, los mejores músicos del Caribe ofrecen una serie de conciertos que este año estaban liderados por Inner Circle. Pese a ello, la Heineken Regatta se sostiene con la colaboración de un sinfín de voluntarios y empresas colaboradoras; pese a lo que pueda parecer desde fuera, su estructura está a años luz de eventos como la Copa América o The Ocean Race.

Incluso los comités de regatas son habitualmente profesionales que vienen como voluntarios año tras año sin cobrar e invierten sus vacaciones en disfrutar del evento, otro hecho que los diferencia de otros eventos de referencia. Sea como fuere, y con 46 años de vida, la Heineken Regatta debería llegar sin problemas al cumpleaños número 100 dada la genial combinación de regatas de alto nivel y diversión en tierra que consiguen año tras año.

Etiquetado:
  • heineken regatta

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