El reciente estreno de “Aída y vuelta”, la película dirigida por Paco León que se inspira en el rodaje de un supuesto último capítulo de la popular serie de televisión emitida entre 2005 y 2014, ha traído infinidad de recuerdos a los muchos actores que participaron en la serie original y se han reencontrado en la pantalla grande en esta inesperada “secuela”.
Entre ellos figura Secun de la Rosa (Barcelona, 1969), el actor que tenía el papel de Toni Colmenero, el hermano gay y abogado del patán por excelencia de la serie, el personaje de Mauricio Colmenero (el actor Mariano Peña), el dueño del Bar Reinols.
Siendo de Barcelona, ¿qué relación has tenido con el mar?
Mi relación con el mundo náutico es absolutamente primitiva y pobre, de hijo de una familia trabajadora. Mi madre es de Barcelona, de La Barceloneta, así que he crecido levantándome a las cuatro de la mañana para ver la llegada a puerto de los barcos. No creo que haya nada más náutico que eso, pero no he crecido ni con piraguas, ni con naves a motor, ni con la Zodiac.
Mi abuelo materno era pescador, en Cádiz, y toda su familia es gente de la mar. Él nos llevaba mucho, a mí y a mi hermano —y a mi madre cuando era pequeña—, a pescar al rompeolas, en Barcelona, que era una zona maravillosa que se ha transformado por completo y de la que ya no queda nada, ni el 20 % de lo que fue.
Y recuerdo todo el gentío de señores del sur que habían emigrado a Barcelona y que, entre los recuerdos que se trajeron de Cádiz y sus provincias, estaba esa afición de ir a pescar a esa zona de piedras, al puerto aquel, hasta el faro, que se iba haciendo cada vez más grande.
Una de mis fantasías más bonitas es de cuando íbamos a coger cangrejos. Había que meterse entre las piedras de la zona del puerto para llenar la bañera de casa de cangrejos, que es algo que ha visto muy poca gente.
“Mi abuelo materno era pescador, en cádiz, y toda su familia es gente de la mar”.
Viviendo en Madrid, ¿tienes nostalgia del mar?
Me escapo mucho al mar, porque mis padres estuvieron un tiempo cerca de mí, en Segovia, pero al hacerse mayores sí que tuvieron añoranza del mar y ahora viven en San Carlos de la Rápita, en el Delta del Ebro. Es un pueblecito al que se escapaba mi abuelo a pescar —y que mis padres conocían precisamente por eso— que tiene muchísima relación con el mar. De hecho, sacan a su Virgen al mar como si fueran también del sur.
Y yo voy mucho a verlos a la Rápita, porque el Delta es un micromundo natural increíble.
¿No tienes amigos con yate con los que irte a Ibiza?
No, no tengo amigos con yate que me lleven a Ibiza. Qué pena, ¿no? Yo soy actor secundario, un obrero de mi profesión. Pero tampoco es una cosa que me fascine mucho.
Lo he vivido, porque en esta profesión, igual que alguien tiene una pequeña casita de alquiler en Lavapiés, otro puede tener un yate. Lo que sí tiene esta profesión del artisteo es que lo une todo: a la hija de la marquesa con la hija del jardinero. Si quieren ser artistas, van a rodar juntos.
Y cuando he vivido eso, lo he disfrutado momentáneamente, pero tampoco es algo que yo anhele.
Se acaba de producir el estreno de “Aída y vuelta”, pero también eres director y autor teatral…
Es que, a pesar de haber hecho mucha tele y mucho cine, yo me he lanzado a escribir obras poéticas, las historias que me gustan, en las que poder sacar mi compromiso y mi ideología.
Es el caso, por ejemplo, de “Las piscinas de la Barceloneta”, el texto que escribí y que represento en teatro sobre la Barcelona de la transición. O “Los años rápidos”, sobre el colectivo trans, hace ya quince años. O “El disco de cristal”, como homenaje a Tennessee Williams.
Mi teatro va más por ahí, a pesar de que sería más rico anunciando espaguetis o dejándome vencer por grandes tentaciones, pero es que no es mi mundo. Si lo disfrutase, no te quepa duda de que iría a por ello, porque hay que luchar por tus sueños.
Pero yo disfruto con otro tipo de teatro y con otro tipo de trabajos, y siendo el tipo de actor que a mí me gusta.
Pero también has disfrutado de la fama que te proporcionó —y te va a volver a proporcionar— tu personaje de Toni Colmenero en “Aída y vuelta”…
Sí, pero ahí soy actor. Los responsables del guion son Paco León y Fer Pérez, aunque se produjeran también unos brainstorming con todo el reparto para saber qué tramas utilizar.
Pero Paco y Fer tienen esa mente tan loca de decir: vamos a hacer una película incorrecta políticamente y con el humor más tremendo que existe, situándola en el momento álgido en el que arranca el #MeToo.
Yo creo que todo el mundo está desconcertado haciéndose estas preguntas, porque en poco tiempo el mundo ha evolucionado mucho y hay una serie de luchas que a mí me parecen muy interesantes, como las de los derechos de la mujer o los del colectivo LGTBI.
Y el nuevo humor permite darle la vuelta a ese humor tan zafio y antiguo de —vamos a llamarlo así— “los gangosos” y “los mariquitas”.
Esta evolución es maravillosa, pero no hay que olvidar que la ficción es ficción. La ficción tiene un punto de vista y cuenta historias.
Yo creo que, en lo referente a los límites del humor, se pone mucho el foco en la ficción y, sin embargo, en la realidad se permiten cosas que son sobre las que se debería poner el foco.
Yo creo que es mucho más tremendo Trump que los chistes de Mauricio Colmenero, mi hermano en la serie, porque, al final, Mauricio se va a llevar el tortazo en la cabeza en la ficción y nos vamos a reír de eso.
Este texto forma parte del número 4 de Nautik Magazine, que puedes encontrar en quioscos o en nuestra tienda.
