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Se habla ahora de liderazgo cuántico

Pero la metáfora contiene algo de verdad. Si atendemos a la música y no a la letra —a la intuición más que a la literalidad—, la analogía es válida.

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La física cuántica es tremendamente atractiva para las mentes creativas porque ofrece una realidad alternativa: una realidad liberada de la materia y de todos sus condicionantes,
como la fuerza de gravedad; una realidad liberada de la forma y de las limitaciones de
tiempo y espacio.

Hablamos vulgarmente de la energía de las cosas, en el mismo sentido en que hablamos de
la onda. Algo tiene buena energía o buena onda, o lo contrario. Todo cuerpo y toda apariencia física son expresión de algo inmaterial. De las personas siempre se ha dicho que tienen ese je ne sais quoi. En moda, ese ámbito indeterminado que abarca tanto las prendas con las que nos disfrazamos como la película en la que damos sentido a nuestro disfraz, se habla de allure, de magia y de otros términos imprecisos que aluden más a la música que a la letra de la canción.

L’air du temps, zeitgeist: conceptos que hablan de un espíritu. Y lo espiritual es lo volátil,
aquello que no se ve. De hecho, los árabes llamaban alcohol a lo que se evapora, y de ahí
que las bebidas alcohólicas se llamen espirituosas —spirit en inglés—. Y es en el campo de lo que no se ve donde se mueve la física cuántica. Lo mismo sucede en el ámbito empresarial.

Los seres humanos somos, además de seres físicos, seres espirituales; dotados de alma.
Simplificado en términos cuánticos, simultáneamente partícula y onda. Onda es frecuencia;
de modo que, según sintonizamos con unas u otras frecuencias, encontramos personas,
organizaciones, productos y servicios que vibran con nosotros.


Las organizaciones también sintonizan con determinadas frecuencias
, si bien su cuerpo
físico —es decir, su expresión concreta, compuesta de múltiples “partículas” humanas,
culturales y estructurales— es más complejo que el de los cuerpos creados en la naturaleza. Cuando oigo hablar de liderazgo cuántico, es como cuando oigo hablar de religión: lo creo todo y no creo nada. Porque se está hablando de todo y de nada al mismo tiempo. Si le preguntamos a un científico especializado en física cuántica, probablemente soltaráuna carcajada. Pero la metáfora contiene algo de verdad. Si atendemos a la música y no a la letra —a la intuición más que a la literalidad—, la analogía es válida. Y, sin embargo, no podemos dejar de sonreír ante esta gran feria conceptual, este mercado creciente de
oportunidades semánticas.


Lo cual no es necesariamente negativo: revela una búsqueda de sentido ante la evidencia
de que una interpretación puramente mecánica de la realidad resulta insuficiente. Pero es
imprescindible discernir entre el oportunismo y la verdadera intención. Preguntarnos de
dónde procede esa supuesta verdad, que, en última instancia, siempre será interpretativa.


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