Opinión Carla Mouriño

Brasil y su celebración alegre

Este carnaval llegó a venir la mismísima Carrie Bradshaw que apareció en el Baile de Arara en el que también estaba Ricky Martin.

Una imagen de un idílico atardecer. (Fotografía: Vinícius Rocha).

Desde hace tres años practico una tradición autoimpuesta: viajo a Brasil a pasar el mes de febrero (algo que me permite mi trabajo en remoto). La historia es una de esas casualidades capaces de cambiarte de la vida: siempre había querido visitar Río de Janeiro y una amiga de amiga me dijo que había una casa en la que se podía vivir y trabajar y me lancé a por ello. Es la Draper House de Rio, lugar en el que mi amigo Benjamín Muñoz fundó su empresa, Lawi, para asesorar legalmente a startups que quieren entrar en Brasil. Benjamín me recibió a mí con los brazos abiertos. Brazos que ya nunca más se cerraron.

Rio de Janeiro es complicada y pegajosa, pero también sencilla y arrolladora. Es callejera sin remedio y tiene una fuerza capaz de generar fascinación y devolver a la infancia. Una cerveza helada curará todos tus males, nunca tan fría en otro lugar —mi favorita es la Original. Rio de Janeiro esconde sus secretos entre el Gabinete de Lectura Portugués o el Museo de la República y los descubres con tus havaianas puestas porque no llevas otra cosa que no sean chanclas de playa, da igual cuantos zapatos lleves más.

¿Qué es el éxito para ellos?

Me fui directa a Chanchada, mi favorito en 2024 y ahora el de Dua Lipa, a preguntarle a Bruno Katz, uno de sus dueños. Recién cumplen cuatro años y me dice: «este nuevo año 2026 empieza con menos prisa. Menos ansiedad por crecer y expandirse, y más ganas de disfrutar el camino (…) Si antes era mucho sobre hacer que las cosas sucedieran, ahora es sobre que tengan sentido, hacerlas con alegría y más tranquilidad. (…) Éxito es lograr mezclar trabajo y estilo de vida sin que uno se trague al otro. Es tener libertad creativa, un equipo feliz, clientes que regresan y un negocio que no exige que te conviertas en alguien que no eres.» Sonrío asintiendo porque es exactamente lo que siento cuando estoy allí comiendo.

Y cerca de allí vive también mi amigo Vinicius Rocha, fotógrafo de moda, autodidacta y el mejor retratista de la sociedad carioca. Fuimos el viernes por el barrio de Botafogo y le pregunté a él, que no para de trabajar, qué es el éxito: «poder vivir de manera digna y honesta haciendo lo que amo. Ganarme la confianza de las personas que me rodean con disciplina y ética. Que mi trabajo sea reconocido por otros y que pueda dejar, a mi manera, una huella, un registro de una generación. Es tocar el corazón de las personas.»

Este carnaval llegó a venir la mismísima Carrie Bradshaw que apareció en el Baile de Arara en el que también estaba Ricky Martin. En el Sambódromo ocurre todo, allí donde Juan Moraes, relaciones públicas por excelencia de todo-lo-que-pasa en Río, reina en el Nosso Camarote lleno de público de todo el mundo.

Hablé también con Katia Barros, fundadora de Farm Rio, marca con mayor proyección internacional de los últimos años: «mi éxito es poder dar valor a Brasil, construyendo algo con un impacto cultural que tenga sentido para las personas. Despertarme feliz y con energía para crear y emocionarme con las cosas más simples de la vida».

Y lo mejor es que más allá del Río cool, de ese que una ve en las fotos de decenas y decenas de influencers en Ipanema, hay un Río que sigue viviendo instalado impertérrito en la samba, en los bares, en Armazem do Senado los sábados. Hay un Río escondido en casas señoriales que recuerdan su pasado esplendoroso e imperial y también en una pequeña iglesia dónde crearon la bandera de un Brasil que hoy la luce orgulloso. Más allá del Río cool hay quien sigue bailando sin cámaras, hay una ciudad que vibra, habla y baila entre cajas de cerveza y mesas de colores en las aceras.

Yo cuando me voy intento llevarme esta energía brasileña conmigo. Compro láminas de Thiago Barletta en Loja Patuá, guardo lo próximo que querré comprar de Studio230894, dónde una diseñadora, Carolina Alves, describe a la perfección ese brillo que atrapa. Leo a Jorge Amado porque fui a Salvador de Bahía a ofrecer flores a Yemanjá, la reina del mar. Leo a Socorro Accioli, autora contemporánea que trabajó con García Márquez. Me voy soltando en portugués y me paso horas hablando con mis amigos alrededor de una mesa: ya sé que amo las coxinhas de Jurema, las croquetas de Botica, los petiscos de Adega Perola, los domingos en Braseiro da Gávea.

Supongo que entendí que su éxito es ese y quise llevarlo conmigo ahora que me fui: celebremos la alegría, celebremos que estamos vivos, milagrosamente, un día más.

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