Quedamos con Álvaro Morte en Port Balís. La marina deportiva (inaugurada en 1966) se encuentra en Sant Andreu de Llavaneres el Maresme, uno de los municipios con mayor renta per cápita de Cataluña y un territorio que no le es ajeno al actor. Uno de los tres años que pasó escolarizado en Barcelona lo vivió en Mataró, a pocos kilómetros al sur de donde está amarrado el barco con el que saldremos al mar para dar forma a la portada y al reportaje de este número de Nautik: un Pardo 43.
Morte nació junto al mar. Fue en Algeciras, hace 51 años. Si uno pregunta a Wikipedia (o a Google, o a cualquier IA) por los hijos ilustres de esta ciudad gaditana, el primer nombre que aparece es el de Paco de Lucía. Hoy, el de Álvaro Morte también forma parte de esa lista. Aunque poco después de nacer se trasladó a un pequeño pueblo de Córdoba, regresó a Algeciras en la adolescencia para estudiar y mantiene allí amigos y familia.
“Familia que, en algunos casos, está muy ligada al puerto”, señala. No es extraño: buena parte de la sociedad algecireña vive directa o indirectamente del que es el primer puerto de España en tráfico total de mercancías y uno de los grandes nodos del Mediterráneo.

Suena a tópico, o a pregunta tipo “¿teatro o cine?”, pero es inevitable en Nautik: ¿vela o motor?
Navegar siempre es un placer. Reconozco que hacerlo a vela tiene ese punto mágico de escuchar solo el mar, pero también es estupendo ir a motor. Te da libertad absoluta para ir a donde quieras y disfrutar igual.
¿Y navegando? ¿Algún recuerdo imborrable?
Una semana navegando en un junco, el velero clásico de Vietnam, en la bahía de Ha Long con un amigo. Es un recuerdo inolvidable. Y, más cerca, Lanzarote me tiene completamente robado el corazón.
¿Navegaciones pendientes?
Muchas. Sueño con hacerlo alrededor de Japón.
También habrá proyectos pendientes en tierra. ¿Dirigir cine o series?
El proyecto más inmediato llega ya: es de la BBC y se llama This City Is Ours (Los amos de la ciudad), sobre la mafia de Liverpool. En cuanto a dirigir, ya lo he hecho en teatro. Una serie, por ejemplo, tendría que ser algo muy apasionante, porque si no, dirigir puede convertirse en una relación casi tóxica.
Lee la entrevista completa en el número 4 de Nautik Magazine. Ya en quioscos.

