Hora de mujer

Cómo elegir el tamaño perfecto de un reloj de pulsera

Esta guía explica paso a paso qué hay que tener en cuenta para acertar a la hora de comprar un reloj.

Fotografía ©Daniel Wellington

Si no caminas con unos zapatos dos tallas más grandes que la tuya, ¿por qué ibas a lucir un reloj que no se asiente bien en tu muñeca o que dé molestas vueltas a su alrededor? A la hora de comprar un instrumento de pulsera que dé la hora es fundamental un buen ajuste, y comprobar que sus asas no sobresalgan de los límites de la muñeca ni que parezca que es el reloj el que lleva a su dueño, y no al revés.

Para elegir con criterio, existen algunas métricas que pueden ayudarte, si bien todo es cuestión de proporción, comodidad y estilo personal. Con lo que tiene poco que ver todo esto es con lo que dictan las tendencias (en los últimos años, por ejemplo, el tamaño de las cajas se ha contraído) o con las etiquetas de lo que debe ser un reloj de hombre o de mujer.

El diámetro es el dato al que más se atiende a la hora de buscar el reloj ideal, pero debería ser solo el principio. Medidas como la distancia de asa a asa de la caja, el grosor y la forma de ésta, así como el tipo de brazalete y hasta la curvatura de las asas cambian por completo una misma pieza en una muñeca con respecto a otra. Una esfera ancha con un bisel fino hace que el reloj parezca más grande, por ejemplo. Cuidado porque quizás llevas ahorrando meses para comprar ese modelo que has deseado durante tanto tiempo y al verlo puesto la decepción es mayúscula.

La forma en la que un reloj se lleva o se ajusta a la muñeca no siempre se puede expresar con unas pocas cifras. Tampoco debería ser algo rígido, pues hay muñecas delgadas que prefieren los relojes grandes y otras más gruesas que se sienten confortables con perfectos ejemplares de cóctel. No obstante, aquí tienes una guía paso a paso para acertar con más precisión en tus decisiones:

1) Empieza por medir tu muñeca y su forma

Por algún lugar hay que empezar, y ese suele ser el diámetro de la caja. Antes de consultar catálogos de relojes buscando tu preferido, mide el contorno de tu muñeca más allá del hueso con una cinta métrica flexible y anota la circunferencia en centímetros. A una muñeca de unos 15 cm le encajaría mejor una caja de entre 34 mm y 38, según el experto estadounidense Teddy Baldassarre, mientras que una muñeca mayor, de entre 18 y 19 cm, puede acomodar un reloj más grande, de entre 39 mm y 42. Pero si de algo sirve conocer el diámetro de la muñeca es para descartar extremos.

A partir de aquí, ya podrías empezar a fijarte en ese dato medido en milímetros que siempre aportamos de un reloj, el diámetro, y compararlo con el tamaño de tu muñeca. Si la marca o el vendedor no lo proporcionan, cosa rara, necesitas un calibrador para calcularlo, preferiblemente uno con sistema métrico decimal. Pero no suele ser necesario.

El diámetro oficial de un reloj se mide de un extremo de la caja al otro, sin contar la corona e incluyendo el bisel, que forma parte de la caja. No incluye la corona, los pulsadores (en el caso de que se trate de un cronógrafo, por ejemplo) ni las asas. Muchas veces un reloj con un bisel fino parece más grande, pues la apertura de esfera es mayor, aunque el diámetro sea el mismo.

Observa también la forma de tu muñeca: ¿es más plana o muy redondeada? Y piensa si prefieres llevar el reloj ajustado o que baile un poco. Si puedes deslizar un dedo bajo la correa o el brazalete sin forzar, es que el reloj se siente cómodo.

2) Decide qué quieres que haga el reloj en tu muñeca

No todos los relojes deben quedar igual. Un reloj-joya como el Reina de Nápoles de Breguet, otro de buceo o un cronógrafo tienen motivaciones distintas. Los hay que funcionan mejor con una fuerte presencia, y otros, con grandes dosis de discreción. Un reloj que mide tiempos cortos o uno de submarinismo, por ejemplo, necesitan una esfera legible, por lo que no podrán ser muy pequeños.

La percepción cambia según el diseño, el bisel y la esfera, entre otros motivos. Piensa primero en el uso prioritario que le vas a dar al reloj: ¿quieres un ejemplar deportivo (que admite un tamaño más generoso), uno para ir a la oficina a diario (cómodo y versátil) o uno para salir de noche (menos grueso y que priorice el impacto visual)?

Muchas marcas relojeras ofrecen varias tallas de un mismo modelo con las medidas más populares. Lo hace Rolex con su Oyster Perpetual, que oscila entre 28 y 41 mm de diámetro, precisamente para adaptarse a perfiles de uso y muñecas distintos.

3) La distancia de asa a asa es clave

El diámetro no es la única medida que determina si un reloj se va a llevar cómodo. Si quieres evitar que sobresalga visualmente de los bordes de la muñeca, el dato decisivo es la distancia de asa a asa (lug-to-lug en inglés), esto es, la que hay de un extremo exterior a otro de las asas en vertical. No debe confundirse con el ancho de asa, que es la distancia entre los dos lados de las asas y se corresponde con la anchura de la correa del reloj. A día de hoy, son muchas las firmas que proporcionan esta información de sus relojes, aunque no todas lo hacen.

¿Por qué importa el ancho entre las asas? «Se ha llegado a decir que este detalle es más importante para que el reloj quede bien que el diámetro de la caja. Y es que, además de la ésta, las asas también deben ajustarse de forma cómoda en la muñeca, por lo que se debe tener en cuenta su longitud, junto con el diámetro, para determinar el ajuste general del reloj», dicen en la relojera alemana Nomos Glashütte.

4) El grosor importa más de lo que parece

Un reloj puede tener un diámetro razonable y, aun así, sentirse incómodo si es muy alto (grueso) o si el fondo de la caja sobresale. Por eso es útil también considerar su grosor y la proporción entre ambas cifras. Si el grosor es prominente, puede hacer que un reloj parezca más grande y se asiente peor, incluso con un lug-to-lug contenido. Y un reloj con el cristal abombado puede explicar una altura elevada pero en la muñeca no resultar exagerado en absoluto.

5) Fíjate en la forma de la caja y en la apertura de la esfera

Como se ha señalado, aquí se equivoca muchísima gente, pues dos relojes con el mismo diámetro pueden verse radicalmente distintos. Si el bisel es fino y la esfera grande, parece mayor en conjunto. Pero si el bisel es ancho y el dial más contenido, puede verse más compacto. Tampoco luce igual una caja cuadrada o rectangular que una redonda. Además, ciertas marcas utilizan medidas diagonales para los relojes de forma (los que no son circulares) que pueden confundir la comparación con un reloj redondo.

6) Brazalete, correa y cierre: el ajuste final

El mismo reloj puede parecerte perfecto con una correa de piel o de caucho y demasiado rígido con un brazalete, y viceversa. Los microajustes que permiten algunos brazaletes son muy importantes para encontrar la comodidad, para que un reloj no se mueva demasiado ni se clave en la muñeca. Afortunadamente, cada vez más enseñas relojeras mejoran esta parte del reloj para que el usuario lo lleve de manera despreocupada y agradable.