Guatemala combina volcanes, ciudades coloniales, sitios arqueológicos y una cultura viva que se refleja también en su gastronomía y en la forma de viajar el territorio. Con una propuesta que se aleja de la masificación, el país busca atraer a un viajero interesado en experiencias más pausadas, auténticas y conectadas con el entorno. Harris Whitbeck, director general del Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), explica cómo se articula esta visión y qué papel juegan las comunidades locales, la sostenibilidad y el valor del tiempo dentro del nuevo concepto de lujo que impulsa el destino.
En los últimos años, el concepto de lujo en turismo se ha alejado de la opulencia para centrarse en la experiencia. ¿Cómo define Guatemala el lujo desde su propia identidad como destino?
En Guatemala entendemos el lujo desde lo auténtico, lo humano y lo profundamente cultural. No se trata de exceso, sino de la posibilidad de vivir experiencias genuinas: compartir con comunidades ancestrales, descubrir paisajes auténticos o alojarse en espacios que dialogan con el entorno, en contacto con una herencia cultural viva.
Es un país que combina patrimonio histórico, naturaleza diversa y una fuerte dimensión cultural. ¿Qué tipo de viajero busca hoy Guatemala y qué experiencias considera realmente diferenciales frente a otros destinos?
Apostamos por un viajero consciente, curioso y exigente que valora la autenticidad y busca conectar con el lugar desde dentro. Guatemala ofrece experiencias únicas: explorar volcanes, lagos y selvas prácticamente intactos o descubrir una gastronomía de origen que refleja la riqueza cultural del país. Todo ello en un contexto donde naturaleza y cultura conviven de forma auténtica.
Habla de paisajes volcánicos, selva, lagos y comunidades vivas que conviven en un mismo territorio. ¿Cómo se articula esa diversidad para ofrecer experiencias exclusivas sin caer en la masificación?
Lo hacemos reconociendo la diversidad del país e involucrando a todos los protagonistas: sector turístico, autoridades locales y líderes comunitarios. Cada territorio propone experiencias diseñadas con respeto por las comunidades y el entorno natural, lo que permite crear propuestas más personalizadas, desde rutas culturales poco exploradas hasta experiencias privadas o turismo de naturaleza en espacios protegidos. La exclusividad nace de la planificación, del cuidado del entorno y de la identidad propia de cada destino.
¿Qué papel juegan las comunidades locales en la construcción de esa experiencia y cómo se garantiza que el turismo genere un impacto positivo y sostenible?
Las comunidades tienen un rol vital. Son quienes resguardan el conocimiento ancestral, la cultura viva y la relación con el territorio. Trabajamos de forma coordinada para que participen directamente en el diseño y la gestión de las experiencias turísticas, promoviendo un modelo participativo y respetuoso que genere beneficios reales para ellas y contribuya a la sostenibilidad del destino.
La gastronomía se ha convertido en un elemento clave del turismo premium. ¿Cómo está posicionando Guatemala su cocina dentro de su propuesta de valor?
La gastronomía guatemalteca representa un lujo profundo y honesto, basado en ingredientes ancestrales, técnicas tradicionales y propuestas contemporáneas reconocidas a nivel internacional. Apostamos por rutas gastronómicas vivas que permiten al viajero no solo degustar platos, sino conectar con la cultura a través de ellos. Hoy contamos con tres restaurantes destacados en Latin America’s 50 Best Restaurants, lo que contribuye a posicionar al país dentro del mapa gastronómico internacional, además de generar un vínculo directo entre productores locales, comunidades, chefs y restaurantes.
En términos de servicios y hospitalidad, ¿qué avances se están produciendo para responder a un viajero que valora el tiempo, la privacidad y la personalización por encima del volumen?
Apostamos por un modelo turístico que prioriza el bienestar del visitante y también el de las comunidades locales. Al impulsar destinos menos concurridos y experiencias diseñadas a medida, no solo protegemos el patrimonio cultural, sino que ofrecemos viajes más serenos, auténticos y memorables.
Desde una visión estratégica, ¿cómo se equilibra el crecimiento del turismo de lujo con la preservación del patrimonio natural y cultural del país?
El equilibrio llega cuando el turismo de lujo se concibe como una experiencia de conexión auténtica con el territorio, su cultura y su gente. Para nosotros, el lujo no está ligado al consumo, sino al cuidado y la responsabilidad: se diseña desde la protección del patrimonio natural y cultural, con las propias comunidades como protagonistas. Hablamos de planificación territorial, trabajo directo con comunidades locales, modelos de turismo comunitario y proyectos que impulsan la preservación cultural.
Mirando a futuro, ¿qué papel quiere jugar Guatemala en el mapa global del turismo de experiencias exclusivas y qué mensaje le gustaría trasladar al viajero que busca algo más que un destino?
Somos un destino de experiencias exclusivas con identidad, donde el lujo se vive desde la autenticidad, la profundidad cultural y la conexión con el territorio. Guatemala es para quienes buscan algo más que un destino: una experiencia con significado y una conexión real con el lugar y su gente.
