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La Super Bowl de Bad Bunny, en cifras: de los 18,70 dólares por ser una caña de azúcar a los 1.480 millones de alitas de pollo consumidas

Bad Bunny hace historia en el Half Time Show mientras la Super Bowl LX dispara cifras récord en audiencia, publicidad, salarios y aprendizaje de español a escala global.

Bad Bunny durante el Half Time Show del Super Bowl LX, la actuación más vista de la historia del evento. Foto: Getty.

La Super Bowl siempre ha sido una orgía de números descomunales, pero la edición LX ha llevado esa lógica un paso más allá. No solo por los millones que se mueven en publicidad, comida o audiencias, sino porque un artista –Bad Bunny– ha logrado convertir el descanso de un partido de fútbol americano en un fenómeno cultural medible en salarios, clases de idiomas y récords históricos.

Estas son las cifras que explican por qué el Halftime Show de 2026 ya es parte de la historia.

18,70 dólares la hora: el sueldo de una caña de azúcar

Uno de los detalles más comentados tras el espectáculo fue la peculiar oferta de trabajo lanzada por el equipo del artista puertorriqueño. Para dar forma a la puesta en escena, se buscó a personas dispuestas a encarnar cañas de azúcar humanas, sin bailar, pero con presencia física constante durante el show.

El casting incluía requisitos muy concretos: estatura entre 1,80 y 1,85 metros, complexión delgada y atlética —el peso de los trajes lo exigía—, buen nivel de español y comprensión de las letras de las canciones de Bad Bunny. No se pedía experiencia profesional, aunque se valoraba haber pertenecido a bandas de marcha. La disponibilidad debía ser total durante los días previos, con jornadas que llegaron a alcanzar las 14 horas.

El salario: 18,70 dólares por hora. En total, cada figurante cobró 1.309 dólares por 70 horas de trabajo. Un sueldo modesto si se compara con el contexto, pero suficiente para convertirse en uno de los datos más virales del espectáculo.

135,4 millones de espectadores: récord absoluto de audiencia

La gran cifra llegó cuando NBC hizo públicos los datos oficiales: 135,4 millones de personas vieron la actuación de Bad Bunny en el medio tiempo de la Super Bowl LX. Nunca antes un Halftime Show había sido tan visto.

El artista puertorriqueño no solo se convirtió en el primer latino en encabezar en solitario este escenario, sino también en el protagonista del espectáculo musical más seguido de todos los tiempos, superando el récord que Kendrick Lamar había marcado en 2025 con 133,5 millones de espectadores.

Para ponerlo en perspectiva, así queda el ranking histórico:

  • Bad Bunny (2026): 135,4 millones
  • Kendrick Lamar (2025): 133,5 millones
  • Michael Jackson (1993): 133,4 millones
  • Usher (2024): 129,3 millones
  • Rihanna (2023): 121 millones
  • Katy Perry (2015): 118,5 millones
  • Lady Gaga (2017): 117,5 millones

El crecimiento sostenido de la audiencia global del Super Bowl explica parte del fenómeno, pero el alcance internacional de Bad Bunny ha sido decisivo para empujar el contador más allá de lo conocido.

+35% de alumnos de español: el efecto Duolingo

El impacto no terminó cuando se apagaron los focos del estadio. En los días posteriores a la actuación, Duolingo registró un aumento del 35% en las inscripciones para aprender español.

No es la primera vez que la música actúa como catalizador cultural, pero el caso resulta especialmente revelador: millones de espectadores no angloparlantes ya conectan con el español como lengua global del entretenimiento. La actuación de Bad Bunny no solo se vio, también se escuchó, se cantó… y se quiso entender.

10 millones por 30 segundos: la publicidad más cara de la historia

La Super Bowl LX también rompió la barrera psicológica de la publicidad televisiva. Según NBCUniversal, algunos anuncios de 30 segundos alcanzaron los 10 millones de dólares, una cifra nunca vista hasta ahora.

Para contextualizar el ascenso: en 1967, los primeros anuncios costaban unos 40.000 dólares; no se superó el millón hasta mediados de los años noventa; en 2021 se pagaban 5,6 millones; en 2023, siete; en 2025, ocho; y ahora, ocho cifras largas.

Las marcas apostaron fuerte, con campañas protagonizadas por nombres como Lady Gaga, Ben Stiller, Emma Stone, Post Malone o Kurt Russell. Todo, para captar la atención de una audiencia que, por primera vez, superó con holgura los 135 millones de personas.

A esta cifra hay que añadir que el coste no se limita únicamente al espacio en pantalla. Las grandes marcas destinan presupuestos adicionales —en muchos casos equivalentes o superiores al propio precio del spot— a producción, contratación de celebridades, estrategias digitales y amplificación en redes sociales antes y después del partido. El anuncio de la Super Bowl se ha convertido así en una pieza central de marketing global, diseñada no solo para funcionar en directo, sino para vivir durante días en plataformas sociales, medios internacionales y conversaciones culturales. En un contexto en el que cada vez menos eventos concentran audiencias masivas en tiempo real, pagar 10 millones de dólares por 30 segundos se entiende menos como un gasto publicitario y más como una inversión estratégica en visibilidad, notoriedad y posicionamiento de marca a escala mundial.

1.480 millones de alitas de pollo

Si hay un indicador tan poco científico como infalible para medir la magnitud del evento es el consumo de comida. Según el Consejo Nacional del Pollo, los estadounidenses devoraron 1.480 millones de alitas durante el fin de semana de la Super Bowl: 10 millones más que el año anterior.

Una cifra que, aunque anecdótica, resume bien el espíritu del evento: todo crece, todo se multiplica, todo se lleva al extremo.

El Halftime Show como termómetro cultural

Más allá del partido, la Super Bowl se ha convertido en un escaparate donde se cruzan deporte, entretenimiento, publicidad y cultura global. La edición LX lo confirma: el Halftime Show ya no es solo un descanso musical, sino un termómetro de influencia, capaz de medir desde salarios temporales hasta tendencias educativas.

Bad Bunny ha demostrado que hoy el poder no se mide solo en discos vendidos o reproducciones, sino en la capacidad de mover audiencias, hábitos y conversaciones a escala planetaria. Y, a juzgar por las cifras, el marcador no podría ser más claro.

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