«El futuro de la moda es vintage«, esto lo dijo Virgil Abloh, director creativo de la propuesta masculina de Louis Vuitton hasta su muerte, en una entrevista. Un pensamiento compartido por Jonathan Anderson. Él mismo me lo comentó cuando le entrevisté en verano de 2022 para el Ibiza Issue de Tapas Magazine. Recuerdo que fui haciéndole preguntas mientras me mostraba su propuesta para JW Anderson, minutos antes de desfilar en Milán. Una de ellas, qué faltaba por inventar en moda. «Está todo hecho, lo que hay que ofrecer es algo diferente con lo que ya existe», sentenció. No bromeaba. Lo hizo durante 14 años en Loewe, lo hace cada temporada con su firma de nombre homónimo y, desde junio de 2025, en todas las líneas de Dior. Un nombramiento que, por cierto, fue un secreto a voces confirmado por Delphine Arnault, presidenta y CEO de Christian Dior Couture, cuando le anunció como el nuevo director creativo global de la Maison. Quitó a su mejor activo de Loewe para reforzar otra de las marcas más reconocidas del LVMH que no pasaba por su mejor momento.
Como he dicho, no bromeaba cuando aseguraba que todo estaba inventado y que bastaba –como si esa opción estuviera creativamente al alcance de cualquier mortal– con reeditar lo editado. Lo demostró en su primer trabajo para la marca, la colección masculina, lo volvió a recordar en la femenina y lo ha dejado visto para sentencia en su debut como diseñador de alta costura, a saber, su primera vez en este terreno dentro y fuera de Dior: su visión estética está en constante diálogo con el pasado y, mejor aún, con quienes le precedieron. No sólo lo confirma ese enorme lazo presente en sus diseños, recuperado del maestro Christian Dior, lo atestigua un John Galliano posando sonriente al lado de Jonathan Anderson justo después del desfile Christian Dior Couture SS2026, en el Museo Rodin de París, la semana pasada. Un gesto que dividió a la crítica. Que si era desafiante por parte de Anderson a quienes le pagaban la nómina, –recordemos que tras 15 años como director creativo en Dior, Galliano fue despedido de la marca en 2011 por «comentarios particularmente odiosos», tras verse envuelto en varias polémicas por insultos antisemitas y racistas, siendo los propietarios de la firma para la que trabajaba judíos–; que si la presencia de Galliano era más que necesaria, a pesar de los atenuantes, al tratarse de una colección homenaje a los archivos de la marca y a sus directores creativos.
Cábalas a un lado, si algo nos ha enseñado Anderson desde sus inicios es humildad. Su trabajo es un fiel reflejo. Toma inspiración de sus raíces, de su Irlanda natal, de la naturaleza que, como sus propuestas, evoluciona, respira, se mueve, de quienes le dieron todas las herramientas necesarias para llegar a presidir una de las marcas de moda más importantes de la historia de esta industria.
«Cuando yo estudiaba, Galliano fue un héroe para mí. Dior siempre será Galliano, y al revés. Y supe que tenía que estar aquí», ha confesado en una entrevista para BoF. Dicho por el protagonista, la presencia de su héroe en el front row de este desfile era más que necesaria. Tal vez porque, dada la herencia de la marca, la alta costura era la auténtica prueba de fuego de Anderson en esta nueva aventura profesional y se permitió hacer este homenaje silencioso, cargado de memoria y respeto, hacia una figura que una vez estuvo en su lugar e hizo historia. Cuando Anderson fue anunciado como el nuevo director creativo global de Dior, cuenta, Galliano le obsequió con flores –el elemento más recurrente en la etapa de Galliano en Dior–, un gesto que Anderson devolvió a su héroe a través de una colección donde las flores se materializaron en pendientes XXL y cintas de seda para las muñecas con esta forma.
Rendir tributo a quienes llevaron a Dior a brillar y honrar el legado de la Casa mientras abre las puertas a nuevas historias es la declaración de intenciones que Anderson firmó la pasada semana con su primer desfile de alta costura. Más allá de la ropa, ha reformado sutilmente la identidad de la marca. Ha sugerido un Dior que se siente arraigado en su legado, pero con un resultado inesperado, invitando tanto a admiradores desde hace mucho tiempo como a nuevas audiencias a enamorarse del tiempo. Y sabe de lo que habla, porque a él le ha pasado.
Llegó a la marca con la presión mediática empujando su pecho –con su entrada a Dior se convertía en el diseñador vivo con más colecciones presentadas al año–, hasta le vimos derramar lágrimas tras su primer desfile en junio de 2025. «Prueba superada», pensaría, porque se hizo con el aplauso y la ovación de quienes tenían la mirada puesta en él. Mucho más confiado, hace menos de siete días le vimos alzando la voz sin mediar palabra reivindicando un respeto a los genios de esta profesión: desde los cimientos estructurales de Christian Dior, hasta la expansión histórica de John Galliano y la moderación intelectual de Raf Simons. Las referencias a su predecesores aparecieron sin replicar su estética, sólo anunciando el nuevo amanecer de la firma francesa, donde la naturaleza y la artesanía se entrelazan y cada puntada lleva el latido del corazón de Dior.
Flores. Reconocimiento. Respeto. Linaje. Jonathan Anderson es un hombre de gestos. Si yo tuviera que hacer cábalas sobre el porqué de sus decisiones diría que este director creativo nos ha recordado que detrás del arte, de la innovación y el prestigio hay creadores que vierten todo su savoir-faire en su trabajo. Y que lo hacen con el único objetivo de demostrar que la autenticidad y la emoción pueden seguir brillando en los más altos niveles de creatividad, convirtiendo su desfile más importante en una naturaleza viva o reconociendo el mérito de la flor más importante de su jardín.
