El mercado de metales preciosos vivió días de gran volatilidad tras el anuncio de Donald Trump de nombrar a Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal. Tanto el oro como la plata registraron subidas históricas, pero poco después sufrieron fuertes caídas que dejaron desconcertados a comerciantes e inversores.
En el corazón del Distrito de los Diamantes de Manhattan, vendedores como «Moses The Jeweler» se encuentran tratando de calcular el valor real de los lingotes y joyas que tienen en sus manos. La semana pasada, los precios alcanzaron máximos históricos, pero un desplome cercano al 10% en solo media hora hizo temblar a los comerciantes. Para el viernes, la plata sufrió su mayor caída en un día, superior al 25%.
Muchos comerciantes, que prefieren mantenerse en el anonimato, aseguran que se vive un clima de pánico. Los refineros y compradores han reducido sus operaciones por miedo a perder dinero si los precios continúan bajando. Algunos establecimientos incluso cerraron temporalmente ante la incertidumbre.
Los analistas señalan que la reciente especulación se debe a la inflación latente en Estados Unidos y a las políticas económicas de Trump, que afectan la fortaleza del dólar. Esto ha convertido al oro y la plata, tradicionalmente activos refugio, en instrumentos de alta volatilidad.
A pesar de la incertidumbre, algunos inversores aprovechan la situación. Un comprador anónimo, identificado solo como Alex y originario de Polonia, asegura que está adquiriendo monedas de oro como protección contra la devaluación del dólar, y predice que el precio del oro podría alcanzar los 8.000 dólares en los próximos meses. Su testimonio refleja la estrategia de muchos pequeños inversores que buscan refugio en metales preciosos frente a la incertidumbre económica.
La plata, por su parte, se ha convertido en un recurso estratégico debido a su uso en baterías para vehículos eléctricos, aplicaciones médicas y tecnología militar. Su demanda se mantiene alta y ha atraído tanto a pequeños inversores como a grandes compradores internacionales.
En este contexto, los comerciantes del Distrito de los Diamantes viven días intensos: mientras algunos pierden oportunidades de ganancia, otros aprovechan para invertir y acumular metales, convencidos de que, pese a la volatilidad, el oro y la plata seguirán siendo un refugio confiable en tiempos de incertidumbre económica.
