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Catalina Fernández, CEO de Hifas da Terra: “Invertir más del 60 % de los beneficios en I+D no es una estrategia, es una responsabilidad”

La doctora que está al frente de la biotech de nutracéuticos fúngicos más grande de Europa lleva más de 25 años defendiendo el respeto a la ciencia, a los tiempos de la investigación y a las personas.

Catalina Fernández de Ana Portela, CEO y fundadora de Hifas da Terra, fotografiada en Forbes House el pasado 21 de enero. Fotografía: Jaime Partearroyo.

Catalina Fernández de Ana Portela (Pontevedra, 28 de marzo de 1974) no fundó su empresa siguiendo una tendencia, sino respondiendo a una vivencia que transformó su forma de entender la salud. Doctora cum laude en medicina en investigación clínica oncológica, bióloga, micóloga y fundadora de Hifas da Terra, lleva más de 25 años defendiendo una manera de hacer biotech basada en el respeto a la ciencia, a los tiempos de la investigación y a las personas. Al frente de la principal y única compañía europea que valida nutracéuticos fúngicos con ensayos clínicos doble ciego y randomizados, ha construido un proyecto que prioriza el conocimiento frente a la rentabilidad inmediata y la medicina preventiva frente a la urgencia. En esta conversación, reflexiona sobre liderazgo, ciencia y empresa desde un lugar poco habitual: el de la coherencia.

Ha explicado en varias ocasiones que el origen de Hifas da Terra está ligado a una experiencia personal. ¿Cómo influyó ese punto de partida en la manera de construir la compañía?

Absolutamente en todo. Hifas da Terra nace de una experiencia personal que me hizo entender la salud desde otro lugar: no como un concepto abstracto, sino como algo profundamente humano. Desde el inicio tuve claro que no quería crear una empresa centrada únicamente en el producto, sino un proyecto de investigación con propósito, orientado a mejorar de forma real la vida de las personas.

Ese origen marcó nuestra forma de trabajar: escuchar mucho, investigar con rigor y no buscar atajos. Nos enseñó a respetar los tiempos de la ciencia y a construir con una visión a largo plazo, incluso cuando eso significaba ir más despacio. Hifas se ha construido desde la profunda empatía con el médico y con el paciente o usuario, pero sostenida por el conocimiento.

Se fundó en 1998, cuando hablar de biotech, nutracéutica o medicina preventiva era todavía extraño. ¿En qué momento supo que los hongos podían convertirse en una herramienta científica con impacto real en la salud?

Fue un proceso. Cuando iniciamos este camino, cultivando las distintas especies, ya existía abundante evidencia científica en distintas partes del mundo que respaldaba el interés por las propiedades medicinales de los hongos. Su uso en la farmacopea es muy antiguo y está ampliamente documentado en diversas culturas. No es algo que haya creado nuestro grupo de investigación; simplemente no formaba parte del discurso habitual ni era vox populi en aquel momento.

Conforme fuimos profundizando en la investigación y aplicando metodología científica moderna, empezamos a confirmar con datos lo que se conocía desde hace siglos. Ahí se produjo el verdadero punto de inflexión: comprender que Hifas podía actuar como un puente entre el conocimiento tradicional y la ciencia actual, desarrollando productos serios y rigurosos capaces de trasladar esos beneficios a la sociedad y generar un impacto real en la vida de las personas.

Su trayectoria combina ciencia, empresa y una gran vocación investigadora. Si echa la vista atrás, ¿en qué terreno encontró más resistencias al poner el proyecto en marcha: en el científico o en el empresarial?

Curiosamente, las mayores resistencias no vinieron tanto del ámbito científico como del empresarial. En ciencia, cuando hay datos, método y transparencia, el diálogo es posible, aunque sea crítico. En el entorno empresarial, en cambio, costaba entender una propuesta que no priorizaba la rentabilidad inmediata ni seguía los tiempos habituales del mercado. Defender la inversión constante en investigación, sin atajos, fue durante años una posición poco cómoda, pero es precisamente lo que nos diferencia. Hoy, esa manera de hacer empresa es una de nuestras mayores fortalezas.

También hoy Hifas da Terra destina más del 60 % de sus beneficios a I+D y desarrolla ensayos clínicos doble ciego y randomizados, algo poco habitual. ¿Cuándo y por qué decidió elevar el nivel de exigencia hasta ese punto?

La decisión fue temprana y muy consciente. Si queríamos que los hongos medicinales fueran tomados en serio y, sobre todo, que las personas pudieran confiar en lo que hacíamos, teníamos que someternos al máximo nivel de exigencia científica.

Invertir más del 60 % de los beneficios en I+D no es una estrategia de diferenciación, es una responsabilidad. Los ensayos clínicos doble ciego y randomizados son la única manera de demostrar, con hechos, que lo que ofrecemos funciona. Para mí, es una cuestión de respeto: respeto por la ciencia y por cada persona que deposita su confianza en nosotros.

Defiende que la medicina del futuro será preventiva y natural. ¿Qué papel juegan los hongos medicinales en ese nuevo paradigma de salud que propone?

Los hongos medicinales encajan de forma natural en una medicina preventiva porque trabajan respetando la fisiología y los equilibrios del cuerpo. No buscan atacar síntomas de forma aislada, sino ayudar a modular sistemas clave, especialmente el sistema inmunológico.

En un mundo en el que todos los sistemas de salud se encuentran en jaque por el aumento significativo de la longevidad, cuidar y trabajar para prevenir antes de que aparezca la enfermedad será fundamental. Los hongos aportan potentes herramientas naturales, científicamente validadas, que ayudan al organismo a mantenerse fuerte y equilibrado. No se trata de sustituir a la medicina convencional, sino de complementar y ampliar las opciones para mejorar la calidad de vida.

La compañía investiga en áreas tan diversas como oncología, inmunología, salud mental o salud de la mujer. ¿Qué aprendizajes le ha dado esta mirada transversal sobre el funcionamiento del cuerpo y la salud a largo plazo?

El mayor aprendizaje es que el cuerpo funciona como un todo. No podemos entender una patología sin mirar el contexto completo: el sistema inmunológico, la inflamación, el equilibrio emocional, el entorno. Todo está conectado.

Esta mirada transversal con equipos multidisciplinares nos ha enseñado que la salud a largo plazo no se construye tratando problemas aislados, sino entendiendo los procesos comunes que los atraviesan. Esa visión integral es la que guía hoy nuestra investigación y nuestra manera de acompañar a las personas.

Lidera, desde Galicia, una empresa con presencia internacional, incluidas colaboraciones con universidades de Europa, Asia y próximamente Estados Unidos. ¿Cómo se construye un proyecto global sin perder identidad ni rigor científico?

Teniendo muy claro quién eres y por qué haces lo que haces. Galicia no es solo nuestro origen, es parte de nuestra identidad: la conexión con la naturaleza, el respeto por los ciclos y una forma de trabajar basada en la paciencia, rigor y tenacidad.

La internacionalización llega de forma natural cuando compartes valores y estándares científicos con otros centros de investigación. Colaboramos con universidades de todo el mundo porque hablamos el mismo lenguaje científico, sin renunciar a nuestra esencia. Crecer no significa diluirse, sino demostrar que tu manera de hacer las cosas tiene valor en cualquier lugar. Vivimos como galegos (risas).

Como mujer al frente de una biotech de base científica, ¿qué barreras ha encontrado a lo largo del camino y qué decisiones han sido clave para consolidar su liderazgo?

He encontrado barreras, especialmente al inicio, relacionadas con la credibilidad en entornos muy masculinizados, tanto en ciencia como en empresa. Pero decidí no intentar encajar en modelos de liderazgo que no sentía propios.

Aposté por un liderazgo basado en el conocimiento, la coherencia y la constancia. Con el tiempo, los datos, los resultados y el impacto real en las personas hablan por sí solos. Cuando ves que tu trabajo cambia vidas, entiendes que ese es el verdadero liderazgo.

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