En una soleada tarde de primavera en Mónaco, Filippo Ghirelli adopta un tono jovial mientras gira su portátil para mostrar la vista del Mediterráneo desde la ventana de su oficina. “Llevo viviendo aquí más de cinco años. Es una base estupenda”, dice durante una videollamada, antes de enumerar una lista de ciudades —Londres, Nueva York, Dubái— a las que viaja con frecuencia por trabajo.
Tres meses después, vuelve a hablar con Forbes, esta vez desde Londres. “Después de graduarme en la universidad [en Roma], me fui a África”, cuenta, mencionando países como Guinea y Malí, donde comenzó su carrera trabajando como ingeniero en proyectos de infraestructuras.
Ghirelli, de 45 años, ha tenido una trayectoria marcadamente itinerante. A finales de sus veinte y comienzos de sus treinta amasó una pequeña fortuna en el sector inmobiliario en Italia y el norte de África, para después estar a punto de perderlo todo en Egipto durante la Primavera Árabe. Más tarde regresó a Italia y se reinventó, fundando una empresa especializada en reducir los costes energéticos de grandes compañías.
Pero es a India a quien Ghirelli debe la mayor parte de su fortuna estimada en 1.500 millones de dólares. En enero de 2023 cerró la operación de su vida. Utilizando los ingresos obtenidos por la venta parcial de su empresa de eficiencia energética y de inversiones inmobiliarias, adquirió una participación del 25% en la segunda mayor refinería de petróleo de India, situada en la costa occidental del país, comprándosela al gigante del comercio de crudo con sede en Singapur, Trafigura.

Cuando Trafigura y la petrolera estatal rusa Rosneft adquirieron la refinería en 2017 junto a la firma de inversión moscovita UCP, la compañía fue valorada en 12.900 millones de dólares, incluida la deuda. Trafigura financió el 85% de su participación con un préstamo bancario, pagando el resto en efectivo.
Ghirelli había manifestado por primera vez su interés en comprar la participación de Trafigura en 2020. La transacción se cerró técnicamente en 2021, pero quedó bloqueada por las autoridades antimonopolio de la India. El acuerdo se anunció finalmente en 2023, once meses después de la invasión rusa de Ucrania, en un momento en el que Trafigura trataba de distanciarse de negocios vinculados a Rusia.
Ghirelli asegura que ese contexto no influyó ni en el precio ni en su decisión de invertir. Compró la participación de Trafigura por 169 millones de dólares, un 42% menos de lo que la firma había pagado en 2017. Hoy, Forbes estima que esa participación vale al menos 1.100 millones de dólares, netos de deuda.
Además de la refinería, la compañía —Nayara Energy— posee la mayor red privada de gasolineras de la India y un puerto de aguas profundas. A medida que India incrementa las importaciones de petróleo ruso barato para abastecer a una economía y una población en rápido crecimiento, Nayara se ha beneficiado ampliamente. En su ejercicio fiscal cerrado en marzo de 2025, la empresa registró un beneficio neto de 760 millones de dólares sobre 17.600 millones en ingresos, lo que supone un aumento del 500% en beneficios y del 25% en facturación desde 2022.
“Hemos visto cómo el valor del negocio ha crecido de forma exponencial”, afirma Ghirelli. “Ha sido una inversión financiera especialmente afortunada”.
Nayara es considerada uno de los activos más codiciados de la India. “Nayara desempeña un papel muy importante. India es un país en crecimiento, donde la demanda de combustible no deja de aumentar”, explica Pankaj Srivastava, vicepresidente senior de mercados de materias primas en la firma de análisis energético Rystad Energy. “Nayara cubre una parte significativa de las necesidades de combustible del país y está estratégicamente ubicada”.
Según un informe publicado en marzo por el medio indio The Morning Context, tanto la petrolera estatal saudí Aramco como el conglomerado del multimillonario indio Mukesh Ambani, Reliance, intentaron comprar Nayara. En junio, The Times of India informó de que Rosneft pedía hasta 20.000 millones de dólares.
Sin embargo, las conversaciones se estancaron en julio, cuando la Unión Europea impuso sanciones a Nayara debido a la implicación de Rosneft. Como consecuencia, varios bancos suspendieron pagos a la empresa, Microsoft bloqueó el acceso a sus servicios en la nube y se prohibieron las exportaciones a Europa. Irak y Arabia Saudí, que antes de las sanciones representaban el 37% de las importaciones de crudo de Nayara (el resto procedía de Rusia), también interrumpieron los envíos.
Los representantes de Rosneft y UCP no respondieron a las solicitudes de comentarios. Un portavoz de Saudi Aramco declinó hacer declaraciones, y un representante de Reliance Industries dijo a Forbes que la compañía “no está en conversaciones para adquirir Nayara”.

La empresa se recuperó con rapidez. Nayara vende aproximadamente dos tercios de su combustible en el mercado interno, por lo que quedar fuera de Europa no tuvo un impacto significativo. Además, encontró nuevos mercados de exportación, entre ellos Brasil, Sudán y Turquía, y trabajó con bancos locales para facilitar los pagos. Hoy, Nayara obtiene prácticamente todo su petróleo de Rusia y ha vuelto a refinar cerca de su capacidad máxima.
“A pesar de la presión desde múltiples frentes, Nayara ha logrado ampliar sus operaciones”, explica Sumit Ritolia, analista de la plataforma de inteligencia comercial Kpler. “El acceso constante a crudo ruso con descuento, nuevos esquemas logísticos, mercados de exportación emergentes y una red más amplia de compradores dispuestos a operar bajo sanciones han permitido, en conjunto, que la refinería funcione cerca de su capacidad económicamente óptima”.
Por su parte, Ghirelli asegura que ha sido un inversor minoritario pasivo y que ni siquiera ha hablado con nadie de Rosneft. Tampoco cree que las sanciones hayan perjudicado su inversión.
“La empresa depende esencialmente del mercado indio. Si todas sus ventas fueran en Europa o en Estados Unidos, quizá habría sido un problema, pero [las sanciones] no tuvieron ningún impacto en el desempeño de la compañía”, afirma, y añade: “Si acaso, podrían acelerar una venta, pero habrá que ver”.
Si Nayara llegara a venderse por una cifra cercana a la mencionada en la prensa —o incluso según las estimaciones más conservadoras de Forbes—, Ghirelli obtendría una ganancia superior al 500%. Pero, ocurra lo que ocurra con Nayara, Ghirelli ya está mirando hacia adelante. En 2024 lanzó una nueva firma de inversión llamada Infracorp, que planea desarrollar desde puertos espaciales y aeropuertos privados hasta centros de datos orbitales y reactores nucleares marinos.
Nacido en el seno de una familia de clase media en Roma en 1980, Ghirelli creció rodeado de un fuerte espíritu emprendedor. Su padre era propietario de una empresa de construcción, mientras que su madre dirigió durante años una compañía agrícola antes de dedicarse al sector inmobiliario.
Tras estudiar ingeniería civil en la Universidad de Roma y obtener un máster en administración de empresas en la escuela de negocios Luiss, dejó Italia en 2003 para trabajar como ingeniero de proyectos para la constructora Astaldi en África occidental. “Fue una experiencia increíble, pero también muy dura, porque son países donde construir es complicado”, explica, señalando proyectos en los que participó, como un puente entre Guinea y Mali.
Posteriormente trabajó en la construcción de autopistas en Turquía, antes de regresar a Italia en 2006 para desarrollar proyectos de alta velocidad ferroviaria para el gigante industrial italiano Impregilo, hoy conocido como Webuild. A los 27 años se incorporó a De Angelis Group, una pequeña firma inmobiliaria italiana propietaria de apartamentos, hoteles y clínicas médicas en Italia y Francia.
La tragedia golpeó en 2009, cuando el fundador del grupo De Angelis murió en un accidente de tráfico. Ghirelli cuenta que estaba en conversaciones con el fundador para adquirir una participación en la empresa, pero tras su fallecimiento negoció la propiedad de varios proyectos clave en los que había estado trabajando, entre ellos un centro comercial. A continuación, creó su propia empresa constructora y comenzó a invertir en desarrollos residenciales y comerciales en Marruecos y Egipto.
En 2013, se enfrentó a otro duro revés cuando estallaron las protestas antigubernamentales en Egipto. Ghirelli se vio obligado a abandonar el país y sufrió importantes pérdidas en sus desarrollos allí, lo que lo llevó a empezar de nuevo, una vez más, en Italia. “Fue una pérdida significativa, pero también una lección fundamental para seguir construyendo”, afirma.
Entonces dio un giro hacia la eficiencia energética y fundó Genera Group, una compañía que trabaja con clientes como el fabricante de neumáticos Pirelli y el gigante de bienes de consumo Unilever en proyectos de ahorro energético —como la instalación de paneles solares, sistemas de iluminación más eficientes o la recuperación del calor perdido en procesos industriales— y que obtiene una parte de los ahorros generados.
Vendió un 49% de la compañía al grupo alemán de gestión de activos IKAV en 2017 por una cantidad no revelada. Tres años después, recompró la participación de IKAV y vendió el 75% a la firma suiza de inversión Susi Partners por un pago inicial de 30 millones de dólares. Fue también en ese momento cuando empezó a plantearse invertir en Nayara.
“Teníamos dos objetivos. Uno era construir una biorrefinería para producir combustible sostenible para la aviación, que permite a los aviones contaminar menos que con el queroseno convencional”, explica Ghirelli. “El otro era cerrar un acuerdo con el gobierno indio para fabricar mototaxis eléctricos y ofrecer sistemas de intercambio de baterías en las más de 6.500 gasolineras de Nayara”.
La guerra en Ucrania frustró esos planes. Ghirelli siguió adelante con la inversión, pero dio un paso atrás en la gestión. “Decidimos convertirnos en inversores pasivos [en Nayara]”, afirma. “Cumplimos nuestra parte en el ámbito de la sostenibilidad, pero concentramos nuestros recursos en otros frentes”.
Tras vender el resto de Genera a Susi Partners en diciembre de 2024 por una suma no divulgada, y con la vista puesta también en una posible salida de Nayara, Ghirelli está ahora completamente centrado en Infracorp, su firma de inversión de amplio espectro. La compañía divide sus inversiones en cuatro grandes áreas: transporte e infraestructuras, transición e independencia energética, economía espacial y inteligencia artificial descentralizada y seguridad.
Hasta ahora, asegura haber comprometido más de 100 millones de dólares e invertido en más de 65 proyectos. Entre ellos se incluyen plantas de biometano y bioetanol en Estados Unidos, una instalación en Italia que convierte residuos de automóviles en energía y 18 centros de datos en desarrollo en Italia y Francia. También afirma estar trabajando en planes de ingeniería para centros de datos orbitales y centrales nucleares marinas en Italia.
La operación más destacada anunciada hasta la fecha es la compra, en 2024, del Aeropuerto Riviera, un pequeño terminal de jets privados en la costa noroeste de Italia, cerca de Génova, situado a solo 80 minutos por carretera —o 25 minutos en helicóptero— de Mónaco. Ghirelli planea transformarlo en un centro de aviación para el principado, que no dispone de aeropuerto propio, y convertirlo en el primero de una red de 16 aeropuertos privados repartidos por Europa, con una inversión aproximada de 60 millones de dólares por instalación.
“Los aeropuertos comerciales son cada vez más difíciles de utilizar para los jets privados, y los vuelos privados están aumentando y seguirán creciendo a medida que las nuevas tecnologías reduzcan sus costes”, afirma Lefebvre d’Ovidio, señalando a los aviones eléctricos desarrollados por compañías como la californiana Joby Aviation. “Hay un enorme potencial para los aeropuertos privados”.
En cuanto a de dónde saldrá la financiación para proyectos de esta magnitud —más allá de su propio capital, especialmente si decide vender su participación en Nayara—, Ghirelli no muestra preocupación alguna. “Cuando tienes un modelo de negocio con flujos de caja previsibles, es bastante fácil encontrar dinero”, asegura. “No estamos teniendo ningún problema para conseguir financiación en todo el mundo. Hay un gran interés desde Oriente Medio por financiar este tipo de iniciativas”.
Sus asesores coinciden. “La gente inteligente no utiliza su propio dinero. Utiliza los mercados de capitales”, afirma Güçlü Batkın, consejero delegado de la cadena turca de clínicas oftalmológicas Dünyagöz y asesor de Infracorp. “Hay muchísimo capital esperando ser invertido en todo el mundo. Solo hay que saber dónde captar ese capital y con quién hacerlo, y él tiene un gran entendimiento de eso”.
Otro de los asesores de Infracorp, Massimiliano Ladovaz, consejero delegado de la empresa de tecnología aeroespacial SpinLaunch, respaldada por capital riesgo, añade: “Tiene una mentalidad un poco estadounidense, en el sentido de que está dispuesto a asumir riesgos. Y sabe pivotar en el momento adecuado”.
Aún es demasiado pronto para juzgar las últimas apuestas de Ghirelli. Pero hay algo de lo que dice estar convencido: cuando haga balance, superará con creces la enorme rentabilidad que obtuvo con Nayara. “Creo que vamos a conseguir algo cercano a cuatro o cinco veces lo que estamos ganando con Nayara”, afirma. “Especialmente en el ámbito del espacio y los centros de datos”.
Si lo logra, probablemente no será a corto plazo, sino dentro de varios años.
