Actualidad

Más allá de los Alpes: por qué el Foro Económico Mundial podría dejar Davos

Según informó el Financial Times, el WEF estaría considerando abandonar Davos como sede fija y evolucionar hacia un foro itinerante, con ediciones celebradas en distintas ciudades del mundo y con un mayor grado de apertura al público.

Situada a más de 1.560 metros de altitud, Davos presume de ser la ciudad más elevada de los Alpes y, desde hace décadas, uno de los epicentros simbólicos del poder global. Su nombre quedó definitivamente inscrito en la historia contemporánea al convertirse en la sede del World Economic Forum (WEF), el encuentro anual que reúne a jefes de Estado, presidentes de multinacionales, líderes financieros y responsables de organismos internacionales.

Cada enero, más de 3.000 participantes entre ellos decenas de mandatarios y cientos de CEO, transforman esta tranquila localidad del este de Suiza en una fortaleza diplomática. La mayoría llega en jets privados a aeropuertos cercanos, especialmente Zúrich, desde donde completan el trayecto final en helicópteros militares o privados, debido tanto a la compleja orografía alpina como a los estrictos protocolos de seguridad. En el caso del presidente de Estados Unidos, el desplazamiento incluye incluso aeronaves específicas como Marine One.

Durante la celebración del Foro, el espacio aéreo en torno a Davos queda restringido en un radio aproximado de 47 kilómetros, bajo control directo de las Fuerzas Aéreas Suizas, una medida que ilustra el nivel de blindaje del evento. Ya en tierra, los desplazamientos se realizan casi exclusivamente en vehículos oficiales blindados y servicios de chófer de alta gama, en un despliegue logístico que no tiene precedentes para una ciudad de apenas 11.000 habitantes.

Sin embargo, precisamente en este escenario icónico del poder económico y político global ha comenzado a filtrarse una idea que podría marcar un punto de inflexión. Según informó el Financial Times, el WEF estaría considerando abandonar Davos como sede fija y evolucionar hacia un foro itinerante, con ediciones celebradas en distintas ciudades del mundo y con un mayor grado de apertura al público. La propuesta ha sido respaldada por Larry Fink, presidente de BlackRock y actual copresidente interino del consejo del Foro, quien ha señalado ciudades como Detroit, Dublín, Yakarta o Buenos Aires como posibles anfitrionas futuras.
“El Foro debería empezar a hacer algo nuevo: estar presente y escuchar en los lugares donde realmente se construye el mundo moderno”, afirmó Fink.

El debate no surge en el vacío. La creciente atención mediática y el aumento constante de asistentes han convertido a Davos en un enclave cada vez más limitado desde el punto de vista logístico. La capacidad hotelera es reducida, los espacios de hospitalidad son escasos y cualquier visita de alto nivel, especialmente la del presidente estadounidense, multiplica la complejidad operativa y los costes de seguridad. El encanto alpino, que durante años fue parte del atractivo del Foro, empieza a percibirse como un obstáculo.

¿Qué implicaría, entonces, trasladar la sede del WEF? Un foro itinerante podría ampliar su impacto geográfico, acercarse a economías emergentes, reducir la percepción de elitismo y adaptarse mejor a las dinámicas del poder global contemporáneo. Al mismo tiempo, supondría renunciar a un símbolo histórico y replantear por completo el modelo de influencia, visibilidad y networking que Davos ha perfeccionado durante más de medio siglo.

Estas discusiones coinciden con un momento de transición institucional en el liderazgo del Foro. En agosto, Larry Fink y André Hoffmann, vicepresidente del grupo Roche, asumieron como copresidentes interinos del consejo directivo, tras la salida de su fundador, Klaus Schwab. Schwab dimitió en abril, después de que salieran a la luz acusaciones relacionadas con la gobernanza y la gestión financiera del organismo. Una investigación interna lo exoneró de conducta delictiva y de irregularidades materiales, aunque sí identificó deficiencias de procedimiento.

Más allá de las conclusiones formales, el episodio abrió una nueva etapa en la historia del WEF. Bajo una administración interina y en un contexto de críticas crecientes, que apuntan a una pérdida de relevancia y a una excesiva orientación hacia las élites, el Foro se ve ahora obligado a replantear su futuro. La posible salida de Davos no sería solo un cambio de escenario, sino una señal estratégica de que el WEF busca redefinir su papel en un mundo donde el poder ya no se concentra en un solo lugar.

Artículos relacionados