Todo lo que hacemos en esta vida es expresión de unos valores. Los valores se expresan mediante nuestras acciones.
Los valores son los que nos mueven a hacer las cosas, y a hacerlas de una determinada
manera.
Valor es propósito. Y el propósito genera valor.
En el ámbito organizacional, está demostrado que el propósito no solo genera valor, sino
que además es lo que cohesiona a la organización y nutre el vínculo con los empleados.
También es lo que la conecta con la sociedad -en términos de marketing, con los usuarios-.
El marketing es una herramienta de mercado. El mercado es el lugar donde se comercia
con los productos, ya sean alimentarios o financieros -curiosamente se habla del mercado
de valores-. Incluso políticos.
Pero considerar la política como un mercado es poco inteligente:
Ese mercado es el de la vida de las personas. No hay mercado con un alcance más global.
Impacta directamente sobre toda la sociedad, y, a nivel geopolítico, sobre todas las
sociedades.
Los seres humanos no solo somos usuarios a los que vender un producto, menos aún el
producto -como se considera en el entorno digital- . Somos seres conscientes. Pero hay
distintos niveles de conciencia: una conciencia libre nos da una visión más completa, lo que
nos permite ser más libres. Una conciencia condicionada es menos libre.
Esto lo podemos comprobar cuando vamos al mercado. Si hemos tenido la experiencia de
visitar un mercado de alfombras en uno de esos lugares donde es tradición a lo largo de
generaciones, podemos observar con claridad las tácticas que se han desarrollado a lo
largo de los siglos. Lo primero es captar la atención del posible comprador, para lo cual se
recurre a todo tipo de triquiñuelas que impacten en su psicología y que le lleven a limitar su atención a algo muy pequeño, una alfombra. Es decir, capturar su mente. A partir de ahí,
todos nos convertimos en mentes cautivas, mentecatos.
Ya sea un vendedor de alfombras o una red social, una vez mordemos el anzuelo nos
convertimos en su pesca. Y una atención capturada es presa de su captor.
La política gestionada desde este corto alcance persigue hacernos a todos mentecatos. Y, a
su vez, solo las mentes cautivas pueden considerar la política como un mercado de
alfombras y no comprender las consecuencias: comprar un alfombra condiciona la
decoración de nuestra casa, pero comprar una opción de gobierno condiciona nuestras
vidas, condiciona a la sociedad, condiciona al conjunto de la humanidad
Y le da poder al mentecato, de modo que puede llegar el día en el que lleguemos al
mercado y tengamos que comprar la alfombra a punta de pistola, movidos por el miedo y la coacción. Ya seamos una persona o una nación.
Dedico este artículo a mi padre, en su aniversario.
