La entrada de Saks Global en protección por bancarrota bajo el Capítulo 11 ha destapado una realidad incómoda para la industria del lujo: incluso los gigantes más poderosos del sector están expuestos cuando el sistema minorista se resquebraja. Detrás de las cifras multimillonarias y los nombres ilustres, se abre ahora una compleja carrera por recuperar pagos pendientes, mientras miles de proveedores más pequeños enfrentan un futuro incierto.
Saks Global —matriz de Saks Fifth Avenue, Neiman Marcus y Bergdorf Goodman— acumula una deuda comercial que afecta a entre 10.001 y 25.000 acreedores, según documentos judiciales. Aunque la atención se centra en las grandes casas de lujo, la mayoría de los proveedores afectados son marcas independientes, agencias creativas y profesionales que podrían no recuperar gran parte de lo adeudado.
Las grandes cifras: quién debe cuánto
El listado de los 15 mayores acreedores no garantizados funciona como un mapa del poder —y del riesgo— dentro del lujo global:
Chanel: 136 millones de dólares
Kering: 59,9 millones de dólares
Rosen-X: 41,4 millones de dólares
Capri Holdings: 33,3 millones de dólares
Mayhoola: 30,9 millones de dólares
PwC: 30,9 millones de dólares
Richemont: 26,3 millones de dólares
Ermenegildo Zegna: 26,3 millones de dólares
LVMH: 26 millones de dólares
Akris: 23,1 millones de dólares
Beiersdorf: 22,2 millones de dólares
Fine Fragrances Distribution: 21,6 millones de dólares
Christian Louboutin: 21,6 millones de dólares
Brunello Cucinelli: 21,3 millones de dólares
Europerfumes: 17,3 millones de dólares
La sorpresa del listado es Rosen-X, una firma con sede en Shanghái que ocupa el tercer puesto, por delante de varios conglomerados históricos del lujo europeo.
Gigantes protegidos, pequeños expuestos
Según expertos en derecho de la moda, el impacto real de esta bancarrota será profundamente desigual. En procesos de Capítulo 11, el tribunal suele autorizar una lista de “proveedores críticos”, considerados esenciales para que el negocio continúe operando. Estos proveedores tienen prioridad de cobro. Las grandes casas —Chanel, Gucci, Louis Vuitton— probablemente entren en esa categoría.
“Chanel va a sobrevivir, prosperar y probablemente cobrará el 100% de lo adeudado”, explica una especialista en derecho de la moda. “El problema real son las marcas pequeñas y los proveedores independientes, para quienes estas cantidades son existenciales.”
El impacto humano detrás del lujo
Mientras los conglomerados absorben el golpe, el efecto dominó ya se siente en trabajadores y pequeñas empresas. Modelos, agencias creativas y marcas nicho llevan meses sin cobrar por trabajos ya realizados o mercancía entregada.
Algunas firmas dependen de Saks o Neiman Marcus para más del 50% de sus ingresos anuales, lo que convierte la falta de pagos en una amenaza directa a su supervivencia. Para muchos, la incertidumbre no es solo financiera, sino estructural: menos producción, menos marketing y menos capacidad para competir.
Una segunda oportunidad… con condiciones
No todo es negativo. Saks ha asegurado 1.750 millones de dólares en financiación para reestructuración, lo que permitirá mantener operaciones, renegociar contratos y —potencialmente— pagar parte de las deudas pendientes.
Varias marcas ya han confirmado que seguirán enviando producto para las próximas temporadas, confiando en que el proceso judicial aporte mayor estabilidad operativa que la situación previa.
Además, los proveedores aún tienen dos vías legales: solicitar ser considerados «proveedores críticos» y reclamar mercancía enviada recientemente, bajo la regla de recuperación de productos entregados en los últimos 45 días.
Un punto de inflexión para el lujo
La quiebra de Saks Global no es solo un problema financiero: es una advertencia estructural. El modelo tradicional del retail de lujo, basado en grandes almacenes con pagos diferidos y altos volúmenes, está bajo presión en un entorno de costos crecientes, consumo cambiante y márgenes más estrechos.
Para algunos, este será el momento de cortar pérdidas y apostar por el canal directo al consumidor. Para otros, será una prueba de resistencia. Lo que está claro es que, tras esta bancarrota, el equilibrio de poder entre marcas y retailers ya no volverá a ser el mismo.
