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El Barça levanta la Supercopa en Arabia Saudí en un Clásico de alto impacto económico

La Supercopa es el cuarto torneo nacional por rango deportivo, pero no por capacidad de generación de ingresos. Desde que la RFEF trasladó la competición a Arabia Saudí, el evento forma parte de un contrato que ronda los 40 millones de euros anuales para la federación española, según cifras públicas del acuerdo marco firmado con el país anfitrión.

El entrenador del FC Barcelona, ​​Hansi Flick, tendrá que ajustar su mediocampo y ataque para la final de la Supercopa de España del domingo, mientras los catalanes buscan defender su título contra el viejo enemigo en un Clásico celebrado en Arabia Saudita. NurPhoto vía Getty Images

El FC Barcelona se proclamó campeón de la Supercopa de España tras imponerse al Real Madrid en un Clásico de alta intensidad competitiva y, sobre todo, de enorme valor estratégico para el fútbol español. Más allá del resultado y del peso simbólico del primer título del curso, la final disputada en Arabia Saudí volvió a confirmar que la Supercopa es hoy un activo financiero de primer orden para la RFEF y para los grandes clubes.

Por supuesto, jugar la Supercopa lejos de España ha generado cierto malestar entre los aficionados, que se ven imposibilitados de asistir al partido en directo, pero para los clubes la historia cambia, ya que se trata de una importante oportunidad económica que no pueden dejar pasar, sobre todo si se juega en enero, a pocas semanas del inicio del mercado de invierno. En definitiva, los negocios son los negocios.

En el césped, el Barcelona se sostuvo sobre la jerarquía ofensiva de Raphinha, decisivo en los momentos clave de un partido que el Real Madrid nunca dio por perdido, impulsado por el desborde constante de Vinicius. En el plano económico, ambos clubes jugaron otra final: la de la visibilidad global, los ingresos garantizados y el refuerzo de marca en un mercado prioritario como Oriente Medio.

Un título menor en el palmarés, mayor en la cuenta de resultados

La Supercopa es el cuarto torneo nacional por rango deportivo, pero no por capacidad de generación de ingresos. Desde que la RFEF trasladó la competición a Arabia Saudí, el evento forma parte de un contrato que ronda los 40 millones de euros anuales para la federación española, según cifras públicas del acuerdo marco firmado con el país anfitrión.

De ese montante, una parte sustancial se reparte entre los clubes participantes. FC Barcelona y Real Madrid, considerados “clubes tractores”, perciben habitualmente entre 6 y 8 millones de euros cada uno solo por participar, independientemente del resultado final. El campeón añade un bonus deportivo adicional, que sitúa el ingreso total del ganador en una horquilla próxima a los 8-9 millones de euros por una competición de apenas dos partidos.

Para ponerlo en contexto: ganar la Supercopa puede equivaler a varias jornadas de Champions League en ingresos netos, sin el desgaste estructural de una fase larga.

Derechos televisivos: un producto premium para audiencias globales

El valor audiovisual es otro de los pilares del negocio. La Supercopa se comercializa como un paquete internacional independiente, con especial foco en Europa, Latinoamérica y Asia. En España, los derechos se reparten entre operadores de televisión en abierto y plataformas de pago, mientras que fuera del país el Clásico funciona como evento premium, con audiencias que superan con holgura los 100 millones de espectadores acumulados. Para los operadores, el atractivo no reside solo en el trofeo, sino en la garantía de un Real Madrid–Barcelona en enero, una anomalía de calendario que multiplica el valor publicitario del producto y permite tarifas de patrocinio superiores a las de una final copera tradicional.

Arabia Saudí, escaparate estratégico

La elección de Arabia Saudí no es accidental. El país utiliza la Supercopa como parte de su estrategia de sportswashing y posicionamiento global, mientras que los clubes encuentran un entorno de alto poder adquisitivo, patrocinadores locales y una afición joven, digital y consumidora de marca. El público en el estadio y la activación comercial, fan zones, acuerdos con sponsors regionales y visibilidad institucional, refuerzan el mensaje: la Supercopa ya no es solo un torneo, es una plataforma de negocio itinerante. En el plano deportivo, el partido confirmó dos modelos: un Barça dominante desde el juego y un Madrid competitivo desde el talento individual. En el plano empresarial, confirmó algo aún más relevante: cada Clásico es una cuenta de resultados positiva antes de que ruede el balón.

La Supercopa no decide una temporada, pero sí financia parte de ella. Y en un fútbol cada vez más tensionado por el control financiero, ganar o simplemente jugar este torneo tiene un impacto que va mucho más allá del marcador.

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