Opinión Guillemette Sanz

¿Dinosaurio o no dinosaurio?

"La inteligencia trae consigo la necesidad de cambiar, una vez más, la manera de ver nuestro oficio, de crear nuestras campañas, o de trabajar nuestros procesos creativos". Foto: Getty.

Soy un dinosaurio, tengo 57 años. Llevo 30 años trabajando en el mundo de la comunicación y, por lo menos, 15 escuchando que mi profesión está en peligro de extinción. 

Hagamos un breve repaso: Nota Bene, la agencia de prensa y relaciones públicas que he co-creado y que co-dirijo, ha cumplido 30 años este verano. Soy de los que arrancaron su vida profesional con un fax, un teléfono fijo y un viejo ordenador compartidos entre tres personas, enviando diapositivas en fundas de plástico por mensajero para dar a conocer lo que iban lanzando nuestras marcas. 

Primero llegó Internet, los bloggers y las versiones online de los medios de comunicación. Luego fueron las redes sociales: Facebook, Twitter… En resumen, la revolución digital. Cuando esto llegó muchos auguraron el fin de las agencias de comunicación. Porque, claro, la revolución digital ha sido todo un palo. ¿Íbamos a ser capaces de adaptarnos? ¿Cómo sobrevivir cuando medio sector nos decía, día y noche, con voz sepulcral y tono compungido: “el PR ha muerto”? Es cierto que en los primeros años empezaron a surgir agencias exclusivamente digitales, en las que nuestros clientes confiaban cada vez más. Al principio, pensamos que los aspectos más tecnológicos de la comunicación digital iban a suponer una barrera para nosotras. Sin embargo, desde que nació la agencia, hemos hecho, sin saberlo, storytelling: creamos historias relevantes, impactantes, emocionantes, para dar a conocer las marcas que confiaban en Nota Bene. El segundo eje fundamental de nuestra actividad es, desde 1995, nuestras fuertes conexiones, que siempre nos han permitido amplificar estas historias en los medios de comunicación y, más adelante, las plataformas digitales.  

Gracias a esto hemos invadido, hace 30 años, las portadas de periódicos y revistas, de televisiones y radios, cuando vinieron a Madrid las Spice Girls para promocionar un scooter de Aprilia, o cuando Pamela Anderson nos obligó a cortar la Gran Vía madrileña para lanzar una pizza de Pizza Hut. Y por el mismo motivo, la semana pasada los medios y las redes sociales de España viralizaron el patrocinio de Old Spice a la Selección Española de Fútbol a cuenta del olor de la camiseta de la selección. 

La llegada de la Inteligencia Artificial

Y llegó la IA. Con los mismos comentarios compungidos, con los mimos miedos de siempre sobre mi edad o la de la agencia. La inteligencia trae consigo la necesidad de cambiar, una vez más, la manera de ver nuestro oficio, de crear nuestras campañas, o de trabajar nuestros procesos creativos. Es otra revolución, que nos obliga a cambiar y adaptarnos. En definitiva, a innovar. Pero finalmente, volvemos a lo esencial. La IA, como dice su nombre, es inteligencia, cierto, pero es también artificial. Reinterpretará de forma brillante creaciones humanas, pero no es creativa en sí, no inventa nada. Sobre todo, es incapaz de reemplazar las relaciones, las conexiones entre personas, con sus emociones, sus sentimientos.  

Así que aquí estoy, adaptándome a nuevas tecnologías, usando la inteligencia artificial, explorando nuevas formas de trabajar y comunicar. Pero esta vez con la certeza de que las ideas, la emoción y las conexiones nacen y se fortalecen gracias a las personas, en el mundo real. En este sentido, me gustaría acabar con una iniciativa muy bonita que hemos ayudado a amplificar hace unos meses: Samsung ha lanzado el Mind Guardian, una herramienta que usa la IA para ayudar a pacientes de Alzheimer y sus familias en la detección precoz de la enfermedad.  

Me apasiona ver hoy cómo la unión de los pilares de siempre de mi trabajo y la tecnología más puntera permiten tener un impacto positivo sobre la sociedad.  Así que, ¿quién ha dicho dinosaurio?

*Guillemette Sanz, socia y co-fundadora de Nota Bene.

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