Desde 1921, los vinos espumosos de Garmona nacen del mismo respeto a la tierra y al tiempo que impulsa a la familia desde 1881. Bajo la marca colectiva europea Corpinnat, sus elaboraciones se distinguen por desafiar el tiempo, siendo pioneros en largas crianzas, con más de 140 meses en algunos casos, y por una viticultura biodinámica que conecta cada botella con la memoria viva de sus viñas.
En esa tradición se inscribe Gramona III Lustros, un espumoso que pronto celebrará su 75 aniversario y que nació con una idea tan simple como revolucionaria: demostrar que el tiempo, bien empleado, es un maestro insuperable. La prolongación de la crianza, lejos de apagar la frescura del xarel·lo del paraje Font de Jui, multiplicó su profundidad aromática y su textura, revelando una finura que hoy es sello inconfundible de la casa.

El paraje Font de Jui, en Sant Sadurní d’Anoia, es un pequeño mosaico de viñas que rara vez superan la hectárea y media. Allí, entre 185 y 228 metros de altitud, el xarel·lo y el macabeo encuentran un suelo franco arcilloso salpicado de caliza que imprime una acidez elegante y una estructura vertical. Son viñas que beben del arroyo que da nombre al lugar y que se trabajan siguiendo los ritmos naturales y la sensibilidad biodinámica, lo que permite a las vides expresar con precisión la identidad del terruño.
La filosofía de la familia es sencilla y radical al mismo tiempo: el vino nace en la viña. Ese convencimiento ha guiado generaciones enteras que han aprendido a escuchar las necesidades del suelo, del clima y de la planta, impulsando una viticultura resiliente y coherente con los retos actuales. Para compartir todo ese conocimiento, Gramona ha dado voz a científicos, expertos y maestros del sector en una serie de entrevistas disponibles en su web, un archivo vivo que muestra el valor cultural y técnico del viñedo.
Gramona III Lustros: el viaje
Pero si la viña es historia, la cava es el viaje. Allí empieza el viaje silencioso de Gramona III Lustros. Tras el tiraje, las botellas reposan más de ochenta meses en calma absoluta, cerradas con corcho natural para favorecer la microoxigenación. Los maestros artesanos acompañan ese reposo con gestos aprendidos a lo largo de décadas: la puesta en punta, el removido manual en pupitre, el degüelle también a mano. Cada botella es la suma de cientos de pequeños actos de precisión y paciencia.

La historia de III Lustros habla también de intuición y de valentía. Bartomeu y Josep Lluís Gramona, cuarta generación, observaron cómo las botellas olvidadas por las guerras habían evolucionado hacia una expresión más compleja y sedosa. Mientras el mercado pedía vinos jóvenes y frescos, ellos decidieron elegir el camino más largo: el del reposo prolongado. Apostaron por la calidad antes que por la tendencia, iniciando una revolución, seguida por los elaboradores más inquietos de la
zona, que aún hoy define la identidad
de Gramona.
Esa visión encontró un nuevo impulso cuando la família fue cofundadora de Corpinnat, una marca colectiva europea que identifica vinos espumosos de altísima calidad, elaborados exclusivamente en el Penedès y con crianzas largas que rivalizan con las grandes referencias del mundo. Un paso firme para reivindicar la excelencia del terruño y situar estos espumosos en el lugar que merecen.
Gramona, en definitiva, es mucho más que una bodega. Es una familia que trabaja para que el tiempo hable a través del vino. Que escucha la tierra, que honra la tradición y que abraza el futuro sin renunciar a su esencia. En cada III Lustros hay una parte de esa historia: un espumoso que no se limita a acompañar celebraciones, sino que se convierte en una celebración en sí mismo.
