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Zenit, el selecto club que se hereda

La historia de Iberia Cards es la historia de cómo un modelo de fidelización se convierte en motor de crecimiento para todo un sector. La compañía ha sabido unir a partners de múltiples industrias bajo un mismo propósito: hacer que España viaje. Y vaya si lo ha conseguido.

“Los partners son esenciales; enriquecen nuestra propuesta y ganan visibilidad”, explica Francisco Javier Cobo Velasco, director general de Iberia Cards, subrayando la importancia de un modelo que funciona por recurrencia y relación continua. En este punto entra Zenit, una tarjeta que pertenece a un espacio silencioso, restringido y profundamente personal. No nació para ser masivo, pero sí para confirmar a quienes ya estaban en lo más alto. Es un club heredado por trayectoria.

Ese carácter exclusivo se percibe desde la bienvenida. La caja personalizada, la carta dirigida solo al cliente y el diseño champagne satinado son parte de un ritual que celebra la pertenencia. “No somos solo una tarjeta, somos una extensión del estilo de vida del viajero”, recuerda Cobo, y en Zenit, este principio se convierte en una promesa cumplida.

El funcionamiento del club se refuerza con un seguimiento proactivo, comunicaciones de alto valor y una atención que no espera a que el viajero pregunte. Zenit existe para eliminar fricciones y crear continuidad. Es una tarjeta que actúa. Y esa proactividad construye una sensación de compañía real, casi íntima.

El valor del club se amplifica a través de la red de colaboradores que Iberia Cards ha tejido durante años. Partners como Repsol, Civitatis, Avis, Cabify o Barceló permiten que Zenit se viva más allá del aeropuerto: en el coche, en el hotel, en la experiencia local. Cada uno suma una capa de utilidad y exclusividad al viaje.

La confianza es otro pilar del club Zenit. Integrada en la infraestructura global de Visa, la tarjeta ofrece seguridad, flexibilidad y una cobertura que acompaña al viajero en cualquier destino. En un entorno donde la digitalización avanza, Zenit se convierte en una herramienta que combina emoción con precisión técnica.

Esta combinación convierte a Zenit en un símbolo. Un icono que premia la trayectoria, celebra el estilo de viaje y abre puertas sin necesidad de anunciarlas. Por eso, Zenit se sitúa en un territorio donde la excelencia es natural y donde cada viaje se convierte en un acto de pertenencia. Ser Zenit es formar parte de una élite que no se exhibe, silencios, que, simplemente, existe.

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