En un momento en el que la inteligencia artificial está redefiniendo la economía, el tejido empresarial y los servicios públicos, las grandes ciudades afrontan el reto de adaptarse a una nueva realidad tecnológica sin perder de vista a quienes viven en ellas. Sobre esta cuestión han reflexionado Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, y Anne Hidalgo, exalcaldesa de París, durante el Forbes Artificial Intelligence Summit 2026, celebrado este miércoles en Barcelona.
En una conversación moderada por Ignacio Quintana, CEO de Forbes España, ambos dirigentes han abordado el papel de las administraciones públicas en esta transformación y la necesidad de integrar la innovación tecnológica en el desarrollo urbano. Sin embargo, Collboni ha querido poner el acento en una cuestión que va más allá de la tecnología: cómo conseguir que el éxito económico de una ciudad se traduzca en una mejora de las condiciones de vida de sus habitantes.
«¿Cómo ponemos el éxito de una ciudad al servicio de la gente de la ciudad?», ha planteado el alcalde, que considera que esta es una de las grandes paradojas de las metrópolis globales. «El reto es cómo hacer que ese éxito esté al servicio de la gente y no se vuelva contra la gente de la ciudad», ha advertido.
Collboni ha puesto como ejemplo el posicionamiento internacional de Barcelona en el sector tecnológico. La capital catalana figura entre las ciudades más atractivas para la inversión en inteligencia artificial, por detrás de Londres y Singapur, según el ranking al que ha hecho referencia durante el encuentro. Para el alcalde, sin embargo, atraer inversiones y empresas no es suficiente: también es necesario que esa actividad económica genere oportunidades y arraigue en el territorio.
«¿Es una buena noticia o no lo es? Pues depende. Depende de si lo que surja de esa actividad empresarial, de esa investigación o de ese progreso vinculado a la inteligencia artificial está al servicio de la gente, de la sociedad, del interés general», ha señalado.
El regidor ha defendido que Barcelona atraviesa un periodo de crecimiento económico, con una evolución del empleo y unos salarios medios superiores a las respectivas medias catalana y española. Pero ha advertido de que esa prosperidad pierde parte de su sentido si no llega a los ciudadanos. En ese contexto, ha situado la vivienda como el principal ejemplo de los desequilibrios que puede generar el éxito de una gran ciudad.
La vivienda, el gran desafío de Barcelona
El acceso a la vivienda ha ocupado buena parte de la intervención de Collboni, que ha defendido la regulación del mercado del alquiler como una de las herramientas para frenar la escalada de precios y evitar que las clases medias sean expulsadas de los grandes núcleos urbanos.

El alcalde ha recordado que una de sus primeras decisiones fue declarar Barcelona zona de mercado residencial tensionado para aplicar los mecanismos de contención de rentas. Según los últimos datos oficiales de la Generalitat, el alquiler medio de los nuevos contratos en Barcelona se situó en 1.140,9 euros mensuales, un 4,4% menos que antes de la entrada en vigor de la regulación.
A esta medida se suma el compromiso municipal de no renovar las licencias de viviendas turísticas en 2028. La decisión afecta a alrededor de 10.000 pisos, que el Ayuntamiento pretende devolver al mercado residencial. Collboni ha defendido que su reincorporación supondría una capacidad residencial equivalente a una década de construcción de vivienda en la ciudad.
«Primamos el derecho a la vivienda por encima del uso económico de la vivienda», ha resumido.
El objetivo del Ayuntamiento pasa también por aumentar el peso de la vivienda asequible y social hasta alcanzar aproximadamente el 15% del parque residencial en 2050. Collboni ha explicado que en los últimos tres años se ha duplicado la construcción de vivienda social y se ha triplicado la inversión en rehabilitación, mientras Barcelona impulsa nuevos desarrollos urbanos y acuerdos con promotores privados.
En este sentido, ha avanzado que los nuevos ámbitos de expansión de la ciudad permitirán incorporar alrededor de un millón de metros cuadrados de techo económico, destinados a empresas, startups y nuevas actividades productivas. El propósito es que Barcelona pueda seguir atrayendo inversión y generando empleo sin renunciar a un modelo urbano que combine vivienda, servicios, equipamientos y transporte público.
Anne Hidalgo reivindica el papel de los alcaldes y la diversidad
Por su parte, Anne Hidalgo ha coincidido en que las grandes ciudades deben mantener su carácter abierto y atractivo sin perder su dimensión humana. La exalcaldesa de París, que estuvo vinculada al Ayuntamiento durante 25 años (trece como vicealcaldesa y doce como alcaldesa), ha reivindicado la cercanía de la política municipal frente a los problemas cotidianos de los ciudadanos.
«Los alcaldes somos unos políticos un poco especiales porque estamos todo el día en la calle o trabajando con la gente sobre temas muy concretos», ha explicado. Incluso ha bromeado con que «somos los políticos que nos volvemos menos locos», precisamente por ese contacto permanente con la realidad.
Hidalgo ha recordado que, durante su etapa al frente de París, uno de los principales objetivos fue evitar que el encarecimiento de la vivienda expulsara a las clases medias y trabajadoras de la capital francesa. Para ello, ha explicado, el Ayuntamiento apostó por la construcción de vivienda social, la colaboración con empresas privadas y la mejora de los estándares arquitectónicos y medioambientales.
La exalcaldesa ha destacado que París pasó de contar con un 13% de vivienda social en 2001 a aproximadamente un 25% durante su etapa de gobierno. También ha defendido que estas promociones deben ofrecer calidad arquitectónica y no limitarse a proporcionar una solución habitacional básica. «No son personas que necesitan una asistencia; son personas que, si no se les propone un alquiler más bajo, no pueden quedarse en la ciudad», ha señalado.
La diversidad ha sido otro de los ejes de su intervención. Para Hidalgo, la capacidad de acoger a personas de distintos orígenes y construir una convivencia compartida constituye una de las principales fortalezas de las grandes metrópolis. «La fuerza de una ciudad hoy, en este siglo tan complejo, es la diversidad», ha afirmado.
La inteligencia artificial también debe transformar la Administración
En el tramo final de su intervención, Collboni ha regresado al papel de la inteligencia artificial y a las oportunidades que ofrece para modernizar las administraciones públicas. El alcalde ha destacado especialmente su potencial para simplificar la burocracia, agilizar los procedimientos municipales y mejorar la relación entre las instituciones y los ciudadanos.
La tecnología, ha defendido, debe servir para construir ciudades más eficientes y facilitar la vida de sus habitantes, no convertirse en un objetivo por sí misma. «Esa es la inteligencia que defendemos. Esa es la inteligencia que queremos provocar. No otras», ha concluido.
El diálogo entre Barcelona y París ha dejado así una reflexión compartida: el futuro de las grandes ciudades no dependerá únicamente de su capacidad para atraer inversión, empresas y talento, sino también de cómo distribuyan los beneficios de ese crecimiento y de su capacidad para garantizar que la transformación tecnológica se traduzca en progreso para sus ciudadanos.

