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Las tres alertas de Hernández de Cos sobre la IA: una burbuja bursátil, deuda opaca y un golpe al consumo

El director general del Banco de Pagos Internacionales y candidato español a presidir el BCE advierte de que las elevadas valoraciones de las empresas de IA y sus complejas conexiones financieras pueden provocar una corrección con consecuencias para las familias y la economía.

Las tres alertas de Hernández de Cos sobre la IA

La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los grandes motores de inversión de los mercados. Las grandes tecnológicas destinan cientos de miles de millones a desarrollar centros de datos, comprar chips y construir la infraestructura necesaria para competir en esta nueva industria. Pero detrás de las expectativas de crecimiento también empiezan a aparecer algunas señales de preocupación. Y una de las voces que ha decidido ponerlas sobre la mesa es la de Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS).

Durante su intervención del 3 de noviembre en la Conferencia Internacional de Banca organizada por Santander, De Cos lanzó una advertencia sobre los riesgos financieros asociados al auge de la inteligencia artificial. Su preocupación no se limita a que algunas compañías tecnológicas puedan estar sobrevaloradas. El problema, explicó, es que las expectativas bursátiles, las inversiones multimillonarias y las relaciones financieras entre empresas están creando una red de dependencias que podría amplificar cualquier tropiezo.

El mensaje llega en un momento especialmente relevante para el economista español. El Gobierno ha anunciado que presentará su candidatura para suceder a Christine Lagarde al frente del Banco Central Europeo (BCE), después de que la francesa comunicara que dejará el cargo el próximo 7 de febrero de 2027. De Cos tendrá como principal rival conocido al neerlandés Klaas Knot, aunque la decisión dependerá de las negociaciones entre los países de la eurozona. Mientras tanto, sus últimas declaraciones dejan algunas pistas sobre los riesgos que considera prioritarios para la estabilidad financiera.

1. Las valoraciones de las empresas de IA pueden corregirse bruscamente

La primera advertencia tiene que ver con el precio que los inversores están dispuestos a pagar por las compañías vinculadas a la inteligencia artificial. En los mercados existe una enorme confianza en que esta tecnología transformará la economía y generará nuevos negocios. Esa expectativa ha impulsado las cotizaciones de un grupo reducido de grandes empresas tecnológicas hasta niveles muy elevados.

El riesgo aparece cuando el valor de una compañía depende cada vez más de los ingresos que se espera que genere en el futuro y no tanto de los resultados que obtiene hoy. Si esas expectativas no se cumplen, los inversores pueden revisar rápidamente sus previsiones y vender sus acciones. Es lo que se conoce como una corrección bursátil: una caída significativa del precio de los activos después de un periodo de fuertes subidas.

De Cos considera que la concentración de las valoraciones en un grupo reducido de empresas y las expectativas tan ambiciosas sobre sus ingresos futuros hacen que el mercado sea vulnerable a un cambio de percepción. No significa que la inteligencia artificial no vaya a ser rentable o que estemos necesariamente ante una burbuja, sino que una parte de las valoraciones actuales depende de que las promesas de crecimiento se materialicen.

2. Una red de inversiones y financiación difícil de controlar

La segunda alerta es quizá la más compleja, pero también una de las más importantes. El desarrollo de la IA está generando relaciones financieras cada vez más estrechas entre fabricantes de semiconductores, grandes proveedores de servicios en la nube y empresas especializadas en esta tecnología.

El funcionamiento puede entenderse con un ejemplo sencillo: una gran tecnológica invierte dinero en una empresa de inteligencia artificial; esa compañía utiliza parte de los fondos para contratar capacidad de computación, comprar chips o contratar servicios de la propia tecnológica que la financió. De esta manera, el dinero circula entre empresas que dependen unas de otras para sostener sus expectativas de crecimiento.

Estas relaciones no son necesariamente negativas. Las inversiones y los acuerdos comerciales forman parte del desarrollo de cualquier industria. El problema aparece cuando resulta difícil conocer cuánto riesgo acumula cada compañía y qué ocurriría si una de ellas deja de cumplir sus compromisos.

El director general del BIS puso precisamente el foco en que buena parte de esta financiación es opaca e interconectada, lo que dificulta conocer las exposiciones reales y valorar las consecuencias de un posible problema. Además, las inversiones masivas en infraestructura tecnológica están llevando a algunas compañías a realizar desembolsos que superan ampliamente el efectivo que generan con su actividad ordinaria, aumentando su dependencia de financiación externa.

Si una empresa reduce sus inversiones o no consigue los ingresos esperados, el impacto podría extenderse a los proveedores, inversores y compañías que dependen de ella. Es el efecto dominó que preocupa a los supervisores financieros.

3. Una caída bursátil podría acabar afectando al consumo de las familias

La tercera advertencia traslada el problema desde Wall Street hasta la economía real. De Cos considera que una corrección importante de las empresas vinculadas a la IA podría tener consecuencias más intensas que en otros ciclos tecnológicos porque los hogares poseen ahora una parte mayor de su riqueza en acciones.

La relación es relativamente sencilla: cuando la Bolsa sube, aumenta el valor de las inversiones de quienes tienen acciones o fondos vinculados a los mercados. Esa sensación de mayor riqueza puede favorecer el consumo. Pero si las cotizaciones caen con fuerza, el efecto puede ser el contrario.

Las familias pueden perder parte de su patrimonio financiero, reducir sus gastos y aplazar decisiones de consumo. Si ese comportamiento se extiende, el impacto deja de afectar únicamente a los inversores y puede trasladarse a empresas, empleo y crecimiento económico.

Por eso, el exgobernador del Banco de España considera que las consecuencias de una corrección bursátil vinculada a la IA podrían ser mayores que en anteriores episodios. El riesgo no se limita a quienes compraron acciones tecnológicas a precios elevados: también puede alcanzar a hogares que tienen una exposición indirecta a la Bolsa a través de fondos de inversión, planes de pensiones u otros productos financieros.

El desafío para los bancos centrales

Hernández de Cos también señaló que la inteligencia artificial plantea un reto adicional para las autoridades monetarias. La tecnología puede elevar la productividad, modificar el mercado laboral y cambiar la forma en que se producen y consumen bienes y servicios. Todo ello tendrá consecuencias sobre la inflación y el crecimiento, dos variables fundamentales para las decisiones de los bancos centrales.

Su advertencia es que la IA no cambia el mandato de estas instituciones, pero puede hacer que la economía sea más difícil de interpretar. Los bancos centrales tendrán que distinguir, por ejemplo, si una mejora de la productividad permite producir más a menor coste o si las inversiones y la demanda asociadas a la nueva tecnología están generando presiones sobre los precios.

De Cos defendió la importancia de medir bien estos efectos, mantener la capacidad de adaptación de la política monetaria y reforzar la cooperación internacional. También recordó que el impacto económico de la IA dependerá de cómo se repartan sus beneficios entre empresas, trabajadores y países.

El mensaje tiene especial relevancia en plena carrera por la presidencia del BCE. España quiere situar a De Cos al frente de la institución, pero su nombramiento todavía debe negociarse con el resto de los socios europeos. El plazo para presentar candidaturas termina el 6 de noviembre y los líderes de la eurozona tendrán que buscar un acuerdo en las próximas semanas.

Mientras tanto, el economista ha dejado clara una de las cuestiones que marcarán el debate financiero de los próximos años: la inteligencia artificial puede ser una de las mayores oportunidades de crecimiento de esta década, pero su desarrollo también exige vigilar de cerca las valoraciones, la financiación y los riesgos que se están acumulando alrededor de ella.

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