Fátima Báñez (San Juan del Puerto, 1967) ha fallecido a los 59 años en el accidente ferroviario ocurrido entre las localidades toledanas de Urda y Los Yébenes, cuando viajaba a Sevilla para participar en un encuentro empresarial. Natural de Huelva, la exministra de Empleo y Seguridad Social nunca perdió su vinculación con Andalucía, donde inició su carrera política durante la década de los noventa en la estructura del Partido Popular. Su último viaje tenía, precisamente, como destino su tierra y como motivo una de las actividades a las que dedicó los últimos años de su vida.
Báñez se formó en Madrid, donde cursó la doble licenciatura en Derecho y Ciencias Económicas y Empresariales en ICADE, de la Universidad Pontificia de Comillas. Terminó sus estudios en 1992 y años después completó su preparación con el Programa de Liderazgo para la Gestión Pública del IESE Business School, en 2005. Antes de incorporarse plenamente a la política, trabajó en el sector privado entre 1993 y 1997.
Aquella experiencia profesional precedió a su vida política, que comenzó a desarrollarse en el PP de Andalucía. En 1996 pasó a formar parte del Comité Ejecutivo Regional, y un año después asumió funciones de coordinación de la Presidencia del partido en la comunidad. Su entrada en el Congreso de los Diputados llegó en las elecciones generales del año 2000, cuando obtuvo un escaño por Huelva. Tenía 33 años y comenzaba una carrera parlamentaria que se prolongaría durante casi dos décadas.
Fue portavoz adjunta en la Comisión de Economía y Hacienda, participó en los trabajos relacionados con el Estatuto de la microempresa y del trabajador autónomo, y ejerció como portavoz de Presupuestos del Grupo Popular. Posteriormente, Báñez asumió la coordinación del área económica y la portavocía adjunta del grupo parlamentario. En aquellos años se ganó la confianza de Mariano Rajoy, que contó con ella para las conversaciones de Zurbano de 2010, cuando el Gobierno y la oposición intentaron alcanzar acuerdos económicos en plena crisis.
Ese recorrido la condujo hasta el Ministerio de Empleo y Seguridad Social cuando el Partido Popular, con Mariano Rajoy al frente, llegó al Gobierno en diciembre de 2011. Tenía entonces 44 años, una sólida experiencia parlamentaria y un conocimiento directo de las discusiones económicas que habían marcado los años anteriores. Su especialidad eran los Presupuestos, pero Rajoy le confió una de las carteras más difíciles de aquel Gobierno por su capacidad de interlocución, que sería una de cualidades que marcarían su trayectoria política.
Siete años al frente del Ministerio de Empleo
Cuando Báñez llegó al Ministerio, España atravesaba uno de los momentos económicos más difíciles de la historia reciente. La crisis financiera y el estallido de la burbuja inmobiliaria habían provocado una destrucción masiva de empleo. A finales de 2011, el paro superaba los cinco millones de personas y la tasa de desempleo rondaba el 23%. El Gobierno de Rajoy afrontaba una economía en recesión, unas cuentas públicas muy deterioradas, y una presión creciente de las instituciones europeas para acometer reformas estructurales.
En ese contexto, Fátima Báñez recibió el encargo de modificar las reglas del mercado laboral con una reforma que llegó solo dos meses después de su nombramiento. La norma que impulsó introdujo cambios de gran alcance en las relaciones entre empresas y trabajadores, como la reducción de la indemnización por despido improcedente de 45 a 33 días por año trabajado para los nuevos periodos de antigüedad, con un máximo general de 24 mensualidades.
También reforzó la prioridad aplicativa de los convenios de empresa en determinadas materias, facilitó los mecanismos de flexibilidad interna, y modificó las condiciones para los despidos por causas económicas. La reforma se convirtió así en una de las principales señas de identidad del Gobierno, defendiendo que permitiría a las empresas adaptarse a las dificultades económicas sobrevenidas sin recurrir necesariamente a la destrucción de empleo, al tiempo que mejoraría la competitividad de la economía.
Con la oposición de los sindicatos, con dos huelgas generales durante 2012, Báñez fue durante años uno de los rostros más reconocibles de la política económica del Partido Popular, especialmente en materia de contratación, salarios y condiciones de trabajo. En este sentido, los resultados de su gestión quedaron ligados a la evolución del empleo: tras alcanzar una tasa de paro superior al 26% en 2013, España comenzó a recuperar puestos de trabajo y llegó a situarse por debajo del 16% en 2018.
Aunque la reforma laboral concentró buena parte de la atención, su etapa en el Ejecutivo también estuvo marcada por otras iniciativas como la tarifa plana de cotización para nuevos trabajadores autónomos, una medida destinada a reducir los costes iniciales de emprender; o el Sistema Nacional de Garantía Juvenil, orientado a facilitar el acceso de los jóvenes al mundo laboral.
La ministra participó también en las negociaciones sobre pensiones en un periodo especialmente complejo para las cuentas de la Seguridad Social. La crisis había reducido los ingresos por cotizaciones mientras aumentaban las necesidades de financiación del sistema. Durante aquellos años se recurrió de manera intensa al Fondo de Reserva de las pensiones y se aprobó la reforma de 2013, que introdujo un nuevo índice de revalorización y el factor de sostenibilidad, posteriormente derogados.
Con todo, Báñez abandonó el Gobierno en 2018, con la moción de censura presentada por Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy, pero dejó una huella duradera en el marco regulatorio del empleo español.
De la política al mundo empresarial
Su transición hacia el sector empresarial tuvo su principal expresión en 2020, cuando asumió la presidencia de la Fundación CEOE, de la mano de Antonio Garamendi. Desde esa repsonsabilidad mantuvo una presencia habitual en los debates sobre productividad, talento, formación, competitividad o transformación del mercado de trabajo. También se incorporó a consejos de administración de grandes compañías, entre ellas Laboratorios Rovi y sociedades del grupo Iberdrola.
Había dejado atrás la primera línea política, pero conservaba su relación con el mundo económico y empresarial, así como con los antiguos compañeros e interlocutores de distintas sensibilidades políticas. Su participación prevista este miércoles en el Día de la Empresa Andaluza respondía precisamente a esa actividad. Se desplazaba a Sevilla para asistir a un encuentro empresarial en su comunidad de origen.
Forbes Women reconoció su trayectoria durante años al incluirla en su selección de las 100 mujeres más influyentes de España. Formaba parte de una generación de mujeres que habían alcanzado responsabilidades relevantes en las instituciones económicas españolas y que, después de abandonar sus cargos públicos, continuaron participando en la actividad empresarial y en los órganos de gobierno de grandes compañías.
En definitiva, Fátima Báñez ocupó un lugar relevante en una etapa decisiva de la historia económica reciente de España, y su trayectoria permite recorrer dos décadas que abarcan desde la crisis financiera hasta los debates más recientes sobre productividad y transformación tecnológica. Una vida dedicada al empleo y al mundo empresarial.

