Aunque, a la hora de ir al cine, a primera vista busquemos las historias más extraordinarias y singulares, siempre acabamos volviendo a los dos mismos intereses: la búsqueda de representación propia y el inevitable regreso a los relatos que han escrito nuestra historia, los clásicos. Por estas dos razones, que Sentido y sensibilidad, la novela de Jane Austen publicada en 1811, vuelva a la gran pantalla 30 años después de su anterior adaptación cinematográfica tiene, precisamente, mucho sentido.
No porque necesitemos rememorar la misma narrativa una y otra vez, sino porque cada generación necesita verse traducida en dichos clásicos inmortales. No necesariamente en su lenguaje, pero sí en sus códigos: cómo perciben la vida, las relaciones y, al fin y al cabo, en los rostros que dan vida a sus personajes. Un Gen Z no responde igual a la aparición de Jacob Elordi o Timothée Chalamet que a la de Leonardo DiCaprio o Hugh Grant.
De ahí que la directora Georgia Oakley, que debutó en el largometraje en 2022 con Blue Jean, se proponga dar voz de nuevo a las hermanas Dashwood en pleno 2026. El objetivo es que sus dos formas de entender la feminidad, tan dispares entre sí, encuentren su lugar en el pensamiento moderno y, por qué no, en una visión más realista de esta nueva etapa histórico-cultural. Para ello, cuenta con las interpretaciones de Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles como Elinor y Marianne Dashwood, respectivamente; George MacKay en el papel de Edward Ferrars; Caitríona Balfe como la señora Dashwood y Fiona Shaw como la señora Jennings.
Un reparto que dista del de la aclamada versión de 1995, dirigida por Ang Lee y ganadora del Oscar al mejor guion adaptado, escrito por la propia Thompson, donde Kate Winslet, Emma Thompson y Hugh Grant deslumbraron con su carisma, sus rizos impecables y sus cuellos de lechuga. Ahora, treinta años después, la nueva adaptación vuelve a acercarse al clásico con el mismo respeto y cuidado, demostrando que hay historias que nunca pasan de moda y que siempre merece la pena contar con un poco más de sentido y sensibilidad.
Jane Austen, icónica y siempre presente
La búsqueda de representación propia en las cintas de celuloide y en todo aquello que nos estimule no es una tendencia novicia. Siempre ha estado presente en la sociedad. Si no, que se lo pregunten a la propia Jane Austen, que sabía muy bien de lo que escribía cuando dio vida a las hermanas Dashwood. Y es que la historia de Elinor y Marianne guarda más de un parecido con la suya propia.
Cuando su padre, George Austen, falleció en 1805, su esposa y sus hijas quedaron en una situación económica vulnerable y al cuidado de sus familiares varones. Algo parecido les ocurre a las Dashwood, que, tras la muerte del señor Dashwood, deben abandonar su hogar para instalarse en una casa más modesta en Devonshire. Las hermanas Austen también tuvieron que hacer las maletas y dejar atrás su residencia familiar hasta que, años después, se instalaron en Chawton Cottage. Tanto las Dashwood como las Austen trataron de aferrarse al mundo y a las comodidades de la clase terrateniente que habían conocido hasta entonces. Un problema derivado de las leyes de herencia de la época georgiana, que excluían a las mujeres de la sucesión de determinadas propiedades y las dejaban a merced de sus familiares varones y de las ganas que estos tuvieran de hacerse cargo del asunto.
Porque, más de dos siglos después, Sentido y sensibilidad sigue teniendo mucho sentido y, con la sensibilidad que caracteriza a Austen, continúa tocando la fibra de cada generación que se acerca a su historia. Lo cierto es que este año toca doblete de Jane Austen: en diciembre se estrena la miniserie de Orgullo y prejuicio de Netflix, además de esta nueva adaptación cinematográfica. ¿Será que los clásicos son inmortales o que lo son sus respectivos autores?
Las cifras de un clásico que no pasa de moda
Los clásicos no solo sirven para recordarnos el imaginario cultural que compartimos, también para demostrar que, cuando una fórmula funciona, merece la pena seguir apostando por ella. En el cine, recuperar una historia conocida puede ser una apuesta económica, además de cultural, siempre que consiga conectar con nuevas generaciones. Y Sentido y sensibilidad, la novela de Jane Austen publicada en 1811, es un buen ejemplo de cómo una misma historia puede seguir despertando interés décadas después.
La adaptación de 1995, dirigida por Ang Lee y protagonizada por Emma Thompson, Kate Winslet, Hugh Grant y Alan Rickman, contó con un presupuesto aproximado de 16,5 millones de dólares y recaudó alrededor de 135 millones en todo el mundo. Una cifra que acompañó a su éxito en premios: la película ganó el Oscar al mejor guion adaptado, escrito por la propia Thompson, dos Globos de Oro, el BAFTA a mejor película y el Oso de Oro del Festival de Berlín. La nueva adaptación de 2026, dirigida por Georgia Oakley y con Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles al frente del reparto, ha contado con un presupuesto estimado de 25 millones de dólares y ha recaudado, hasta el momento, entre 22,3 y 22,7 millones en taquilla mundial. Dos versiones separadas por tres décadas que permiten observar cómo ha cambiado la apuesta económica por el universo de Austen y la respuesta del público.
Pero el cine no ha sido el único formato que ha encontrado en las hermanas Dashwood una historia a la que volver. La televisión también ha recurrido a la novela en varias ocasiones, empezando por la miniserie de la BBC de 1971, dirigida por David Giles y repartida en cuatro episodios, con Joanna David y Ciaran Madden como protagonistas. En 1981, la cadena volvió a adaptar la obra en una miniserie de siete episodios, esta vez bajo la dirección de Rodney Bennett y con Irene Richard y Tracey Childs en el reparto. Más tarde, en 2008, llegó otra versión televisiva de tres episodios, dirigida por John Alexander y protagonizada por Hattie Morahan, Charity Wakefield, Janet McTeer y Dominic Cooper.

