En concreto, el interés ofrecido en el mercado secundario por el bono soberano de Francia a diez años llegaba a alcanzar el 5,064%, lo que implica un diferencial de 166 puntos básicos en relación al rendimiento exigido al bono alemán equivalente.
La presión en el mercado sobre la deuda gala se ha intensificado en las últimas semanas en paralelo a la subida de los precios del petróleo, que llevó al Banco Central Europeo (BCE) a endurecer su política monetaria en septiembre, alimentando la preocupación de los inversores por la sostenibilidad de las finanzas públicas de Francia en medio de un clima de tensión tras los disturbios registrados durante el fin de semana, que pueden dificultar el progreso en las medidas de consolidación fiscal, y a la expectativa de la inminente decisión de la agencia Moody’s sobre la solvencia de la deuda francesa.
En este sentido, si bien la rentabilidad del bono francés a 10 años encontró inicialmente cierta resistencia en torno al 5%, posteriormente la ha superado fácilmente mientras los inversores evalúan el impacto de los recientes disturbios, comenta Michiel Tukker, estratega sénior de tipos de interés en el Reino Unido y la eurozona de ING Research, para quien la divergencia entre Francia y el resto del mercado sugiere que «los riesgos de contagio aún se consideran mínimos».
Asimismo, destaca que el tramo corto de la curva de swaps del euro se mostró bastante resistente a la reciente caída de los bonos franceses, lo que indica que los riesgos inflacionarios siguen siendo la principal preocupación.
De su lado, Carsten Brzeski, director global de Macroeconomía de la entidad, apunta que, si bien el BCE sorprendió en septiembre a los mercados con un mensaje más restrictivo, un mes después, y tras la crisis fiscal y política en Francia, «es improbable que el BCE repita el tono restrictivo en la reunión de la próxima semana».
«Es muy probable que el BCE mantenga los tipos sin cambios la próxima semana y que posponga cualquier decisión sobre una nueva subida de tipos hasta diciembre», añade.
Asimismo, aunque Francia no figure en la declaración del BCE la próxima semana, el experto considera que será un elemento importante en la rueda de prensa de la presidenta del BCE, la francesa Christine Lagarde, antes las dudas sobre la posibilidad de una intervención del banco central en respuesta al aumento de los diferenciales de la deuda soberana del país galo.
Sin embargo, Brzeski advierte de que antes de activar el Instrumento de Protección de la Transmisión (TPI), el Consejo de Gobierno del BCE considerará un conjunto acumulativo de criterios para determinar si los países en cuestión están aplicando políticas fiscales y macroeconómicas sólidas y sostenibles, lo que, en la práctica, incluye cumplir el marco fiscal de la UE, lo que requeriría, como mínimo, la aprobación íntegra del presupuesto francés propuesto.
De tal manera, considera que el BCE se encontrará en una posición difícil, ya que una intervención demasiado rápida en apoyo de Francia podría ser vista con malos ojos por otros Estados miembros e interpretada como financiación monetaria de la deuda de un país que se niega a cumplir las normas, sin olvidar que los próximos cambios en la dirección del BCE también podrían influir en la postura de la entidad respecto al TPI.

