Brand Voice Opinión Carlos Moro

La excelencia como estrategia

Foto: Pexels.

Elaborar vinos de excelencia y alcanzarla en todas nuestras bodegas y tipos de vino exige determinación vitícola y enológica y convicción empresarial sostenida. 

La concepción de nuestros vinos no es piramidal. El planteamiento es horizontal: llevar cada vino, de cada tipo o zona vitícola a su máximo potencial. Esta filosofía responde también a los mercados: observar consumidores, ocasiones y canales cada vez menos sujetos a criterios rígidos sobre qué vino corresponde a cada momento. 

En Bodega Matarromera (Ribera del Duero), Matarromera Prestigio y Pago de las Solanas representan esa singularidad. Este último solo se ha elaborado en cinco añadas, las excepcionales. La misma exigencia está detrás de Matarromera Verdejo Fermentado en Barrica, cuyo desarrollo requirió cinco años de investigación del equipo enológico y cuyo resultado es de gran exquisitez.

En Emina, en Ribera del Duero, hemos querido conjugar el terruño de la Milla de Oro con elaboraciones abiertas a gustos emergentes. Emina Emoción es un vino que acompaña momentos realmente emocionantes. Emina Atio procede del Pago de El Horno y profundiza en la relación entre historia, cultura y terroir. Su nombre evoca el pasado vacceo y atraviesa la época romana hasta nuestros días. Pero Emina también es vino blanco. En la D. O. Rueda, elaboramos este Gran Vino de Rueda, un verdejo que combina tres elaboraciones y da como resultado un blanco excelente y muy gastronómico. No podría dejar fuera a Emina Rosé Prestigio (Cigales). Una invitación a revisar los prejuicios que durante años han limitado a los rosados. Trabajados con rigor, ofrecen finura, complejidad y capacidad para emocionar.

En Toro: Cyan, en Valdefinjas, y los viñedos de La Calera. Allí hemos alcanzado la expresión de la tinta de Toro que reúne carácter y elegancia. La gama Cyanopica rinde homenaje al rabilargo, ave endémica y muy inteligente, y con Alae Finca de la Calera, procedente de la zona más alta y caliza de la finca, esa búsqueda se concreta en profundidad, taninos y alta expresión.

Algo similar pasa en Valdelosfrailes, donde mi familia elaboraba aquellos rosados «ojo de gallo». Apostar por tintos de guarda en esta tierra exigía mirar el viñedo con otra perspectiva. Valdelosfrailes Reserva o Pago de las Costanas, de viñas centenarias en vaso, respaldan aquella intuición. 

En Rías Baixas, Viña Caeira nos permite disfrutar de la máxima expresión del albariño en el Condado do Tea. Allí, marcados por el clima, el sábrego y el viñedo, elaboramos un blanco único, con volumen y amplitud. Su sistema de viñedo emparrado a 2 metros de altura exige un trabajo minucioso, inseparable del compromiso con la calidad desde el viñedo.

La dimensión artística y cinematográfica se incorpora con Sanclodio, la bodega que creó el cineasta José Luis Cuerda en el valle del Avia. Su apuesta por la recuperación de las castes autóctonas del Ribeiro dio lugar a Sanclodio (treixadura, congodello, albariño y loureira) en la llamada ladera de oro del Ribeiro. En este entorno nace también Casa da Porta, un «treixadura de guarda», y Finca Palmeira, que ofrece otra interpretación de las castes con un fino trabajo sobre lías y la crianza parcial en fudre de roble francés.

Sin salir de Ribeiro, pero en el valle del Miño, encontramos Casar de Vide. Aquí, la proximidad del río, los suelos de origen granítico y las distintas exposiciones de las laderas definen una treixadura diferente, que combinamos con albariño, godello y torrontés.

En una trayectoria de casi cuarenta años, con vinos presentes hoy en cerca de 80 países, elaborar en Rioja representó un reto profesional y empresarial de primer orden. Tras cinco años de análisis, creamos Bodega CM de Matarromera en San Vicente de la Sonsierra, uno de los enclaves más representativos, donde elaboramos Oinoz, Garu y CM Matarromera. Son muchos los que definen a este último como un «rioja matarromerizado». 

Muestra de nuestra apuesta por la innovación es el desarrollo de los vinos sin alcohol. El origen de Win se remonta a 2003, fruto de la unión de investigación, tecnología y conocimiento enológico y vitícola. Años de pruebas e inversiones permitieron elaborar los espumosos blanco y rosado, el blanco, el tinto y el tinto con crianza de Win. Por otro lado, con Sonríe desarrollamos otra interpretación de esta categoría, con un perfil propio. 

Después de este recorrido, sigo entendiendo la excelencia como una exigencia común a todos nuestros vinos. El futuro exige escuchar al consumidor, investigar y evolucionar, sin dejar de reconocer lo que cada tierra y cada bodega tiene de irrepetible, para así poder darle a cada consumidor lo que a él le emociona.

Por Carlos Moro González, Presidente de Bodegas Familiares Matarromera.