La moda y el arte llevan décadas compartiendo algo más que una afinidad estética: ambos nacen de una mirada, se construyen a través del oficio y tienen la capacidad de transformar la materia en emoción. Esa complicidad ha encontrado un nuevo escenario en Forbes House, donde Forbes Women y Herno han reunido a creadores y representantes del universo cultural en una velada dedicada a explorar los territorios comunes entre ambas disciplinas. Una cita en la que la creación textil ha tomado el protagonismo y ha demostrado que, a veces, una pieza de arte también puede vestirse.
La bienvenida ha corrido a cargo de Cristiano Badoch, director general de Spainmedia, quien ha reivindicado la vocación de Forbes House como espacio de encuentro para líderes, emprendedores y profesionales de diferentes disciplinas. Un lugar donde las ideas encuentran otras perspectivas y donde conversaciones como la de esta tarde permiten explorar los vínculos entre industrias que, a primera vista, podrían parecer distintas, pero que comparten una misma inquietud: la capacidad de crear y trascender.
Para Badoch, reunir moda, arte y cultura tenía, además, un significado especial. Su condición de italiano ha añadido una nota personal a la bienvenida a Herno, una marca que representa mucho más que una procedencia geográfica. El Made in Italy, ha recordado, encarna una manera de entender el diseño, la calidad, la creatividad y la belleza. Una identidad con proyección internacional que también tiene un importante peso económico: la moda italiana exportó cerca de 37.000 millones de euros en 2025. Detrás de esas cifras, sin embargo, están las personas que convierten una idea en algo capaz de inspirar y cruzar fronteras.
Esa capacidad de encontrar en la creación una forma de expresión que trasciende lo puramente estético conecta también con la manera en que Claudio Marenzi, presidente de Herno y coleccionista de arte, entiende su relación con la cultura. Su pasión por el arte viene de lejos: comenzó a coleccionar pintura a los 15 años, con el dinero que ganaba trabajando durante las vacaciones de verano en la empresa familiar. Una afición que, con el paso del tiempo, ha terminado formando parte de su manera de entender no solo la vida, sino también el mundo empresarial.
Cuando asumió la dirección de Herno en 2005, Marenzi quiso trasladar esa sensibilidad al interior de la compañía. Empezó a incorporar obras de arte en sus espacios de trabajo, con la intención de convertirlos en algo más que lugares de producción: entornos vivos, capaces de despertar curiosidad, generar conversaciones y propiciar nuevas formas de relacionarse.
Para él, el arte no es una herramienta de inspiración estética ni un recurso de marketing, sino una forma de establecer conexiones. «No es una cuestión de inspiración. Se trata de compartir emociones con las personas», ha explicado Marenzi, que encuentra precisamente en esa experiencia colectiva el verdadero valor de convivir con el arte. Una filosofía que trasladó también a Herno, donde las obras forman parte de los espacios cotidianos y propician conversaciones entre quienes comparten el día a día de la compañía. «El arte crea una relación con las personas que trabajan conmigo, más allá del negocio y de las responsabilidades de cada uno», ha señalado.
Y pocas cosas expresan mejor esa capacidad de transformar una idea en una experiencia tangible que el arte textil. La intervención concebida por Sonia Navarro ha sido uno de los grandes protagonistas de la velada. La artista ha partido de una obra realizada años atrás, construida a través de la geometría, la superposición de planos de color y la costura, para abrir un nuevo capítulo creativo junto a María Ona, responsable de reinterpretarla y trasladarla a una dimensión monumental.
El resultado es una pieza de gran formato que transforma el espacio y amplía los límites de la obra original. No se trata únicamente de reproducir una composición a mayor escala, sino de concederle una nueva presencia física, un cuerpo capaz de dialogar con la arquitectura y con quienes lo contemplan. Una conversación entre dos miradas artísticas que encuentra precisamente en el textil su lenguaje común.

Durante su intervención, Navarro ha explicado el proceso que ha dado forma a esta creación: metros y metros de tela teñida, patrones trazados conjuntamente, cortes precisos y un trabajo técnico y manual de gran exigencia. Una labor en la que también ha participado el equipo de María Ona y que devuelve a primer plano algo que el universo de la moda conoce bien: la importancia de las manos, el tiempo y el conocimiento detrás de cada pieza.
La artista ha encontrado en Herno una afinidad natural con esa filosofía. La firma comparte, en sus palabras, el respeto por la materia prima, la búsqueda de la excelencia y ese equilibrio entre pasado y presente que permite que el saber hacer artesanal conviva con una mirada contemporánea. Una conexión especialmente sugerente en un momento en el que la velocidad y la digitalización parecen marcar el ritmo de todas las industrias. Frente a ellas, el trabajo artesano reivindica el valor de los procesos, la precisión y la huella humana.
La velada ha continuado con un aperitivo de inspiración española e italiana, una pequeña celebración gastronómica que ha prolongado el espíritu de la cita y ha tendido un puente entre las dos culturas. Entre conversaciones, miradas cómplices y una lista de invitadas vinculadas al universo de la moda y el arte, Forbes House ha vuelto a ejercer como punto de encuentro de sensibilidades creativas.
De este encuentro queda una certeza: la moda también se contempla, se interpreta y se siente. Y, cuando encuentra en el arte un espacio para expresarse, demuestra que su verdadero valor no reside únicamente en aquello que vestimos, sino también en todo lo que es capaz de contar.
























