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Quién está detrás de Galenicum, el fabricante español del genérico de Ozempic

Fundada en 2003 por tres empresarios, la farmacéutica catalana facturó 303 millones en 2025 y prepara su salto internacional con la semaglutida.

Los tres fundadores de Galenicum, Joaquim Domingo, Alejandro Ollé y Erich J. W. Büchen. Foto: Europa Press.

Detrás de algunos de los medicamentos que llegan a las farmacias hay empresas cuyo nombre apenas conoce el consumidor, pero que desempeñan un papel relevante en la industria farmacéutica. Galenicum es una de ellas. Fundada en 2003 por tres amigos, la compañía catalana ha construido un negocio internacional basado en el desarrollo, la fabricación y el suministro de medicamentos. Hoy factura más de 300 millones de euros, vende en más de 70 países y se prepara para participar en el mercado de la semaglutida, el principio activo de medicamentos como Ozempic y Wegovy.

Su historia reúne tres elementos que ayudan a entender cómo se construye una farmacéutica fuera del escaparate de las grandes marcas: una empresa industrial levantada por sus fundadores, una expansión internacional apoyada en los medicamentos genéricos y la entrada de inversores financieros que han contribuido a impulsar su crecimiento. Entre ellos figura Peninsula Capital, la gestora de capital riesgo fundada por Borja Prado, que prepara el traspaso de su participación del 20% en una operación que valora Galenicum en aproximadamente 1.000 millones de euros, incluida la deuda.

La operación ha situado a la compañía en el radar financiero. Pero para entender qué es Galenicum y por qué ha alcanzado esa valoración hay que empezar por quienes la pusieron en marcha y por el negocio que han construido durante más de dos décadas.

Tres fundadores y una empresa nacida en 2003

Joaquim Domingo, Alejandro Ollé y Erich J. W. Büchen fundaron Galenicum en 2003. La compañía nació con una apuesta por el desarrollo y la fabricación de medicamentos, un segmento en el que la competencia no depende tanto de construir una marca reconocible para el público como de ofrecer productos fiables, cumplir los requisitos regulatorios y garantizar el suministro a los clientes.

El modelo ha permitido a Galenicum crecer sin depender de un único medicamento ni de un solo mercado. La empresa trabaja en distintas fases de la cadena farmacéutica, desde el desarrollo de productos hasta su fabricación y suministro, y combina esa actividad con acuerdos con otros laboratorios para llegar a mercados internacionales.

Uno de los hitos de su expansión industrial llegó en 2013, cuando adquirió una antigua fábrica de MSD en San Agustín del Guadalix, en Madrid. La incorporación de esas instalaciones reforzó su capacidad productiva y acompañó una etapa de crecimiento en la que la agilidad para fabricar y suministrar medicamentos fue una de las bases del negocio.

Más de veinte años después de su fundación, los tres empresarios continúan al frente del accionariado. Según la información publicada sobre la compañía, cada uno mantiene una participación aproximada del 26,7%, de modo que los fundadores conservan el control pese a la entrada de inversores financieros.

Esa continuidad es relevante para entender la estructura de Galenicum: la presencia de capital riesgo no ha supuesto que la compañía deje de estar controlada por quienes la crearon. La empresa ha incorporado inversión externa para respaldar su desarrollo, pero la propiedad sigue teniendo un componente industrial y empresarial ligado a sus fundadores.

Una farmacéutica de 303 millones de euros

Galenicum cerró 2025 con una facturación de 303 millones de euros. Su objetivo es superar los 650 millones en 2031, una meta que supondría más que duplicar los ingresos actuales en seis años.

La compañía comercializa sus productos en más de 70 países. Alrededor de seis de cada diez euros que factura proceden del extranjero, según los datos publicados sobre su actividad. La internacionalización no es, por tanto, un complemento del negocio español, sino una parte central de su modelo.

Su plantilla supera las 900 personas, y su actividad abarca diferentes áreas de la industria farmacéutica. La compañía destaca por su trabajo con medicamentos genéricos y por su capacidad para desarrollar y fabricar productos para otras empresas del sector. También cuenta con actividad en analgésicos, entre ellos el paracetamol, y aspira a reforzar su posición en categorías terapéuticas vinculadas a la diabetes.

Los medicamentos genéricos son una parte fundamental de este modelo industrial. Una vez que la protección de un medicamento original deja de impedir la entrada de competidores en un mercado, otros fabricantes pueden desarrollar versiones que deben cumplir los requisitos de calidad, seguridad y eficacia establecidos por las autoridades sanitarias. La competencia puede ampliar la oferta y presionar los precios, mientras que los fabricantes necesitan escala, eficiencia y una cadena de suministro fiable para mantener su posición.

En ese entorno, la capacidad industrial importa tanto como la cartera de productos. La fabricación exige instalaciones adecuadas, controles de calidad, procesos validados y personal especializado. También requiere adaptarse a las normas de cada país y responder a las necesidades de los clientes. Galenicum ha construido su crecimiento sobre esa combinación de desarrollo, producción y distribución internacional.

La empresa ha anunciado una inversión importante en su evolución industrial y tecnológica, aunque las cifras disponibles no permiten atribuir todo ese esfuerzo a una única línea de negocio. Su estrategia se apoya en ampliar la actividad existente y desarrollar nuevas oportunidades mediante acuerdos con otras compañías farmacéuticas.

La semaglutida abre una nueva etapa

El siguiente capítulo de Galenicum está ligado a uno de los principios activos que más atención han concentrado en la industria farmacéutica durante los últimos años: la semaglutida. Este compuesto pertenece a la familia de los agonistas del receptor GLP-1 y se utiliza en medicamentos indicados para la diabetes tipo 2 y, dependiendo del producto y de su autorización, para el control del peso.

Su notoriedad se ha disparado con el éxito de Ozempic y Wegovy, comercializados por Novo Nordisk. La demanda de estos tratamientos ha situado a los medicamentos basados en GLP-1 en el centro de la competencia farmacéutica, tanto por su mercado actual como por las oportunidades que pueden abrirse en distintos países cuando cambien las condiciones de protección de las patentes.

A comienzos de 2026, Galenicum firmó un acuerdo con la farmacéutica india Lupin para desarrollar, fabricar y suministrar formulaciones inyectables de semaglutida en 23 países. El reparto de funciones está definido: Galenicum asumirá el desarrollo, la fabricación y el suministro, mientras que Lupin se encargará de los procesos de aprobación regulatoria, la comercialización y la distribución.

La alianza permite a cada empresa concentrarse en capacidades distintas. Galenicum aporta su experiencia industrial y de desarrollo; Lupin contribuye con su estructura regulatoria y comercial en los mercados acordados. Para la compañía española, asociarse con un grupo internacional puede facilitar la llegada a países en los que construir una red comercial propia requeriría más tiempo y recursos.

Conviene precisar qué significa este acuerdo. No implica que Galenicum ya esté comercializando un genérico de Ozempic autorizado en esos 23 países. El desarrollo, las autorizaciones y las fechas de lanzamiento dependen de las condiciones regulatorias y de propiedad industrial de cada mercado. La semaglutida ofrece una oportunidad de crecimiento, pero su impacto económico dependerá de cuándo y dónde puedan comercializarse los productos.

Tampoco se ha publicado una previsión de ventas que permita calcular cuánto aportará el acuerdo a los ingresos de Galenicum. Su potencial dependerá de las autorizaciones, la demanda, los precios, la competencia y la capacidad de suministro. Lo que sí está definido es el papel que desempeñará cada socio en el proyecto.

Para Galenicum, el acuerdo representa una oportunidad de ampliar su presencia en una categoría de alto interés farmacéutico sin asumir en solitario todas las fases de la comercialización internacional. Para Lupin, supone contar con un socio para el desarrollo y la fabricación de las formulaciones contempladas en el acuerdo.

Borja Prado, el inversor que apostó por Galenicum

La historia de Galenicum también incluye a Borja Prado, aunque su papel es el de inversor, no el de fundador ni el de gestor operativo de la farmacéutica. La inversión se canalizó a través de Peninsula Capital, la gestora de capital riesgo que fundó en 2015 junto a otros socios.

En 2021, Peninsula entró en el capital de Galenicum con una participación del 20%, en una operación valorada en unos 38 millones de euros. La inversión combinó una ampliación de capital para respaldar el crecimiento y la investigación de la compañía con la adquisición de parte de las acciones de sus fundadores.

Cinco años después, Peninsula ha creado un fondo de continuación para transferir esa participación por unos 170 millones de euros, según la información publicada por Cinco Días. La operación sitúa el valor de Galenicum en torno a los 1.000 millones de euros, incluida la deuda, y el valor estimado de su capital en unos 830 millones.

La diferencia entre los 38 millones de la inversión inicial y los 170 millones de la operación actual representa una revalorización bruta de aproximadamente 132 millones de euros. El valor de la participación supera cuatro veces el desembolso inicial, lo que se traduce en una rentabilidad superior al 300% antes de costes y de los ajustes que correspondan a cada inversor.

La valoración de la compañía equivale a unas 17 veces su ebitda estimado, situado en torno a los 60 millones de euros. Es un múltiplo que refleja las expectativas depositadas en su crecimiento, aunque no constituye una garantía sobre sus resultados futuros.

La operación se articula mediante un fondo de continuación, una fórmula que permite a una gestora mantener una inversión en una empresa mientras ofrece liquidez a los partícipes que quieren vender. En este caso, algunos inversores pueden materializar las ganancias acumuladas y otros pueden seguir expuestos a la evolución de Galenicum a través del nuevo vehículo.

Por tanto, no se trata de una venta completa de Galenicum ni de un cambio de control de la farmacéutica. Peninsula reorganiza su inversión y ofrece una salida a determinados partícipes, mientras los fundadores mantienen el control de la compañía. El movimiento refleja la revalorización del activo y la decisión de conservar exposición a su posible crecimiento futuro.

Una empresa industrial con ambición internacional

El crecimiento de Galenicum se produce en un sector en el que la escala industrial, la innovación y la capacidad para operar en varios mercados pueden marcar la diferencia. Su objetivo de superar los 650 millones de euros de facturación en 2031 exige ampliar el negocio actual y convertir nuevas oportunidades en ingresos efectivos.

La semaglutida puede contribuir a esa estrategia, pero no es la única variable. La compañía seguirá dependiendo de sus medicamentos actuales, de sus acuerdos con otros laboratorios, de su capacidad para competir en costes y de la solidez de sus operaciones internacionales. En paralelo, deberá gestionar las necesidades de inversión y financiación propias de una actividad industrial que requiere instalaciones, controles y procesos especializados.

Las cifras financieras también forman parte del análisis. Galenicum cerró 2025 con una deuda bruta cercana a los 200 millones de euros y una caja de unos 23 millones, según la información publicada a partir de sus cuentas. La compañía obtuvo además una dispensa temporal de sus financiadores relacionada con determinadas ratios financieras. Son datos que deben leerse junto a su facturación, sus activos industriales y sus planes de expansión para entender el conjunto del negocio.

La deuda no determina por sí sola la evolución de una empresa, pero hace relevante su capacidad para generar caja y atender sus compromisos. Del mismo modo, una valoración de 1.000 millones de euros no garantiza que se alcancen los objetivos de crecimiento. El desempeño futuro dependerá de la evolución de sus mercados, de la ejecución de sus proyectos y de los resultados que obtenga de sus acuerdos comerciales.

Galenicum tiene detrás a tres fundadores que conservan el control, una estructura industrial construida durante más de dos décadas y una red internacional que supera los 70 países. También cuenta con el respaldo de inversores financieros, entre ellos Peninsula Capital, que ha obtenido una importante revalorización de su participación y ha optado por reorganizarla mediante un fondo de continuación.

La historia de Galenicum es, ante todo, la de una farmacéutica española que ha crecido fabricando y desarrollando medicamentos para un mercado global. La operación de Peninsula pone cifras a la confianza financiera en la empresa; el acuerdo con Lupin abre una nueva vía de crecimiento. La prueba será convertir esa oportunidad en productos autorizados, capacidad de suministro y ventas que permitan sostener la siguiente etapa de expansión.

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