
PALMA, 13 (EUROPA PRESS)
El conseller de Agricultura, Pesca y Medio Natural, Joan Simonet, ha apuntado que el nuevo proyecto de legislación agraria pretende dar «herramientas» a los agricultores para que las explotaciones puedan ser rentables.
El representante del Govern ha defendido esta postura durante la interpelación que le ha hecho este martes en el Parlament la diputada del PSIB Malena Riudavets, para debatir sobre los detalles de este proyecto legislativo.
Así, ha resaltado que la nueva ley permite este incremento de la rentabilidad «más allá de las subvenciones» y ha recalcado que el sector primario balear es tan diverso que «cada ‘pagés’ elegirá» la medida que mejor le convenga, dado que son «voluntarias».
El conseller le ha replicado que, pese a que no aparezca el concepto cambio climático en su articulado, no es que no se hayan previsto políticas en ese sentido.
De este modo, ha reivindicado que la nueva ley establece una definición de lo que son las actividades agrarias y las que son complementarias. Además, amplía las actividades que pueden desarrollar las cooperativas y sus socios en la venta directa, junto con la mejora de la utilización de la biomasa.
Otro de los aspectos que aborda es un aumento de la representación del sector, la mejora de los suelos o se hace una apuesta por la agricultura ecológica con «compromisos claros». En cuanto al régimen hídrico, se prioriza la agricultura en caso de que haya algún tipo de conflicto dentro de los suelos rústicos.
Al mismo tiempo, Simonet ha resaltado que se busca incrementar el uso de aguas regeneradas en «cantidad y calidad» o se facilita la instalación de energías renovables para el autoconsumo de las fincas agrícolas, al tiempo que se limita su implantación sobre suelo rústico.
La ley también recogería una defensa de las variedades locales y las razas autóctonas de animales con «obligaciones para las administraciones» y favorecería que se instalen mataderos móviles de aves y conejos en las fincas.
Además, establece restricciones para que no se pueda construir en parcelas inferiores a los 14.000 metros cuadrados, bajo determinados condicionantes que «hasta ahora no existían»; o se permite una señalización de las explotaciones.
Riudavets ha reconocido que la ley agraria «necesitaba una actualización» y esta debía ir encaminada a que los payeses pudieran vivir «dignamente» de su trabajo. Por eso ha puntualizado que agricultura necesita «tierra, agua y personas» para producir alimentos en el futuro.
Así, ha criticado que la ley concrete detalles sobre las posibilidades «turísticas y residenciales» que hay en el campo pero ha pedido que se centre en la calidad de los alimentos o en la adaptación de los cultivos al cambio climático.
La parlamentaria ha señalado que comparten con el conseller la postura de que nadie tiene que mantener su explotación si no es rentable, aunque esto ha advertido que tampoco se puede hacer «sin agricultores, ni agua, ni tierra».
«No se pueden se pueden asegurar los ingresos si no se cuidan los recursos que los hacen posible y el principal es la tierra, que tiene demanda para otros usos», ha alegado.
Riudavets ha destacado que para que haya relevo generacional en el campo tiene que «haber futuro» y esto estaría en entredicho si se posibilita la construcción en rústico frente a la protección de la tierra productiva. «Una tierra sin casas es para la agricultura pero una tierra con casas es una ciudad», ha mantenido.
Aquí, ha señalado que los usos residenciales hacen subir los precios de las tierras y esto provoca que las explotaciones sean más difíciles de mantener o de poner en marcha, por lo que ha pedido pedidas para preservar la tierra productiva.
Acerca de esta cuestión ha pedido saber qué se exigirá a los payeses tras estas contrapartidas de diez o 15 años que para construir en estos terrenos, puesto que el inmueble permanecerá en el territorio pasado este plazo de tiempo.
La diputada del PSIB ha subrayado que la tierra es el capital productivo de esta actividad y cuidarla es proteger los ingresos de los próximos años del modelo agrario del futuro.
LEY QUE LLEGA «TARDE Y MAL»
Anteriormente, Simonet había sido preguntado por esta ley por el diputado del PSIB Marc Pons, quien la ha calificado le «ley urbanística, turística y comercial», por lo que ha pedido que haya un cambio de prioridades en la inclusión de algunas de las enmiendas planteadas.
Asimismo, ha considerado que es una legislación que llega «tarde y mal», de modo que «buena parte del sector no es la que esperaba».
Simonet ha sostenido que ha «escuchado» al sector y ya se habrían introducido la mitad de las alegaciones presentadas, mientras que otras, a su modo de ver, ya estarían incluidas en el sector.
Posteriormente, ha leído una serie de pronunciamientos de las asociaciones agrarias que reconocerían los avances con respecto a la legislación de 2019.
También le ha interrogado la diputada de Vox Patricia de las Heras sobre la afección de la legislación a las viviendas en suelo rústico, a lo que ha contestado que uno de los problemas es la disponibilidad de tierras para cultivar.
El conseller ha detallado que las condiciones para construir nuevas viviendas en estos suelos será que se asegure un uso agrario en la parte no ocupada.
Para ello ha sugerido distintas opciones que contempla la ley como que el resto de la finca tendría que estar vinculada a una explotación agraria, que se ejecuten inversiones para la mejora de las mismas, la compensación a otro payés de la zona o la cesión de las tierras a una administración pública por un periodo de 15 años.
De las Heras ha reprochado que en una emergencia habitacional como la que vive Baleares se trate de poner «más candados» a la construcción de vivienda y se lo ponga «difícil» a los baleares arraigados al territorio.
La diputada ha puesto el ejemplo del caso de Eivissa donde, a su juicio, la vivienda está «acorralada» en rústico por el Plan Territorial Insular que el PP en el Consell de Eivissa solo habría «retocado», a lo que ahora habría que añadir estos 15 años de obligación agraria.
De este modo, ha defendido que no se puede «obligar» a nadie a ser agricultor, puesto que trabajar el campo se tendría que hacer por «vocación» y no por «coacción». Esto lo ha rematado con la reflexión de que un campo sin casas es un campo «desprotegido».
Simonet ha pedido hacer de la agricultura una actividad «rentable» pero ha planteado que «dónde se puede hacer esta agricultura si no hay tierra».

