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Nautik Interview | Mark Vanderloo, el holandés errante

La imagen de las grandes firmas de moda desde los 90 hasta hoy no solo representa un canon estético masculino, sino toda una filosofía de vida que pone el foco en la libertad y la felicidad. Navegamos con él en Ibiza.

Mark salta desde un Kumbra 43 con vaqueros de La Paz. FOTO: Félix Valiente. ESTILISMO: Chabela García

Tan carismático como atractivo, tan encantador como fotogénico: así es Mark Vanderloo (Países Bajos, 1968). Descubierto cuando estudiaba Historia en Ámsterdam, se convirtió en el icono de la belleza masculina de los 90 al ser imagen de Calvin Klein, Hugo Boss y Valentino. Nada de eso parece importarle cuando canturrea «¡Yo no soy marinero, soy capitán!» a bordo del impresionante Kumbra 43 en el que realizamos tanto la sesión de fotos como esta entrevista, en aguas de Ibiza.

¿Qué significa para ti el mar?

El mar es libertad. Soy holandés. Hay nacionalidades que son agua y fuego, pero nosotros somos agua y agua. Los holandeses aprendemos a nadar desde muy pequeños.

Lo tenemos en la sangre. Les robábamos a los españoles el oro de los galeones. Somos grandes piratas, aunque ahora mismo parecemos más sofisticados (risas).

¿Cuál ha sido tu última travesía?

Este verano estuve en Grecia con tres amigos, haciendo un curso de una semana en catamarán para aprender navegación nocturna. Me recordó mucho a un viaje que hice por África el año pasado: todo es llano, no hay caminos marcados y tampoco hay cobertura de móvil. Por suerte, tanto en África como en el mar, el GPS sí funciona y no hace falta orientarse por las estrellas.

¿Y cuál será la próxima?

Uno de los amigos con los que hice el curso en Grecia quiere que el año que viene cojamos un catamarán y viajemos solos desde el Caribe a Europa. El tema es que es una travesía transatlántica de cuatro meses. No te puedes mover, ¡imagínatelo! Yo soy un chico que siempre necesita moverse. Si cuando llevo dos días en una ciudad ya pienso: “¿Dónde está el siguiente vuelo?”, estando atrapado en un barco, sin helicóptero, ¿adónde me voy?

Según Herman Melville, “la meditación y el agua están emparejadas para siempre”. ¿Sientes que cuando navegas te fluyen mejor las ideas?

En mi cabeza nunca fluyen las ideas, es un colapso (risas). En el viaje a África fue distinto: conduces durante cinco o seis horas sin ver a nadie, solo desierto. Ahí sí fluyen las ideas. Supongo que, si hago ese viaje transatlántico, cuando no haya nada más que hacer ni que pensar, a lo mejor por fin consigo hacer limpieza de cabeza.

Según otro escritor, Terenci Moix, el de la belleza era un don amargo. ¿Estás de acuerdo?

Yo nunca he escuchado eso. No lo he encontrado todavía, tengo que seguir buscando el lado amargo (risas). La búsqueda no ha terminado.

La entrevista y la sesión de fotos, al completo en el número 8 de Nautik, ya a la venta.

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