
PALMA, 9 (EUROPA PRESS)
Un estudio de la Universitat de les Illes Balears (UIB) y la Universidad Carlos III ha constatado que la crisis económica de 2008 dejó en los jóvenes «cicatrices laborales» que pueden durar toda la vida y advierte que empezar a trabajar durante una recesión puede reducir los ingresos acumulados a lo largo de la vida laboral entre un 8 y un 12 por ciento.
La investigación, con la participación del profesor titular laboral del Departamento de Economía Aplicada Ismael Gálvez, ha analizado cómo la crisis afectó a las trayectorias laborales de los jóvenes en España.
Los resultados indican que empezar a trabajar en un periodo de crisis puede reducir los ingresos acumulados a lo largo de la vida laboral entre un 8 y un 12 por ciento, según el nivel educativo.
La investigación estudia los mecanismos que explican por qué determinadas generaciones arrastran efectos negativos mucho después que la economía se haya recuperado. España constituye un caso especialmente relevante, puesto que la tasa de paro juvenil se disparó después del 2008 y el mercado laboral se caracteriza por una elevada presencia de contratos temporales entre los trabajadores más jóvenes.
REDUCCIÓN DE LOS INGRESOS
Los investigadores concluyen que los hombres con menor nivel educativo que entraron en el mercado laboral el 2008 fueron los más perjudicados.
Según las estimaciones, sus ingresos a lo largo de toda la vida laboral se reducen aproximadamente un 12 por ciento en comparación con los de una generación que hubiese iniciado su carrera en una etapa de bonanza económica.
Los titulados de educación secundaria sufren pérdidas próximas al 9 por ciento, mientras que las de los universitarios se sitúan alrededor del 8 por ciento.
Una de las claves de este fenómeno es la combinación entre la temporalidad y la acumulación de experiencia profesional. Los jóvenes suelen empezar su carrera con contratos temporales, más vulnerables a los despidos durante las recesiones.
Cuando pierden el trabajo en un contexto de crisis, pasan más tiempo en el paro, acumulan menos experiencia y desarrollan menos habilidades profesionales. Este retraso inicial continúa teniendo efectos muchos años después, aunque la economía se recupere, han explicado.
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores utilizaron datos administrativos de la Seguridad Social española correspondientes a millones de trayectorias laborales y desarrollaron un modelo estadístico capaz de reproducir la evolución de la ocupación, los salarios y las transiciones entre diferentes situaciones laborales.
Este enfoque les ha permitido estimar no solo las consecuencias observadas durante los primeros años después de la crisis, sino también sus efectos a lo largo de toda la vida laboral.
CONSECUENCIAS PERSISTENTES
Según ha destacado Gálvez, los resultados muestran que las dificultades laborales sufridas a comienzos de la vida profesional pueden tener consecuencias persistentes durante décadas.
«Esto pone de manifiesto la importancia de las políticas que faciliten la inserción laboral de los jóvenes durante las recesiones y eviten que una generación entera arrastre los efectos de una crisis económica durante toda su carrera», ha explicado.
El estudio también señala que el impacto de la pandemia de la COVID-19 fue considerablemente menor que el de la crisis del 2008, principalmente porque la recuperación del mercado laboral fue mucho más rápida.
En conjunto, los resultados evidencian que el contexto económico en que una persona inicia su vida laboral puede condicionar de manera profunda sus oportunidades futuras, y refuerzan la necesidad de diseñar políticas que protejan especialmente a los jóvenes en periodos de recesión.

