En un artículo publicado este jueves en la web del banco central chino, la institución reconoce que el tipo de cambio del yuan ha sido objeto de gran atención por su impacto en los mercados financieros y señala que el debate «se ha intensificado recientemente».
En este sentido, recuerda que China ha adoptado un régimen de tipo de cambio flotante administrado, basado en la oferta y la demanda del mercado, con referencia a una cesta de divisas, por lo que las fuerzas del mercado desempeñan un papel decisivo en la determinación del tipo de cambio del yuan, que ha fluctuado en ambos sentidos durante las últimas dos décadas, experimentando varios ciclos de apreciación y depreciación desde 2010.
De este modo, la entidad sostiene que el crecimiento comercial de China se debe a su creciente competitividad industrial en el mercado global, después de cuatro décadas de reforma y apertura, respaldadas por un mercado enorme, una cadena industrial completa y un ecosistema de infraestructuras, abundantes recursos laborales altamente cualificados, así como una capacidad sostenida de I+D e innovación.
«La evidencia empírica no sugiere que la apreciación del yuan en el pasado haya afectado negativamente la expansión comercial de China, ni que la depreciación haya contribuido a un aumento de las exportaciones», afirma la institución monetaria.
Sobre esta cuestión, si bien el yuan se fortaleció frente al dólar un 21% entre 2005 y 2008, un 10% entre 2010 y 2014, y un 9% entre 2020 y 2021, el Banco Popular de China recuerda que la participación de China en las exportaciones mundiales aumentó 2,4, 2,8 y 1,7 puntos porcentuales en el período correspondiente, mientras que su participación disminuyó en 2016 y 2022, a pesar de que la moneda china se depreció frente al dólar estadounidense.
Por otro lado, considera que, en los últimos años, el comercio de China se ha vuelto significativamente menos sensible a las fluctuaciones del tipo de cambio, lo que representa un importante cambio estructural, ya que las exportaciones chinas han evolucionado desde productos de gama baja intensivos en mano de obra a una gama diversificada de productos de gama media y alta.
«Los exportadores chinos ya no son meros tomadores de precios. Ahora están profundamente integrados en las cadenas de suministro globales y pueden compartir los costes de las fluctuaciones del tipo de cambio con las empresas proveedoras y distribuidoras», explica.
«China es un país responsable. Nunca ha recurrido a la devaluación competitiva de la moneda ni a la depreciación del yuan para impulsar las exportaciones y contrarrestar fuertes crisis externas en el pasado», asegura la entidad, recordando que, durante la crisis financiera mundial de 2008, muchas monedas cayeron bruscamente frente al dólar, pero el yuan se mantuvo relativamente estable.
Asimismo, en los últimos años, si bien la mayoría de las monedas distintas del dólar sufrieron una considerable presión bajista como resultado de la guerra comercial y en respuesta a las agresivas subidas de tipos de interés de la Reserva Federal, el Banco Popular de China (PBOC) ha realizado grandes esfuerzos para evitar una depreciación excesiva del yuan mediante la adopción de diversas medidas macroprudenciales.
Por otro lado, dado el enorme tamaño del mercado global de divisas actual, el Banco Popular de China cree que resulta muy difícil llevar a cabo una intervención sostenida en el mercado y lograr un impacto significativo, por lo que ningún banco central puede afectar la tendencia subyacente del tipo de cambio, ni ningún país puede mejorar su competitividad comercial mediante una devaluación sostenida de su moneda.

